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¿Somos mejores que ellos? …..

«¡De ninguna manera! – responde Pablo – pues ya hemos demostrado que todos, tanto judíos como griegos, están bajo pecado» (Rom. 3: 9).

Me encanta el estilo dialéctico de Pablo. En la pregunta ya está implícita la respuesta. Los judíos no son mejores que los gentiles. Y, dicho sea de paso, los adventistas no somos mejores que los evangélicos o los católicos. De esto último quiero escribir.

Bueno sólo hay uno

Partimos de algo muy básico: Bueno sólo hay uno: Dios. Los seres humanos no nos dividimos de forma natural en buenos y malos, puesto que ser lo primero es una gracia y ser lo segundo una condición. La Biblia es clara cuando enseña que sólo los que permanecen en Jesús pueden llegar a participar de la naturaleza divina, a través de la acción del Espíritu Santo.

El apóstol Juan no se cansa de recordarnos la necesidad que tenemos de persistir en una relación íntima con Aquel que nos salva de nuestra miserable condición humana. En su evangelio, escribe de parte del Señor: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Juan 15: 4). Más tarde, en palabras del propio Jesús oímos: «Permaneced en mi amor» (vers. 9).

¿A quién dirigió Jesús estas palabras? ¿Solo a los adventistas? Permitid que imite a Pablo: ¡De ninguna manera! Jesús habla a todos aquellos que estén dispuestos a permanecer en su amor, que es lo que realmente nos convierte en discípulos. Esto incluye a los adventistas que quieran aceptar tal condición y no solo profesen una religión. Jesús estableció que la razón por la que el mundo conocerá que somos sus discípulos es si tenemos amor los unos por los otros. (Juan 13: 35).

Ovejas en otros rebaños

A los que miramos al mundo desde una definición teológica y una barrera denominacional, nos conviene recordar que Jesús dijo: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; a ésas también debo atraer y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor» (Juan 10: 16). El apóstol Pablo amplia este pensamiento cuando escribe a los creyentes de Éfeso: «Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos» (Efe. 4: 1-6).

¿Qué nos ayudará a vivir esa unidad por la que tanto oró Jesús? ¿Será que solo nos pide que nos llevemos bien entre nosotros y descuidemos el amor que merecen aquellos que piensan diferente a nosotros? ¡De ninguna manera!

El mundo creerá en el mensaje del Evangelio cuando los cristianos se amen y cuando «sean perfectos en unidad« (Juan 17: 23). Por si quedan dudas y, siguiendo con el modelo de Pablo, pregunto: ¿Estoy hablando de ecumenismo? ¿Que no importa lo que uno cree, que lo importante es llevarnos bien? ¡De ninguna manera!

Respeto no es ecumenismo

No hablo de ecumenismo, en el sentido de buscar la unidad de los cristianos a cualquier precio. Porque hay un precio que no conviene pagar: el de traicionar la conciencia iluminada por el Espíritu. De lo que estoy hablando es de diálogo, respeto, actitud cristiana y finalmente amor por los que piensan o creen de forma distinta. ¿Cómo podemos compartir el evangelio maravilloso de Cristo si seguimos empeñados en levantar paredes a nuestro alrededor?

El principio básico es que «Dios no favorece a unas personas más que a otras» (Rom. 2: 11) y, por lo tanto, hemos de ser conscientes en todo momento que «todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, pero somos justificados gratuitamente por su gracia» (Rom. 3: 23-24).

Dicho esto, uno se pregunta ¿cómo llegaremos a esa unidad de la que habla el Evangelio, si no somos capaces de llevarnos bien los que vamos a la misma iglesia?, ¿cómo amaremos a los cristianos sinceros y verdaderos que encontramos en otras denominaciones?

No debemos cercar el camino (E.G.W.)

En el libro Obreros Evangélicos, de Elena White, tenemos un capítulo titulado No debemos cercar el camino. Los consejos allí escritos son importantísimos en esta era global donde los videos se viralizan y las opiniones absurdas se difunden sin control. Os comparto lo esencial de dicho capítulo que os animo a leer con corazones humildes y en profunda actitud de reflexión y oración:

«Que aquellos que escriben para nuestros periódicos no hagan alusiones mordaces que producirían ciertamente daño, y que obstruirían el camino y nos impedirían hacer la obra que debemos hacer para alcanzar a todas las clases, inclusive los católicos. Es obra nuestra decir la verdad con amor… Todas las alusiones mordaces volverán contra nosotros en doble medida cuando el poder esté en las manos de los que puedan ejercerlo para perjudicarnos.

Una y otra vez me ha sido dado el mensaje de que no debemos decir una palabra, no debemos publicar una frase, especialmente acerca de personalidades que hayan de incitar a nuestros enemigos contra nosotros y enardecer sus pasiones. Nuestra obra estará pronto terminada; y pronto nos sobrecogerá el tiempo de angustia, cual no lo hubo nunca antes y del que tenemos poca idea.

Representantes de Cristo

El Señor quiere que sus obreros lo representen a Él… La manifestación de un carácter duro produce siempre daño. Los atributos esenciales para la vida cristiana deben ser aprendidos diariamente en la escuela de Cristo.

