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Por causa del nombre de Jesús se ha asesinado, violado, maltratado, blasfemado, golpeado, humillado, insultado, encarcelado, estrangulado, azotado, exiliado, y un sinfín de otros atropellos y delitos que han sido hechos a nombre de aquel que dijo “no he venido a juzgar a nadie” (Juan 12:47).

El Jesús que conozco es distinto a esa caricatura que algunos han hecho de él.

El Jesús que respeto canta junto a los despreciados, come de su comida y visita sus casas.

Ese Jesús que muchos han escondido, visita a las prostitutas, les extiende su mano, las abraza, las besa en la frente y luego deja que laven sus pies con perfumes pagados con la lujuria y permite que le sequen con sus cabellos.

Jesús, el de los diálogos, visita al ladrón, no le dice que se convierta en honesto, sólo come su comida y lo abraza con bondad. No es extraño que al final del día aquel hombre decida devolver todo lo que había robado.

El Jesús que admiro recibe a la mujer maltratada por la vida, engañada y seducida, con malas decisiones, con torpezas, tendida a sus pies, y en vez de tirarle piedras, simplemente dice: “El que de vosotros esté sin pecado lance la primera piedra” y como aquello no ocurre, afirma “ni yo te condeno, vete”, (Juan 8: 7, 11) pero algunos no pudiendo convencerse de tanta bondad, en algún momento de la historia agregaron a sus palabras la frase “no peques más” (como si eso fuera posible por la fuerza de la voluntad), anulando con ello la bondad y misericordia de Jesús.

El Jesús que me produce reverencia salta de alegría al ver a los cojos caminar, a los ciegos ver, a los enfermos ser sanados… y a ninguno de ellos le da instrucciones formales, simplemente los ama de manera incondicional.

El Jesús que me muestra la Escritura ríe con los niños, bromea con ellos, se muestra accesible, sus ojos son transparentes, su mirada está llena de confianza, porque ningún niño se acercaría a alguien con ceño adusto, con mirada fría, con actitud arrogante, con soberbia, porque los niños saben y entienden, la diferencia entre la bondad verdadera y el formalismo insulso.

Jesús extiende su brazo y toca al leproso. Pone su mano en sus pústulas, en sus úlceras, simplemente, porque sabe que el primer paso para la restauración total es tocarlo. Extiende su mano para sanar heridas más profundas que la lepra. El desprecio, la humillación, el exilio, la soberbia, el orgullo de los sanos, y la arrogancia de los religiosos, han dañado su vida más que la enfermedad, y Jesús lo sabe, por eso lo toca, lo abraza y ríe junto a él cuando es sanado.

El Jesús que cuenta la historia no escribe nada, salvo en la arena los pecados de los acusadores, donde lo escrito se lo lleva el viento. No redacta reglas absolutas. No expone tratados inamovibles. No deja catálogos de instrucciones, simplemente, permite que sus seguidores elijan lo que más les impresiona. Sin duda sabe que en algún momento alguien escribirá de Él pero no deja advertencias de cómo hacerlo. Sus seguidores han idolatrado las interpretaciones de aquello que él permite que escriban, y han olvidado que aquello estuvo mediatizado por sus mentes y culturas, y Él, el protagonista, no lo impide ni lo delinea.

El Jesús que admiro no construye templos, ni edificios que adulen la vanidad humana. No deja instrucciones para que sus seguidores hagan construcciones fastuosas para adular el orgullo personal u organizacional. El Jesús que camina por caminos polvorientos y no tiene dónde recostar su cabeza, nunca busca la fastuosidad edilicia que tanto agrada a algunos de sus seguidores.

El Jesús que camina por las tierras polvorientas de Palestina, nunca rechaza a alguien por su ropa, su apariencia o su manera de actuar. Él recibe a todos, sin esperar que cambien antes de estar en su presencia como quieren hacerme creer algunos de los traficantes de religión que proliferan en mis días.

El Jesús que venero no construye denominaciones ni organizaciones y a todo al que acude a él le dice: “El que a mi viene no le echo fuera” (Juan 6:37). No busca grupos de seguidores “verdaderos”, sino que a todos llama sus amigos y discípulos.

