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Exposición de Biblias en el CAMPUS: un legado vivo ante 240 visitantes

En el pulso sereno de la primavera, cuando la luz parece subrayar el valor de cada palabra, los días 23 y 26 de abril se convirtieron en una invitación a redescubrir el texto que, generación tras generación, sigue latiendo en la historia humana: la Biblia. La Biblioteca del CAMPUS (CRAI) abrió sus puertas a la exposición de Biblias de la colección Armenteros-Sánchez73 ejemplares—, configurando un espacio donde la memoria, la fe y la cultura dialogaron con naturalidad.

El 23 de abril, coincidiendo con el Día del Libro, el flujo constante de visitantes —194 alumnos y una decena de padres— transformó la biblioteca en un lugar de tránsito. No se trataba solo de observar libros antiguos o curiosos, sino de detenerse ante un legado que ha acompañado a la humanidad en sus preguntas más profundas. El 26 de abril, en torno a 50 padres acudieron nuevamente, prolongando esa experiencia de transmisión que trasciende lo meramente académico.

Un itinerario por la historia de la Escritura

La colección expuesta ofrecía un auténtico recorrido por la historia de la Escritura. Por un lado, facsímiles de manuscritos bíblicos que evocaban la fidelidad paciente de quienes preservaron el texto, y versiones antiguas que hablaban de contextos y lenguajes ya lejanos. Biblias en español, tanto de equivalencia formal —muy cercanas al original pero difíciles de entender— como de equivalencia dinámica —menos literales pero muy accesibles—, reflejando el delicado equilibrio entre precisión y comprensión.

Junto a ellas, ejemplares en diversos idiomas —japonés, coreano, alemán, wichí, toba del oeste, jémer, euskera— evidenciaban la vocación universal del mensaje bíblico. Y Biblias con comentarios y ediciones especiales, como un singular Nuevo Testamento para surfistas, recordaban que la Palabra no permanece estática, sino que busca encarnarse en cada cultura y generación.

Sorpresa, admiración y un anhelo silencioso

El impacto de la exposición fue notable. Los comentarios de alumnos y padres, marcados por la sorpresa y la admiración, confirmaron que la Escritura sigue despertando interés genuino incluso en contextos donde podría suponerse lejana. Merece un reconocimiento especial el pastor Gabriel Díaz, cuya generosa donación de 200 libros permitió que muchos estudiantes se llevaran consigo un recuerdo tangible de esta experiencia.

Entre las múltiples impresiones recogidas, una anécdota destacó por su fuerza silenciosa: varios alumnos no adventistas expresaron su deseo de tener una Biblia, confesando que en sus hogares no disponían de ninguna. Ese anhelo, sencillo pero profundo, revela una necesidad que permanece vigente.

El Libro de los libros, una presencia viva

Así, más allá de vitrinas y páginas, la exposición dejó una convicción renovada: la Biblia no es solo un libro del pasado, sino una presencia viva. Sigue siendo, en medio del ruido contemporáneo, el Libro de los libros.

 

Imagenes por Liz Possmoser y Victor Armenteros

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Revista Adventista de España
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