Espiritual

Escuela Sabática de adultos: Dios y el pacto

«No podemos cambiar nuestros corazones, pero sí podemos escoger servir a Dios. Entonces Él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad».

Tags from the story
"No podemos cambiar nuestros corazones, pero sí podemos escoger servir a Dios. Entonces Él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad".

Lección 8 para el 23 de noviembre de 2019.

Tras la lectura de la Ley, el pueblo de Israel decidió firmar un pacto ante Dios prometiendo ser fieles a Él. Estas promesas están registradas en Nehemías 10, junto a los nombres de los que firmaron el pacto. Este pacto está englobado en el pacto eterno “firmado” entre Dios y la humanidad.

El pacto eterno:

  • ¿Por qué hacer un pacto?

    • En el momento en que el hombre pecó, Dios hizo un pacto con él (Génesis 3:15).
    • El pecado había roto la relación existente entre el Creador y sus criaturas, y Dios se comprometió a restaurar esa relación.
    • Desde el principio, la humanidad quedó dividida entre los que deseaban unirse a este pacto y restaurar su relación con Dios, y aquellos que lo rechazaron.
    • A pesar de la maldad del hombre, Dios nunca ha renunciado a su deseo de restablecer su relación con él, renovando repetidas veces su pacto eterno.
  • ¿Pacto o pactos?

    • Tras el diluvio, Dios hizo pacto con Abraham y lo ratificó a Isaac y a Jacob (Génesis 17:1-8, 19; 1ª de Crónicas 16:16-17; Gálatas 3:17).
    • En Sinaí, Dios hizo pacto con el pueblo de Israel (Éxodo 19-24). Este “antiguo pacto” (2ª de Corintios 3:14) evolucionó al incluir una mención específica a la casa de David (Isaías 55:3).
    • Finalmente, Dios prometió hacer un “nuevo pacto” (Jeremías 31:33-34). Pero todos estos pactos son distintas fases de un único pacto eterno, que incluye los siguientes componentes:
      • Santificación (Jeremías 31:33a).
      • Reconciliación (Jeremías 31:33b).
      • Misión (Jeremías 31:34a).
      • Justificación (Jeremías 31:34b).
  • ¿Qué partes tiene un pacto?

    • La redacción de un pacto en la antigüedad tenía diversas partes, que podemos distinguir fácilmente en la redacción del libro del pacto (Deuteronomio) y del pacto de Josué con el pueblo.
      • Preámbulo (Dt. 1:1-5; Jos. 24:2).
      • Prólogo histórico (Dt. 1:6-4 – 4:43; Jos. 24:2-13).
      • Cláusulas o leyes (Dt. 4:44 – 26:19; Jos. 24:14-15, 23).
      • Bendiciones y maldiciones (Dt. 27-30; Jos. 24:19-20).
      • Testigos (Dt. 30:19; Jos. 24:22, 27).
      • Cláusula especial (Dt. 31:9-13; Jos. 24:25-26).
  • El pacto de Israel (Nehemías 10):

    • Promesas de obediencia.

      • Los 84 firmantes representaban a todo el pueblo. El primero en firmar fue el gobernador, seguido por el sumo sacerdote, los sacerdotes, los levitas y los jefes del pueblo.
      • Todos se comprometían a observar toda la ley dada por Dios (v. 29), concentrándose especialmente en cuatro puntos:
        • No contraer matrimonios mixtos (v. 30).
        • Observar el sábado (v. 31a).
        • Preocuparse de los pobres observando al año sabático y remitiendo las deudas (v. 31b).
        • Apoyar los servicios del templo (v. 32-39).
        • Al implementar en sus vidas estas conductas, generarían hábitos correctos que les permitirían crecer en santidad.
    • Promesas de adoración.

      • ¿Qué compromisos hicieron respecto al Templo?
      • Hoy ya no existe el Templo de Jerusalén. En realidad, todas estas disposiciones temporales dejaron de ser significativas cuando Jesús firmó con su sangre el nuevo pacto.
      • Pero el verdadero Templo, el celestial, sigue siendo el escenario del pacto eterno, el plan de salvación (Hebreos 8:1-7).

Para reflexionar:

Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abraham, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, para colocarlo en condición de poder obedecer la ley de Dios”. Elena G. White (Patriarcas y profetas, pg. 340).

Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo”. Elena G. White (El ministerio de curación, pg. 131).

“Juntadme mis santos, Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio” (Salmo 50:5).

Mira aquí el comentario del programa ESV de esta semana

Autor: Sergio Fustero, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Photo by Benjamin Davies on Unsplash

Tags from the story
0