Espiritual

Escuela Sabática de adultos: Un paso de fe

Después de descender el Espíritu Santo, cuando los discípulos salieron a proclamar al Salvador, su único deseo era la salvación de las almas.

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Después de descender el Espíritu Santo, cuando los discípulos salieron a proclamar al Salvador, su único deseo era la salvación de las almas.

Lección 13 para el 26 de septiembre de 2020

Para descubrir el gozo de participar en la misión y hacer amigos para Jesús necesitamos dar un paso de fe.

Con su ejemplo, Jesús nos mostró el camino a seguir. Un camino que otros han recorrido ya.

El gozo no está solo en la recompensa final, sino también a lo largo del camino: el gozo de ver cómo otros aceptan a Jesús como su Salvador personal.

  • Marcando el paso: Jesús.

    • A pesar de ser igual a Dios, Jesús decidió “vaciarse” de su dignidad, abandonar su puesto en el Cielo como Rey del Universo, y tomar forma humana (Fil. 2:5-7).
    • Ni siquiera nació como un hombre eminente, sino como un humilde servidor. Y aún dio un paso más allá: su sometimiento a la voluntad de Dios le llevó a la muerte en la cruz por amor a nosotros (Fil. 2:8).
    • Por este amor abnegado, Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9). Pero su mayor alegría no fue la exaltación obtenida (o mejor dicho, recuperada), sino que “verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Is. 53:11).
    • Al seguir los pasos de fe de Jesús, nuestra mayor alegría será ver almas que entregan su vida al Salvador y, al fin, compartir la vida eterna con Jesús.
  • Primeros pasos: Pedro, Juan y Mateo.

    • Después de haber seguido por algún tiempo a Jesús, Andrés, Pedro, Juan y Jacobo fueron llamados a seguirle “a tiempo completo”. Jesús les invitó a dejar de pescar peces y convertirse en “pescadores de hombres” (Mt. 4:19).
    • Otro hombre que fue llamado a dejar todo por Jesús fue Leví Mateo. Jesús sabía el anhelo de su corazón y lo llamó a dejar atrás una vida cómoda, pero poco satisfactoria, por una vida con propósito y llena de satisfacciones (Mateo 9:9).
    • Nosotros también queremos vivir para algo que valga la pena, para un propósito más grandioso y noble. Por lo tanto, respondamos al llamado de Cristo a seguirlo.
  • Llegar a la meta: Pablo.

    • Saulo (Pablo) es un ejemplo más de aquellos que nadie, excepto Jesús, elegiría como evangelistas. ¿Cómo pudieron llegar a ser grandes predicadores un endemoniado, una samaritana, una prostituta, un recaudador de impuestos, “incultos” pescadores o un acérrimo perseguidor de cristianos?
    • La gracia de Dios transformó sus corazones y se entregaron de lleno a contar a otros las grandes maravillas que Dios había hecho en su vida.
  • Retomando el paso: ¿Me amas?

    • Jesús conocía el corazón de Pedro y sabía que, a pesar de haberle negado, seguía amándolo. Por eso, tres veces le pidió que diese testimonio público de su amor por Él (Juan 21:15-17).
    • Junto a la reconstrucción de su confianza, Jesús le dio a Pedro una misión: pastorear su iglesia y predicar el Evangelio. En definitiva, mostrar su amor en acción.
    • Puede ser que hayas fallado desesperadamente a tu Señor. Es posible que lo hayas negado por tus acciones más de una vez. La buena noticia es que la gracia todavía está disponible, y Dios aún no ha terminado contigo. Todavía hay un lugar en su obra para ti, si estás dispuesto.
  • Pasos de amor: La alegría de compartir.

    • Al restaurar a Pedro, Jesús le ofreció la alegría más grande de la vida: ver almas ganadas para el Reino de Dios.
    • Pedro comenzó a ver frutos con su primer sermón, el día de Pentecostés (Hechos 2:14-41). Demostró con acciones el amor que había testificado de palabra ante Jesús y los otros apóstoles.
    • Pero el amor y el gozo tienen un precio. Pedro daría su vida por ese amor (Juan 21:18-19). Como más tarde explicó Juan, el amor es sacrificio, sacrificio abnegado que no espera recompensa.
    • En realidad, cuando estemos en compañía de Jesús y los salvados (incluidas aquellas personas a las que llevamos a Sus pies), nada de lo que hayamos hecho en esta tierra nos parecerá un sacrificio. Valió la pena seguir a Jesús aquí.

Para meditar:

“Después que descendió el Espíritu Santo, cuando los discípulos salieron a proclamar al Salvador viviente, su único deseo era la salvación de las almas. Se regocijaban en la dulzura de la comunión con los santos. Eran compasivos, considerados, abnegados, dispuestos a hacer cualquier sacrificio por la causa de la verdad. En su asociación diaria, revelaban el amor que Cristo les había enseñado. Por medio de palabras y hechos desinteresados, se esforzaban por despertar ese sentimiento en otros corazones”. Elena G. White (Los hechos de los apóstoles, pg. 437).

Autor: Sergio Fustero, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Res ponsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen:Photo by Tyler Nix on Unsplash

 

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