Espiritual

Dios es mi escudo

Nunca he usado un escudo, de esos que se usaban en la antigüedad, salvo para jugar cuando era niño. Sin…

Nunca he usado un escudo, de esos que se usaban en la antigüedad, salvo para jugar cuando era niño. Sin embargo, la expresión la conozco muy bien y, de hecho, mi ordenador me la recuerda a diario. Tengo un software antivirus que utiliza dicha expresión para referirse a la protección de mis archivos y programas. “Su escudo está instalado”, es una de las frases que utiliza para recordarme que el antivirus se ha actualizado. La idea que transmite es que mi PC está protegido de cualquier ataque cibernético. Puedo estar tranquilo de que mis archivos están protegidos.

El salmista escribe: “Más tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza” (Salmo 3:3). Es una maravillosa promesa. Nos dice que Dios es nuestro escudo protector. No obstante, tenemos que tener cuidado con la comprensión de este texto, o podemos generarnos una falsa expectativa.

Dios nos cuida

Dios nos cuida de muchas maneras. A veces, incluso, incomprensibles para nosotros. Estoy seguro de que en algún momento en la eternidad, podremos tener la oportunidad de conocer cuántas veces Dios nos ha protegido, y cuidado, sin que lo supiéramos. Será un momento extraordinario para admirar aún más a nuestro Creador.

Sin embargo, hay montones de situaciones que son inevitables, aún para Dios. Una de esas complejidades tiene que ver con la voluntad humana, y las consecuencias de las elecciones que se hacen. Un niño, por ejemplo, de pronto se ve aquejado por una enfermedad provocada por decisiones que ha tomado el bisabuelo, y cuya consecuencia la paga alguien de la generación siguiente; Alguien inicia un conflicto que pone a hermanos unos en contra de otros, y de pronto se ven enfrentados a situaciones que ni siquiera imaginaron y luego, décadas después, están viviendo una situación complicada que pagan inocentes que nada han tenido que ver con la situación inicial. Todo eso, y los muchos eventos donde está involucrada la voluntad humana, están «fuera del alcance de Dios». Él no «puede» evitar las decisiones de los seres humanos, quienes eligen por sí mismos.

Dios es justo

Dios es justo, eso implica que no manipula, ni controla, la mente de las personas. Es omnipotente, pero se ha auto limitado dándoles a los seres humanos la capacidad de decidir por si mismos. Dios no elige por los seres humanos. Algunos filósofos ateos han visto en esto una desventaja. Pero en realidad es una prueba más del amor de Dios, que no controla la voluntad del ser humano, sino que nos regala libertad.

El escudo divino

¿Qué escudo ofrece Dios, entonces? Genera un manto de protección para las consecuencias que se enfrentan en momentos difíciles. Nunca nos abandona y está con nosotros, alentándonos y dándonos la fortaleza que necesitamos para poder continuar el sendero, sin desanimarnos. Nos sostiene y nos mantiene en pie, cuando las condiciones son tan aplastantes que caer es la consecuencia natural. Nuestro escudo nos anima, cuando nadie lo hace. Esa es la promesa más extraordinaria. Por eso, que la frase siguiente reafirma lo mismo: “levanta mi cabeza”.

Con Dios siempre hay esperanza

En situaciones difíciles las dificultades parecen hundirnos. Quedamos con la cabeza inclinada en señal de derrota, pensando que no hay esperanza. Pero allí está Dios, “nuestro escudo”, para hacernos mirar hacia el horizonte. Para que levantemos la frente y dejemos de estar derrotados por las circunstancias. Dios es un Dios de esperanza. Él no permite que nos quedemos empantanados en la aflicción, sino que siempre nos anima a pensar en la luz del final del túnel.

Probablemente, ese sea el aporte mayor de la espiritualidad. Nos anima a mirar los acontecimientos desde una perspectiva diferente. Nos muestra que las circunstancias no son el final del camino, y que Dios siempre nos puede sorprender con algo mejor, aunque no logremos entenderlo en ese instante. Por eso, debemos aprender a esperar y a confiar en Él.

Miguel Ángel Núñez. Pastor adventista ordenado. Doctor en Teología Sistemática; Licenciado en Filosofía; Orientador familiar. Ha escrito 60 libros y muchos artículos. Ha sido profesor universitario en Chile, Argentina, Perú y México. Consejero matrimonial y conferencista internacional. Reside en España.

Foto: Henry Hustava en Unsplash