El Jesús que me ama, nunca me juzga por algún error. Simplemente, me abraza, me consuela y toma un lebrillo para limpiar la suciedad que pude haber acumulado en el camino, simplemente, porque ese Jesús que conozco no viene a condenar a nadie sino a salvar.

El Jesús que llena mis días nunca maltrata a alguien, y cuando profiere palabras duras o de exhortación, siempre lo hace con un nudo en la garganta, con dolor, con lágrimas velando su voz. Porque Jesús no viene a imponer, a establecer reglas, a acusar ni condenar, sino que viene a rescatar a los perdidos, y ningún extraviado sabe cómo regresar, si así fuera, no estaría extraviado.

El Jesús en el que confío ni aún en el momento de su juicio se atreve a proferir palabras de condena, hasta el último momento mantiene abierto el diálogo entendiendo que el ser humano no cambia por efecto de la presión ni la disuasión sino sólo por el susurro del amor.

El Jesús que me impresiona nunca ha tenido un púlpito, no lo ha buscado, no lo quiere, no lo propicia, no pide que se lo construyan. No es hombre de discursos sino de acción, no cree en el poder de la oratoria sino en el de la oración y el servicio. No habla con elocuencia, vive con elocuencia, y ese es su mayor legado.

El Jesús que amo piensa en sus compañeros de tortura y en sus torturadores, antes que en buscar alguna forma de justificación o de librarse del dolor. Al que está a su lado y dispuesto a creer le dice “estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43), no le dice como quieren hacerme creer los vendedores de ilusiones de mis días: “si no mueres tendrás que cumplir algunas reglas”. Jesús simplemente sabe el poder de creer y los resultados de la fe.

El Jesús que conozco extiende sus brazos sobre el abismo para alcanzar a todos con su sacrificio. No excluye a nadie, da su vida por pobres y ricos, mujeres y varones, homosexuales y heterosexuales, prostitutas y proxenetas, violadores y consoladores, ladrones y honestos, vanidosos y humildes, tiranos y tiranizados, genocidas y altruistas. Nadie queda fuera de sus brazos extendidos, nadie, ni aún tú… que hablas en su nombre, pero aún no le conoces.

Foto: (cc) Flickr/Isaac Torrontera. Esquina superior: Miguel Ángel Núñez.

13 comentarios

  • lugonso dice:

    Ese Jesús que tan bien describes, Miguel Ángel, me emociona. Yo creo en este Jesús. Es el que narran los evangelios, sin “traducciones”. Todo adventista debería leer este artículo.

    Reflexionaba el especialista en la vida de Jesús, el jesuita José Antonio Pagola, lo siguiente: «El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús […]. Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo [o sábado]. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva.» Tiene su enjundia,al igual que tu artículo.

    Gracias, Miguel Ángel. Espero que sigas siendo un asiduo colaborador de la RA como ya venías haciendo desde hace muchos años. En mis años al frente de la Revista me regalaste muchos artículos de alto interés…

  • Sonia C Peinado dice:

    Que hermoso retrato de Jesus y su gran amor por los pecadores. Yo tambien amo a este Jesus, lleno de amor y misericordia que en forma practica no en teoria demostro su gran amor por nosotros pobres pecadores; pero que poco de esto se ve en los que dicen ser sus seguidores, cuanto orgullo encontramos en los que estan predicando su mensaje, cuanta esquizofrenia al torcer el mensaje, al predicar una cosa y practicar otra.

  • Ross Bazualdo García dice:

    En medio de lágrimas puedo decir: A éste Jesús amo mucho.
    Muchas gracias Dr. Núñez por artículo.
    Dios siga bendiciendo su ministerio y siga presentando al DIOS DE AMOR.

