Espiritual

Escuela Sabática de adultos: El poder de la oración: Interceder por otros

Nuestro gran Sumo Sacerdote coloca su justicia de parte del sincero suplicante, y la oración de Cristo se une con la del ser humano que ruega.

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Nuestro gran Sumo Sacerdote coloca su justicia de parte del sincero suplicante, y la oración de Cristo se une con la del ser humano que ruega.

Lección 4 para el 25 de julio de 2020

La palabra de Dios nos aconseja: “Orad sin cesar” (1ª de Tesalonicenses 5:17). Cuando Pablo presenta la armadura del cristiano, indica que debe usarse “orando en todo tiempo”, y termina con una petición especial de oración “por mí” (Efesios 6:18-19).

Hay poder especial en la oración cuando se usa para interceder por otros, sean creyentes o incrédulos.

  • La oración intercesora:

    • Orar en medio del conflicto.

      • Vivimos inmersos en un conflicto de dimensiones cósmicas entre el bien y el mal, entre Cristo y Satanás. Cada uno militamos en uno de los dos bandos (muchas veces vacilando entre ambos).
      • Sin embargo, por parte de Cristo no existe el “servicio militar obligatorio”. Él no fuerza a nadie a seguirle. No actúa sin nuestro permiso.
      • Ahí es donde entra en acción la oración intercesora. De este modo, le damos “permiso” a Dios para intervenir en las vidas de aquellos por los que intercedemos.
      • Dios honra nuestra decisión de orar por ellos y trabaja aún más poderosamente en su favor.
    • Orar por personas específicas.

      • Jesús no confió en sus propias fuerzas para luchar contra las huestes del mal. A través de la oración, dependió de la fuerza del Omnipotente.
      • Nos dio ejemplo al orar por personas concretas, como Pedro. Sabía que Pedro no era consciente de que necesitaba ayuda especial esa noche. Por eso intercedió por él.
      • Dios nos invita a llevar a personas concretas ante su trono y dejarlas en sus manos. Debemos persistir en ello hasta ver frutos.
    • Orar por otros creyentes.

      • Cuando Pablo oraba por otros creyentes, ¿qué pedía? Él mismo lo dice en Efesios 1:17-23.
      • En otras oraciones por los creyentes, como la registrada en Filipenses 1:3-11, Pablo agradece por el crecimiento espiritual de sus hermanos y ora para que sigan avanzando y creciendo.
      • Su ejemplo nos insta a orar por nuestros hermanos y hermanas. Para fortalecerles y animarles en su vida cristiana.
    • Dios escucha la oración.

      • Preocupado por la situación de los retornados desde Babilonia a Jerusalén, Daniel afligió su alma y oró intensamente por ellos durante 21 días.
      • En el momento oportuno, Dios envió una visión al profeta afligido y le aseguró que había sido escuchado desde el primer momento.
      • Dios había estado trabajando en otras líneas de batalla para responder a su oración. Él escucha la oración intercesora, aunque a veces, no veamos resultados inmediatos.
    • Cómo orar.

      • Nuestra oración intercesora debe ser ferviente, sincera y específica.
      • Pablo oraba por personas concretas (como sus colaboradores), por iglesias específicas (como Éfeso o Filipos). Pedía oraciones para ser liberado o fortalecido en su predicación (Fil. 1:19; Col. 4:3).
      • Debemos orar por los que sabemos que aún no conocen al Salvador (Jn. 17:20); también para fortalecer a los creyentes (Ef. 3:14-16); para que Dios extienda su perdón (1Jn. 5:16); por la protección de otros en momentos difíciles (Hch. 12:12); …
      • Cuando oramos por los demás nos convertimos en un canal de bendición de Dios para ellos.

Para meditar:

“¿Qué comprende la intercesión? Es la cadena áurea que une al hombre finito con el trono del Dios infinito. El ser humano, a quien Cristo ha salvado por su muerte, importuna ante el trono de Dios, y su petición es tomada por Jesús que lo ha comprado con su propia sangre. Nuestro gran Sumo Sacerdote coloca su justicia de parte del sincero suplicante, y la oración de Cristo se une con la del ser humano que ruega”. Elena G. White (A fin de conocerle, 13 de marzo).

“Comenzad a orar por las almas; aproximaos a Cristo, colocaos más cerca de su costado sangrante. Permitid que un espíritu humilde y sereno adorne vuestras vidas, y haced que vuestras peticiones fervientes, sinceras y humildes asciendan hacia Dios en busca de sabiduría para tener éxito en la salvación no sólo de vuestra propia alma, sino también de otras almas”. Elena G. White (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pg. 449).

Autor: Sergio Fustero, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Res ponsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Photo by Diego PH on Unsplash

 

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