Espiritual

El diezmo en el N.T.: Principios del sostén evangélico

En el Nuevo Testamento se aborda el sostenimiento sistemático del evangelio y de quienes se dedican por completo a la…

  • En el Nuevo Testamento se aborda el sostenimiento sistemático del evangelio y de quienes se dedican por completo a la predicación y la enseñanza. La palabra «diezmo» aparece cuatro veces (Mt 23:23; Lc 11:42; 18:12; He 7:5), dentro de las cuales, Jesús se refirió para enseñar la importancia de ser fieles no solo en el diezmo, sino también en las cosas espirituales. Sin embargo, tanto Jesús como Pablo hablaron del sustento económico para los que sirven al evangelio, haciendo alusión al principio del sostenimiento en la Torá.

Es cierto que no existe ninguna evidencia del NT que apoye la extinción o la prohibición de diezmar como forma valida de sostenimiento. Tampoco hay una evidencia directa sobre su vigencia, al igual que no existe sobre otros tópicos, como el consumo de carnes impuras (1 Co 6:19; 10:31). Los argumentos más fuertes sobre estos tópicos se sostienen en el AT (Lv 11). Los autores del NT no cesaran de usar esas exposiciones de los patriarcas y profetas para validar los principios.

¿Por qué no aparece una orden explicita sobre los diezmos en el NT? Los escritores del NT eran judíos conocedores de la Torá, ellos no solían repetir enseñanzas claras, a menos que fuera para profundizarlas. En los evangelios, Cristo habló de la importancia de la fidelidad, en el contexto del diezmo: «…Debían haber practicado esto sin descuidar aquello» (Mt 23:23). Él habló en devolver lo que le pertenece a Dios: «Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22:21). También, Jesús le dio instrucción a sus discípulos sobre el principio del sustento evangélico: «…porque el trabajador merece que se le dé su sustento» (Mt 10:10). De hecho durante su ministerio terrenal, Jesús vivió del evangelio: «Estas mujeres ayudaban con dinero a Jesús y a sus discípulos» (Lc 9:3).

Algunos argumentan que los «diezmos» no son necesarios en la actualidad, porque estaban destinados al sacerdocio levita en el AT y citan Hebreos 7, ya que bajo el «nuevo pacto» el sacerdocio aarónico caducó como expuso Pablo. Aunque esto es cierto en cuanto al sacerdocio levita, no lo es así con el diezmo. Esta práctica existía antes de que Dios la formalizara como requisito a Israel. Melquisedec recibió los diezmos del patriarca Abraham, y Pablo usó esta anécdota para hablar de la superioridad del sacerdocio de Melquisedec sobre el de Levi (He 7:1-10).

De modo que el diezmo como sostenimiento del evangelio aparece también de forma indirecta en el NT. Para esto, Pablo citó la Torá en su apología sobre los derechos de los que ministran el evangelio: «Porque en la ley de Moisés está escrito: ‘No le pongas bozal al buey mientras esté trillando’» (1 Co 9:9 cf. Dt 25:4). Como respuesta a una serie de preguntas retóricas: «¿Qué soldado presta servicio militar pagándose sus propios gastos?». La conclusión es evidente: «Si hemos sembrado semilla espiritual entre ustedes, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material?» (1 Co 9:12). Dentro del texto, Pablo usó la palabra ἐξουσία (1Co 9:12), que ha sido traducida como «derecho», en realidad significa «autoridad». Los obreros tienen «autoridad» sobre lo que trabajan; sea una viña, las ovejas o las iglesias. Y esa «autoridad» también es sobre lo material. Aquí, Pablo no está hablando de otras ofrendas (viudas, huérfanos, pobres, etc), sino de una específica: para los que trabajan en el evangelio.

En este sentido el apóstol Pablo extrajo el principio del AT: «¿No saben que los que sirven en el templo reciben su alimento del templo, y que los que atienden el altar participan de lo que se ofrece en el altar?» (1 Co 9:13). Las leyes levitas partiendo del principio del sustento, establecían como los sacerdotes debían trabajar y cuáles eran sus remuneraciones. Entre estos estaba el diezmo.

Ahora, el apóstol hace una aplicación de ese principio al sustento en el NT:

«Así también el Señor ha ordenado que quienes predican el evangelio vivan de este ministerio» (1 Co 9:14). Se emplea la frase «ó Κύριος διατάσσω». El verbo «διατάσσω» está en Aoristo Activo Indicativo, es decir, la orden del Señor está en tiempo pasado continuo, como un imperativo: «¡Ha ordenado!». Ese mismo verbo aparece en Juan 8:55, la orden es para que se cumpla, por lo que la acción de ordenar es la de una Señor para con sus esclavos (Lc 17:9,10). También se empleó el verbo «ζάω» (vivan), que está en Presente Infinitivo Activo, el sustento del evangelio es permanente para los que se dedican a predicar. En otras palabras, el sustento material que deben recibir los que ministran es constante y acorde a sus necesidades. No es una limosna esporádica, cuando los sacerdotes oficiaban en el Altar comían y las ofrendas presentadas al Templo eran constantes.

