Espiritual

La figura central del Apocalipsis

“La revelación de Jesucristo, la que Dios le dio para confiar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”…

“La revelación de Jesucristo, la que Dios le dio para confiar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (Apoc. 1: 1, la cursiva es del autor.

En el idioma griego, en el cual nos llegó el Apocalipsis, la expresión “la revelación de Jesucristo” puede significar dos cosas: La revelación dada a Juan por Jesucristo, y la revelación dada a Juan acerca de Jesucristo.[1] En el primer caso, Jesucristo es el sujeto de la revelación, quien tomó la iniciativa de revelar. En el segundo, Jesucristo es el objeto, el contenido, la esencia, la razón de ser de la revelación dada a Juan para los creyentes. De hecho, no menos de 120 de los 404 versículos del Apocalipsis, uno de cada tres, tienen a Jesucristo como su principal protagonista. Por otra parte, los treinta y tres títulos dados a Cristo en el libro destacando su deidad, su omnipotencia y su omnisciencia en un plano de igualdad con el Padre y el Espíritu Santo dan cuenta de ello.

En vista de que Juan demuestra en su evangelio y en sus tres cartas su habilidad en el uso de palabras y expresiones que significan varias cosas a la vez, no sería extraño que haya querido aquí también “matar dos pájaros de un tiro”, como suele decirse. En otras palabras, parece que desde el comienzo mismo de su carta circular a las siete iglesias Juan quiere dejar en claro a sus lectores que Jesucristo es tanto el originador del Apocalipsis (cf. 1 Ped. 1: 11) como la esencia de su contenido y su protagonista principal (véase Mat. 5: 17; Luc. 24: 25-27; Juan 1: 16-18; 5: 39; Rom. 10: 4; 1 Ped. 1: 10, 11). Me gusta en ese sentido el título que el autor Roy C. Naden le dio a su libro acerca del Apocalipsis: El Cordero en medio de las bestias: Un comentario cristológico del Apocalipsis de Juan.[2] Demasiado a menudo las bestias del zoológico simbólico de Juan nos han distraído de quien ocupa el centro del escenario, del Domador de las bestias.

En el ambiente cultural de los escritores bíblicos, cuando algo era muy importante lo destacaban colocándolo al comienzo mismo de sus escritos. No querían correr riesgo alguno de que sus lectores buscaran la clave y la esencia del mensaje en el lugar equivocado. Por eso la expresión de Jesucristo aparece en el primer versículo del primer capítulo del libro.

Una oración para hoy: Señor, ayúdame a no perder de vista que Tú eres el autor y el actor principal del Apocalipsis, que Tú eres el único que puede ayudarme a interpretarlo correctamente. Puesto que has sido, además, el Autor de mi existencia, quiero que seas también el director y el actor principal de mi vida hoy, para que cuando los demás me miren no me vean a mí sino a ti en todo lo que diga haga. Amén.

 

[1]Los especialistas en gramática griega llaman a este fenómeno idiomático “genitivo abarcante” (plenary genitive en inglés). Véase al respecto, por ejemplo, Daniel B. Wallace, Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 1996], 120-121; Max Zerwick, El griego del Nuevo Testamento, 4 ed. (Estella, Navarra: Verbo Divino, 2006], 34-35.

[2]Roy C. Naden, The Lamb among the beasts: A Christological commentary on the Revelation of John that unlocks the meaning of its many numbers (Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 1996).

 

Autor: Hugo Cotro. Pastor, doctor en Teología y docente universitario. Actualmente ejerce su ministerio como profesor en la Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Rep. Argentina.

Foto: Colin Carey en Unsplash