  • Simón Madrid dice:

    cada letra y cada palabra son tan motivadoras sobre el verdadero Jesús ese a quien muchos lo utilizan para cuestionar, juzgar llenarse los bolsillos y pare de contar.En mi caso, nunca me ha abandonado, yo lo he tenido abandonado por 28 años(mi edad actual), pero, nunca es tarde, he leído sus muchos artículos y son inmensamente únicos mi novia es una fiel seguidora de usted, gracias por cada articulo publicado, son una inyección de aprendizaje, un aprendizaje sobre el verdadero Jesús, pero con mucha sinceridad, esto que ha publicado por twitter «El extraño hábito de ser honesto crea más enemigos que amigos. Muchos no resisten la honestidad» lo vivo en carne propia, vale la pena ser honesto, asi casi todos tengan miedo a decir lo que creen correcto

  • Rodrigo Meléndez Contreras dice:

    el Jesús práctico, es Aquel que echo de menos…no sé en qué me he equivocado tanto como para perderlo de vista… ese Jesús que me rescató del mundo y me dio una nueva vida… no sé que ha pasado en el camino, lo he teorizado quizas? he permitido que la teoria apague ese fuego que ardia en mi corazon cuando sali de las aguas bautismales hacen poco mas de 10 años? se me ha olvidado que yo no tenia vida, que mi existencia no era mas que un juego de destruccion para el ejercito del maligno, que estaba al borde de morir eternamente? Ese Jesús que se muestra en esas lineas, es a Quien conoci debajo de un puente, donde nadie quiso llegar, donde pocos se hubieran atrevido a ir. Es mi Sanador, es a Quen no quiero olvidar, ni teorizar, sino reflejar en mi vida publica y privada, hacer practicas sus enseñanzas de misericordia y abnegacion…

    «Oh buen Maestro, despierta, vé, ruge la tempestad,
    La gran extension de los cielos se llena de oscuridad…!
    despavorido, Maestro, te busco con ansiedad;
    mi alma angustiada se abate, arrecia la tempestad.
    pasa el pecado a torrentes sobre mi frágil ser,
    Y perezco, perezco Maestro, oh quiéreme socorrer!

    Las olas, el viento, oirán tu voz: ‘Haya paz’
    Calmas las iras del negro mar, las olas y el viento los haces cesar
    Y asi la barquilla do va el Señor, hundirse no puede en el mar traidor.
    Doquier se cumpla tu voluntad, haya paz;
    Tu voz resuena en la inmensidad: ‘Paz, haya paz…'»

    Gracias a Dios por el talento que da a hombres como Miguel Ángel, dispuestos de corazon a compartirlo. 🙂

  • Juanfer dice:

    El mensaje de fondo es magnífico por su carácter cristocéntrico. Sin embargo, tiene una afirmación discutible que, por su relevancia, no creo que debamos pasar por alto:

    “…algunos no pudiendo convencerse de tanta bondad, en algún momento de la historia agregaron a sus palabras la frase “no peques más” (como si eso fuera posible por la fuerza de la voluntad), anulando con ello la bondad y misericordia de Jesús.”

    Es sabido que esa frase no figura en todos los manuscritos antiguos. Por eso en algunas versiones, como la RV90, figura entre corchetes. Pero, ojo, lo mismo ocurre con muchos otros versículos de ese mismo pasaje. Hace tiempo que esto me llamó la atención, pero no me preocupa, pues el estilo es claramente ‘jesuano’.

    Por lo demás,discrepo en que el que Jesús dijera/pudiera decir “no peques más” implique una invitación a recurrir a la (mera) “fuerza de voluntad” y una anulación de su “bondad y misericordia”. Sobre esa base, habría entonces que cuestionar también el “no peques” de Juan 5: 14, los “Arrepentíos…” de Mateo 3: 1 y 4: 17, el “tome su cruz” de 16: 24… y en general cualquier apelación divina (o de los portavoces divinos) a un cambio de conducta, de las cuales la Biblia está literalmente llena.

    No hay que perder de vista que cada vez que Dios nos ordena hacer algo nos capacita para cumplirlo por medio del poder del Espíritu (Juan 14: 15-17; Rom. 8: 1, 4-6; Fil. 4: 13).

    Hemos de buscar a Cristo siempre, pero sin caer, llevados por las emociones del momento, en la tentación de hacernos un Cristo a la medida (aunque no digo que MÁNúñez llegue a tanto).

    Feliz día.