La intención de Pablo es dejar en claro que los obreros dedicados plenamente al evangelio, reciban su ganancia económica del evangelio. Cuando le escribió al joven Timoteo, se evidenció la preocupación apostólica por el sustento de los pastores (1 Ti 5:17,18), al hablar de los Ancianos [πρεσβύτεροι]: «No le pongas bozal al buey mientras esté trillando (Dt 25:4)…El trabajador merece que se le pague su salario (Lc 10:7)». Aquí se empleó el sustantivo «ἐργάτης» (el obrero), este vocablo califica a los obreros, jornaleros, trabajadores u oficiales asalariados. Son personas contratadas, que prestan un servicio determinado en el mundo antiguo (Mt 9:37,38; 20:1,2, 8; Hch 19:25), no son esclavos [δοῦλος]. El trabajo de estos presbíteros era: «la predicación y la enseñanza». La designación de Obispo y Anciano se usan indistintamente, y las funciones desempeñadas son las mismas (Hch 20:17-28; Tit 1:5-7; cf. 1 Ti 3:1-7). Se debe resaltar de nuevo que se hace una distinción deliberada entre el dinero para las «viudas» (1Ti 5:3-16) y el dinero para los «Ancianos».

El sustento de los obreros fue tomado por los apóstoles de un sistema que ellos ya conocían: el diezmo y la ofrenda. Como solución para enfrentar el crecimiento acelerado del cristianismo en las regiones romanas. En sus inicios, la iglesia primitiva carecía de una organización meticulosa. Cuando Jesús instituyó a la iglesia, esta comenzó con los 12 discípulos, ya al resucitar Cristo había 500 discípulos y discípulas (1Co 15:5). Ese crecimiento empujo a la iglesia primitiva para organizarse  en otras formas para atender mejor a las congregaciones. Ya en Hechos 6 se formó la oficina de los diáconos, como respuesta a la necesidad de repartir con equidad «la mesa». Luego que los apóstoles establecieron congregaciones, surgió la necesidad de nombrar supervisores para ministrarlas, así como el sostenimiento de esos obreros. En el siglo I no había templos o iglesias construidas, los cristianos se reunían en «casas», por lo que no había la necesidad de destinar dinero para el mantenimiento de estructuras eclesiásticas –a diferencia de las iglesias actuales–. Las casas eran sostenidas por los dueños de las mismas, quienes eran cristianos pudientes (Hch 16:40). Los cristianos no dudaron en adaptar modelos de gobierno y sustento económico del AT, para su misión evangélica. Por ejemplo, el presbiterio es una copia del consejo de Ancianos que Moisés instituyó en el Éxodo. Cuando se debió hacer frente a los judaizantes se decidió hacer un concilio en Jerusalén (Hch 15). Pero la figura de los concilios como medios instituidos para tratar problemas doctrinales, no fue instituida por Cristo. Son mecanismos que los cristianos reutilizaron.

Aunque es cierto que en los inicios los cristianos vendían sus propiedades (Hch 2:45), para apoyarse –en circunstancias excepcionales–, al expandirse el evangelio este método dejó de ser útil, se crearon entonces recursos para las viudas, los huérfanos, los misioneros y los pastores. De hecho encontramos que los cristianos tenían sus propiedades: «la casa de Lidia» (Hch 16:40), la iglesia reunida en la casa de Aquila y Priscila (1 Co 16:19); «la casa de Narciso» (Ro 16:11), la casa de Justo (Hch 18:7). Los cristianos aportaban de su trabajo a la iglesia, el ocio se condenó en los estatutos primitivos (2 Tes 3:6-14).

La Iglesia Adventista del Séptimo Día desde sus inicios, buscó una forma de sostenimiento, hasta llegar a adoptar el principio bíblico del diezmo y las ofrendas. Lo que hicieron los pioneros adventistas fue lo mismo que hicieron los cristianos primitivos, extrajeron el principio de sostenimiento mediante los diezmos. Diezmar es un asunto personal entre el dador y Dios, cuando yo invoco un principio con ello también invoco sus bendiciones y maldiciones si no cumplo con lo que yo pacte. El diezmo no salva. Diezmar es un acto de apoyo a la iglesia para su sostenimiento. Diezmar y ofrendar es un asunto de conciencia, y practicarlo es un asunto de fidelidad, es reconocer que Dios me provee de todo y yo debo compartir mi bendición con los pobres y aquellos que dan su vida para ministrarme.

 

Daniel A. Mora ha sido editor de los libros Apartadas para el ministerio: Una perspectiva adventista sobre la ordenación (Lima: Ediciones Fortaleza, 2015) y Elena G. de White: Manteniendo viva la visión (Venezuela: Ediciones SETAVEN, 2015). Autor del capítulo «Mujeres pastoras del siglo XIX en la Iglesia Adventista del Séptimo Día»

Foto: Pavel Churiumov en Unsplash

 

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