Lección 9 para el 1 de diciembre de 2018.

Al aceptar la salvación ofrecida en la cruz nos unimos a Cristo en un pacto. El hombre es reconciliado con Dios y con los hombres. Las vidas son transformadas. Los creyentes se unen, dejando aparte sus diferencias, para cumplir una misión común.

  • Unidos en Cristo

    • La muerte y resurrección de Jesús nos proporcionan salvación. Al aceptarla, cada uno de nosotros se une a Cristo.
    • Al estar unidos a un Salvador común, se cumple un segundo propósito del plan de Salvación: “congregar en uno a los hijos de Dios” (Juan 11:52).
    • Cuando aceptamos públicamente a Jesús mediante el bautismo, creamos un vínculo de unión con nuestros hermanos y hermanas.
  • Unidos en la reconciliación

    • La muerte de Jesús derribó el muro de separación existente entre judíos y gentiles, reconciliando a los dos pueblos en uno solo (Efesios 2:13-16).
    • Dado que el plan de Dios es unir a todos los hijos de Dios, el ministerio de la reconciliación tiene tres facetas:
      • Con Dios.
      • Con nuestros hermanos.
      • Universal.
    • En la medida en que la iglesia cultive la unidad y la reconciliación, el universo verá la obra de la sabiduría eterna de Dios (Efesios 3:8-11).
  • Unidos en la práctica

    • Aceptar a Jesús no es un asentimiento meramente intelectual. Produce cambios prácticos en nuestra vida. Nuestros sentimientos y actitudes cambian, y se refuerza la unidad con los demás.
    • El testimonio más poderoso para el mundo es el de una vida transformada por el poder del Espíritu Santo (1ª de Pedro 2:11-12).
  • Unidos en las diferencias

    • En Romanos 14 y 15, Pablo aborda cuestiones que estaban dividiendo profundamente a la iglesia de Roma.
    • Éstas eran cuestiones relacionadas con prácticas, costumbres y problemas de conciencia. Por ejemplo, observancia de festividades, días de ayuno, abstinencia de alimentos sacrificados a ídolos, etc.
    • Al no ser temas que afecten a la salvación, Pablo aconseja tolerancia por ambas partes.
  • Unidos en la misión

    • Hasta pocos días antes de Pentecostés, los discípulos buscaban la primacía sobre los demás (Lucas 22:24). Pero, para cumplir la misión que Jesús les había dado
      (Hechos 1:8), debían dejar atrás estos pensamientos y buscar la unidad. ¿Cómo conseguirlo?
    • Acercándose a Dios en oración y ruego, se pedían perdón unos a otros. Dejaron de echarse en cara sus errores.
    • ¿Cómo podemos aprender a dejar de lado los errores de los demás, en beneficio de la causa mayor de cumplir la misión que Dios nos ha dado?

Para meditar:

Cuando el pueblo de Dios crea sin reservas en la oración de Cristo y ponga sus instrucciones en práctica en la vida diaria, habrá unidad de acción en nuestras filas. Un hermano se sentirá unido al otro por las cadenas del amor de Cristo. Sólo el Espíritu de Dios puede realizar esta unidad. El que se santificó a sí mismo puede santificar a sus discípulos. Unidos con él, estarán unidos unos a otros en la fe más santa. Cuando luchemos para obtener esta unidad como Dios desea que luchemos, nos será concedida”. Elena G. White (Consejos para la iglesia, pg. 79).

Mira la lección completa en: Punto de encuentro con la Biblia.

Para más recursos relacionados con la E.S. visita el sitio oficial: escuelasabatica.adventista.es

Resumen de Sergio Fustero, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es 

Foto: Photo by Lina Trochez on Unsplash

 

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