    • Miguel Ángel dice:

      Sólo a manera de reflexión… ¿Si hay variantes textuales del original que no incluyen la expresión «no peques más» por qué usar la variante que si la incluye? ¿Cuánto influyó en su inclusión la Vulgata Latina con su visión de un Dios castigador? ¿Sabiendo Jesús que somos seres pecadores, por qué habría de decir «no peques más»?

      • Néstor Escobar dice:

        Pienso que mas allá de las variantes textuales, creo que Jesús tal vez dijo «no peques más» porque, aunque Dios nos perdona del pecado, desea que vivamos lejos del pecado, una realidad que sólo es posible con el poder del Espíritu Santo, tal como menciona @Juanfers:disqus . Y esta visión en particular, a mi modo de ver, no implica un Dios castigador.

      • Juanfer dice:

        Miguel Ángel:

        Respecto a las variantes textuales, insisto en que las hay en todo el pasaje, no solo en ese versículo. De hecho, existe una versión según la cual fueron teólogos de la línea de Agustín de Hipona quienes suprimieron el pasaje (cuasi) entero pero por razones más bien opuestas a las que tú aduces: para que no diera la impresión de que la iglesia consentía el adulterio.

        Jesús sabía –sabe– que somos pecadores pero, naturalmente, quiere que dejemos de serlo (con su poder, claro está: ver Mat. 11: 28-30; Fil. 4: 13). Reitero que la Biblia está LLENA de llamadas al arrepentimiento y a dejar de pecar –en la gran mayoría de los casos, sin variantes textuales–, justamente porque Dios sabe que somos pecadores (si no lo fuéramos, no tendría sentido pedírnoslo).

        Entiendo que además, en el caso de la mujer adúltera, Jesús la invita concretamente a dejar de pecar en su “especialidad”: el adulterio. Tras sufrir la terrible amenaza de una lapidación con ese pretexto y recibir el maravilloso perdón de Cristo, parece razonable pensar que caía de su peso que debía evitar la reincidencia. Con todo, Jesús refuerza su necesidad de cambiar, quizá también porque resultaría tristísimo que, después de haber superado una situación tan extrema, la mujer volviera a las andadas. (Y tampoco olvidemos que un adulterio causa víctimas; Dios también vela por ellas).

        Saludos fraternales.

      • Sergio Villarroel dice:

        Hay muchos originales, habría que ver que dicen al respecto. El no peques más, es un consejo sabio de amor. No es un arbitrario de Dios. A mi entender.

  • lugonso dice:

    Nos cuesta entender que el amor de Dios es incondicional. “Algo tendremos que hacer”, dicen algunos. Pero exigir (el verbo está en modo imperativo) a un ser humano que deje de pecar sería incluso una contradicción evangélica (“Siete veces al día peca el justo”, Prov. 24: 16…). Lo que ocurre es que no tenemos claro el concepto de ‘pecado’. Sigue “gustándonos” más la legalista, por mal entendida, cita de 1ª Juan 3: 4. ¡Si es que nos va mucho la marcha del legalismo…! En el fondo de este tema está una mala interpretación del concepto de pecado… que es mucho más profundo que el acostarse con un hombre (en su caso). Por otro lado, después de lo que acababa de hacer por ella, ¿necesitaría esa mujer sobrecogida una afirmación tal de Jesús para no seguir adulterando? Los que sí la necesitaban son los autores de esa variante. Pero no empequeñezcamos a Jesús. Sería impropio de Jesús tapar la gotera sin mirar el tejado… Os invito a subir más arriba… porque es una lástima que de un artículo tan interesante nos tengamos que centrar y discutir este asunto. Gracias, Miguel Ángel.

  • Sergio Villarroel dice:

    Y también da para desarrollar un tema como «La Biblia que nos dejan conocer». Hay una cita de la hermana White que me llama poderosamente la atención: «Con la ayuda de Dios debemos formarnos nuestras propias opiniones ya que tenemos que responder ante Dios por nosotros mismos» eso lo dice en el contexto de que tenemos que estudiar las Sagradas Escrituras. Y por ahí hay tantas incoherencias dando vueltas que rápido se hacen hábitos o semi doctrinas. De repente se caen algunos prototipos y Jesus viene .