El que es negligente y descuidado al pronunciar o escribir palabras que serán publicadas y propaladas por el mundo, y profiere expresiones que nunca podrán ser retiradas, se está descalificando para llevar la responsabilidad de la obra sagrada que incumbe a los discípulos de Cristo en este tiempo. Los que acostumbran lanzar duras estocadas, están formando hábitos que se fortalecerán con la repetición, y de los cuales tendrán que arrepentirse. Debemos examinar cuidadosamente nuestros modales y nuestro espíritu, y ver de qué manera estamos haciendo la obra que Dios nos ha dado, una obra que entraña el destino de las almas. Descansa sobre nosotros la más suprema obligación.

Satanás está listo, y … toda palabra imprudente pronunciada por nuestros hermanos será atesorada por el príncipe de las tinieblas. ¿Cómo osan los seres humanos finitos pronunciar palabras descuidadas y atrevidas que incitarán a las potestades del infierno contra los santos de Dios, cuando Miguel el arcángel no se atrevió a maldecir a Satanás, y se contentó con decir: “Jehová te reprenda”?

Nos será imposible evitar las dificultades y los sufrimientos… Pero no porque haya de haber escándalos, debemos excitar el temperamento natural de los que no aman la verdad, por palabras imprudentes y por la manifestación de un espíritu desprovisto de bondad.

Con ternura compasiva

La verdad preciosa debe ser presentada con su fuerza natural. Se han de desenmascarar los errores engañosos que están muy difundidos, y que tienen cautivo al mundo. Se está haciendo todo esfuerzo posible para entrampar a las almas con sutiles razonamientos, para desviarlas de la verdad a las fábulas, y prepararlas para ser engañadas por fuertes seducciones. Pero, aunque estas almas engañadas se aparten de la verdad al error, no les habléis una palabra de censura. Tratad de mostrarles su peligro, y de revelarles cuán penosa es para Jesucristo su conducta; pero sea hecho esto con ternura compasiva.

Trabajando de la debida manera, algunas de las almas que están entrampadas por Satanás podrán ser arrebatadas de su poder. Pero no las inculpemos ni condenemos. El ridiculizar las ideas de los que están en error, no abrirá sus ojos ciegos, ni los atraerá a la verdad.

Cuando los hombres pierden de vista el ejemplo de Cristo, y no imitan su manera de enseñar, se engríen, y salen a hacer frente a Satanás con sus propias armas. El enemigo sabe muy bien cómo volver sus armas contra los que las usan.

Si hubo alguna vez un pueblo que necesitaba andar en humildad delante de Dios, es su iglesia, sus escogidos en esta generación… No tenemos nada de qué jactarnos. Agraviamos al Señor Jesucristo por nuestra dureza, por nuestras expresiones hirientes tan contrarias al espíritu de Cristo.

No juzguéis, para que no seáis juzgados

Es cierto que se nos ordena: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión y a la casa de Jacob su pecado” (Isa. 58: 1). Este mensaje debe ser dado; pero debemos tener cuidado de no herir, lastimar y condenar a los que no tienen la luz que nosotros tenemos. No debemos perder la línea y lanzar estocadas duras contra los católicos. Entre los católicos hay muchos que son cristianos muy concienzudos, y que andan en toda la luz que resplandece sobre ellos; y Dios obrará en favor suyo.

Los que han tenido grandes privilegios y oportunidades, pero que dejaron de mejorar sus facultades físicas, mentales y morales, y vivieron para agradarse a sí mismos, negándose a llevar su responsabilidad, están en mayor peligro y condenación delante de Dios que los que yerran en puntos de doctrina, y sin embargo, tratan de vivir para hacer bien a otros.

No censuremos a los demás; no los condenemos. Si permitimos que consideraciones egoístas, falsos razonamientos y excusas nos induzcan a un perverso estado de la mente y el corazón, seremos mucho más culpables que el que peca abiertamente. Necesitamos ser muy precavidos para no condenar a los que, delante de Dios, son menos culpables que nosotros» (OE, págs. 342-344).

Termino con las palabras de Jesús: «No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá» (Mat. 7: 1-2).

Dios nos bendiga.

Autor: Óscar López, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
Imagen: Photo by Ben White on Unsplash 

 

2 comentarios

  • CPiF dice:

    Cómo es entonces posible que un tal Juan Surroca, insulte y menosprecie siendo pastor, o representante de la iglesia?

    • Esther Azón. Revista Adventista dice:

      Estimado CPiF: Precisamente aconsejamos, tal como indica la Biblia y fue el comportamiento de Cristo, ejercer siempre el respeto y el amor al prójimo. Que nuestras palabras y acciones no sean nunca ofensivas, sino que seamos los representantes del Maestro en todo.
      En cuanto a la persona que usted menciona, no representa a la iglesia adventista y no ejerce como pastor.
      Entendemos que el consejo bíblico y el espíritu que guió a Ellen G. White nos empuja a la excelencia y desde la Revista Adventista animamos y exhortamos a expresar nuestra fe con todo respeto y cariño. Bendiciones.