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nubes sin agua«Nubes sin agua» es una expresión que usa Judas, autor del penúltimo libro de la Biblia. Un libro pequeño escrito por alguien que define a sus hermanos de iglesia como «amados» y que pretende «exhortaros a que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos» (v.3).

Intuyo que este Judas era el hermano de Jesús. Probablemente le había costado creer, pero acabó convencido de que el pequeño Jesús era, ni más ni menos, el Hijo de Dios.

Ahora es pastor. Escribe a su iglesia y lo hace preocupado por la influencia que «algunos hombres que han entrado encubiertamente» puedan tener en la iglesia.

Cada época ha tenido sus propios hombres que centran su atención en la iglesia. Los conocemos porque, como bien dice Judas, «estos son los que causan divisiones, viven sensualmente y no tienen el Espíritu» (v.19). No todos son iguales ni tienen las mismas intenciones, pero todos causan los mismos efectos.

Pues bien, Judas escribe tiempo después de la ascensión de Jesús. No es un profeta confuso del Antiguo Testamento. Es el Espíritu el que guía su mente para escribir lo que escribe. Las circunstancias le han «hecho necesario» escribir.

Es lo que pasa… según que voces se levantan en la iglesia, habrá que hablar. Porque el Espíritu sigue usando a personas que queremos dejarnos usar. Eso sí, bajo la premisa de que toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para rebatir, corregir e instruir.

¿Todo el mundo se salvará?

Y entonces vienen los que dicen que al final todo el mundo se salvará. Y lo hacen bajo la hermosa (pero incorrecta) premisa que Jesús no vino para condenar, sino para salvar. Olvidan que Jesús no vino a anular lo que los profetas habían dicho, sino a confirmar sus enseñanzas. No recuerdan que él habló de una resurrección para vida eterna y otra para condenación perpetua. Olvidan que él afirmó que habría ovejas y cabritos. A unos se les dirá: «venid» y a los otros se les ordenará: «apartaos de mí».

Llega Judas y dice: «Quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido…» (v.5).
Es difícil convencer a alguien con argumentos. Solo el Espíritu puede hacerlo, pero Judas apela al conocimiento que de la Escritura un día tuvieron quienes ahora, por lo que sea, aceptan nuevas verdades que ni son nuevas ni tampoco son verdad.

Quiero recordaros… que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. A los ángeles que no guardaron su dignidad… los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día. También Sodoma y Gomorra… fueron puestas, por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno. (v.5-7).

Judas es claro. Hay quien dice que los profetas antiguos escribieron limitados por su propia visión de Dios, pero Judas escribe después de haber estado con Jesús y, al igual que los profetas, inspirado por el Espíritu Santo. Él apela a lo que fue escrito: «De estos (hombres) también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: “Vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”» (v.14-15).

Lo dicho, hay teologías que, por atractivas que sean, no dejan de ser … nubes sin agua. «Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo» (v. 17).

Así sea.

Autor: Óscar López, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

 

Revista Adventista de España