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Lección 13 para el 30 de marzo de 2024: ¡ESPERA EN EL SEÑOR!

La esperanza es lo que nos mantiene en pie cuando ya no nos quedan fuerzas.

En este mundo hundido en el pecado y la miseria no existe esperanza de una vida mejor, libre de enfermedad, dolor y muerte. Esto es así porque solo Dios tiene poder para eliminar el pecado, que es la raíz de todos estos males.

Por ello, los salmistas nos animan a esperar. Esperar durante esta noche de aflicción en la que vivimos, hasta que llegue la mañana gloriosa, cuando «ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Apocalipsis 21:4).

  • Esperar en el Señor.

    • Nuestra vida está repleta de pequeñas o grandes esperas. Esperamos el nacimiento de un bebé, el resultado de un examen, la curación de una enfermedad…
    • Sin embargo, la espera en el Señor es una espera positiva. Esperar en Dios tendrá como resultado seguro una vida feliz, libre del pecado.
    • Pero esta espera implica perseverancia. La espera es larga, pero no debemos sucumbir a la desesperación (Habacuc 2:3).
    • No esperamos solos. Toda la Creación espera ansiosa nuestra liberación (Romanos 8:18-25). No es una espera pasiva, sino activa. Debemos anhelarla, y esforzarnos por retenerla (Salmos 63:1; 27:14).
  • Esperar con humildad (Salmo 131).

    • David, el autor del salmo 131, fue ungido como futuro rey cuando era un humilde pastor. Derrotó a un gigante, ganó mil batallas, y fue aclamado finalmente como rey sobre Israel.
    • A pesar de su paulatino ascenso, David retuvo su humildad. No intentó tomar para sí honores que Dios no le hubiese otorgado, aun cuando las circunstancias parecieran favorables (1ª Isaías 24:6).
    • Se sentía como un «niño destetado» ante el Señor. El destete espontáneo surge en un niño entre los 2 y los 7 años. Consciente de su debilidad e ignorancia, el niño busca aún los tiernos brazos de su madre para encontrar consuelo y protección en ellos.
    • De igual manera, se nos invita a ser como ese pequeño niño, esperando, confiada y humildemente en los brazos eternos de nuestro Padre (Mateo 18:3; Deuteronomio 33:27; Salmos 131:3).
  • Esperar en tiempos difíciles (Salmo 126).

    • El contexto en el que se escribió el Salmo 126 es muy poco alentador: Israel estaba cautivo en Babilonia, mientras Jerusalén y el Templo estaban destruidos.
    • Sin embargo, el salmista canta: «Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres» (Salmos 126:3).
    • ¿Alegres en la cautividad? ¿Alegres en el dolor? ¿Podemos hoy estar alegres en un mundo cautivo bajo el pecado?
    • Sí, alegres. Alegres porque no ponemos la mirada en el sufrimiento actual. Nuestra mirada vuelve hacia atrás para observar las grandes cosas que Dios ha hecho.
    • Entonces, miraremos hacia el futuro con alegría. Cuando Jesús venga, el llanto se trocará en regocijo. «Seremos como los que sueñan» (Salmos 126:1).
  • Esperar la Redención (Salmo 92).

    • En el sobrescrito del Salmo 92 podemos leer: «Cántico para el sábado». Podemos encontrar en él los dos aspectos del sábado: la Creación y la Redención.
    • Nos gozamos en la contemplación de lo que Dios ha creado (Salmos 92:4-5). Pero muchos no aceptan al Creador, ni la redención que ofrece (Sal. 92:6-7).
    • Los que aceptamos al Salvador seremos creados de nuevo. Como palmeras, floreceremos, fructificaremos, seremos vigorosos (Salmos 92:12-14).
    • Cada sábado renovamos nuestra esperanza de dos maneras:
      • Somos “ungidos” (Salmo 92:10). Aquí se usa una palabra especial referida al aceite que se mezcla con el sacrificio (Levítico 2:5). Somos sacrificio para Dios (Romanos 12:1).
      • Compartimos con otros nuestra esperanza (Salmo 92:15).
  • Esperar la mañana gloriosa (Salmo 143).

    • La mañana pondrá fin a la noche de desesperación y angustia (Salmos 130:5-6; 30:5b).
    • Pedro nos anima a confiar en la Palabra de Dios para que nos guíe hasta que claree la mañana (2ª de Pedro 1:19). ¿Pero cuándo llegará la mañana?
    • Jesús es «la estrella resplandeciente de la mañana» (Apocalipsis 22:16). Cuando Él venga, «No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará» (Apocalipsis 22:5). La espera merece la pena.

Para meditar:

«Estamos esperando la segunda venida de Cristo. Nuestra esperanza de su pronto regreso en las nubes del cielo con poder y gran gloria llena nuestros corazones de gozo. Cuando el Salvador regrese, aquellos que estén preparados para encontrarlo exclamarán: “¡He aquí, este es nuestro Dios! Lo hemos esperado, y nos salvará. ¡Este es Jehová, a quien hemos esperado! Nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25: 9).

»Una corona de vida que no se marchita está reservada en el cielo para los redimidos, que en el cielo serán reyes y sacerdotes de Dios. Esa es la esperanza que está ante nosotros. ¡Qué gran esperanza es esa! ¡Ojalá que todos puedan estar listos para la venida de Cristo! ¡Que Dios nos conceda ser parte de los vencedores!» (Elena G. White, Sermones escogidos, tomo 2, pg. 228).

Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática

Revista Adventista de España