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Foto: Pedro Torres. Esquina: Pedro Torres.

En España casi cada día desayunamos con un nuevo titular sobre corrupción. Bárcenas, Enredadera, Noos, Fabra, Faycán, Guateque, Gürtel, Malaya, Mercasevilla, Pokemon, Púnica… son unos cuantos nombres de las 140 operaciones policiales contra la corrupción en España. La “casta” da lugar a nuevos movimientos que a golpe de gritar “Podemos”, asustan a propios y extraños.

Al lado del nuevo edificio de la UAE hay un multicine anunciando a todo cartel la nueva película “Éxodo”. Cuando llego a la oficina, pensando en los Granados, Correas y otras cuestiones propias y ajenas, veo a Moisés en gigante. Me hace pensar.

Moisés iba a ser el nuevo faraón, el plan para liberar a Israel de la esclavitud estaba cantado. Tan pronto ascendiese al trono, decretaría la liberación de Israel. Todas las esperanzas estaban en él. De repente, por hacer un favor a un hebreo(1), comete un error y mata a un capataz. Un error. No era el momento, ni el lugar, ni el método para ayudar a Dios a llevar adelante sus planes. La desesperación inundó al pueblo de Dios. Pronto, ellos mismos dejaron de confiar en su líder: “¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” (Éxodo 2:14). Moisés huyó, y con él la esperanza de libertad.

Los errores humanos, especialmente de los líderes, parecen dar al traste con los planes de Dios y las esperanzas del pueblo, pero… a pesar del hombre, Dios está ahí. Si Moisés hubiese llegado a ser faraón, difícilmente habría sido el líder de una nación nacida de esclavos y abandonado el trono junto al Nilo. Dios retoma la trama donde el hombre la torció, para hacer algo aún más hermoso de ello.

Jesús mismo, siendo quien podía criticar con autoridad moral y argumentos sobrados a las “castas” sacerdotal y farisaica, lejos de gritar “Podemos” a la puerta del fastuoso templo, alabó a la pobre viuda sin juzgar a dónde irían a parar sus dos céntimos ofrendados (Marcos 12:41-43).

Dios pone y quita reyes (Daniel 2:21), pone límites al tiempo y lugar que ocuparán (Hechos 17:26 DHH). Dios aprovechó el error de Moisés en redundancia del plan divino, al igual que reconoció las dos monedas de la viuda, precisamente por obedecer lo que Él mismo ha ordenado (Malaquías 3:10) sin hacerla responsable de la fastuosidad de las castas. Dios sigue obrando igualmente hoy en día. Se pueden tomar decisiones más o menos acertadas, pero tu relación con Dios y tu fidelidad a Él no debe depender de ningún Moisés asesino o fariseo presuntuoso, sino “procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:21). Es curioso cómo podemos caer en el mismo error de aquellos que criticamos. ¿Acaso hay que defraudar a la Agencia Tributaria por la corrupción? ¡NO! “Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él” (Marcos 12:17).

1. En Egipto a los hijos de Israel se les consideraba “hebreos”, que proviene de “habiru” o “apiru”, su significado literal hoy sería “espalda mojada” pues así se llamaba a los que venían del otro lado del río como fue el caso de Abraham. Luego, tras el éxodo, se les continuó llamando así, como se registra en tablillas, tras cruzar el Jordán en Jericó. (Ver bibliografía de Wikipedia).

Revista Adventista de España