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Los líderes debemos estar atentos en nuestras comunidades para aplicar justicia y eliminar el abuso. También el espiritual. Pero no cualquier justicia, la justicia de Dios, una justicia entrelazada con la misericordia.

En el caso de quienes lideramos a través de nuestro servicio a la iglesia, podemos equivocarnos y abusar, sin darnos cuenta, de nuestro liderazgo administrativo. Algo que puede perdonársenos por el afán de alcanzar la misión. Pero el abuso espiritual deja heridas profundas que pueden derivar en pérdidas eternas.

Los que tenemos una responsabilidad en cualquier departamento de la iglesia debemos proceder con mucha sabiduría. Tenemos que velar por las almas por las que un día habremos de dar cuenta (Hebreos 13: 17).

Abuso espiritual

Wikipedia dice: «El abuso espiritual ocurre cuando una persona con autoridad religiosa o práctica espiritual maltrata a otra persona en nombre de un dios, una iglesia o por algún concepto o misterio espiritual».

Podríamos definir el abuso espiritual como una acción agresiva para imponer el criterio de un líder de iglesia. Sonaría así: «¡Soy el líder y punto, se me obedece!». Pero un pastor llega a serlo de su grey a medida que avanza en ganarse la confianza de las personas a las que sirve. Es un proceso lento y natural que favorece la armonía en la comunidad. Las imposiciones por la fuerza no funcionan.

Dice el Buen Pastor que sus ovejas escuchan su voz y le siguen. El proceso de seguir al pastor por parte de los miembros es en gran parte por el tiempo que se dedica a servirles, a dialogar con ellos, a guiarles e interesarse por su bienestar y su desarrollo espiritual. Jesús nunca impuso su liderazgo, Él amaba a las personas sinceramente, y ellas lo sentían. Lo sabían y le seguían porque les hacía bien.

Hasta tal punto amaba Jesús, que hizo lo máximo en el camino de un liderazgo espiritual: «Yo soy el Buen Pastor; el buen pastor pone su vida por las ovejas». (Juan 10:11)

Si los líderes no están comprometidos con un sacrificio auténtico por quienes están en sus comunidades, no tendrán a nadie a quien liderar.

Hay líderes que abusan de su posición para implementar proyectos; en cambio, gracias a Dios, hay líderes que hacen de su enfoque una oportunidad para servir y acercar posturas. Líderes que avanzan en unidad con su comunidad, el convencimiento de que el proyecto es un ministerio donde todos pueden aportar algo.

Un ejemplo de abuso espiritual en la Biblia

Un ejemplo de abuso espiritual lo hallamos en 1 de Samuel 2:12-17 sobre los hijos del sumo sacerdote Eli, quienes ejercían como sacerdotes en Silo donde residía el tabernáculo. Ellos debían haber seguido las normas de servicio en el templo, pero no lo hicieron, y cuando los israelitas les enseñaron su error, ni se inmutaron. Dice el texto bíblico:

«Los hijos de Elí eran hombres impíos, que no tenían conocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguien ofrecía sacrificio, mientras se cocía la carne, venía el criado del sacerdote trayendo en su mano un garfio de tres dientes y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.

»Asimismo, antes de quemar la grasa, venía el criado del sacerdote y decía al que sacrificaba: «Dame carne para asársela al sacerdote; porque no aceptará de ti carne cocida, sino cruda”. Y si el hombre le respondía: “Hay que quemar la grasa primero, y después toma tanto como quieras”, él decía: “No, dámela ahora mismo; de otra manera la tomaré por la fuerza”. Así pues, el pecado de estos ayudantes era muy grande ante Jehová, porque menospreciaban las ofrendas de Jehová».

Un pacto para proteger a los desamparados de los abusos

Más allá de promover dones y talentos, o de crear un espacio donde todos puedan ejercitarse dentro de la comunidad, también debemos velar como líderes espirituales para evitar la «competición» de las obras buenas. Eso puede hacer que algunos más débiles ya no encuentren su sitio en la casa del Señor y se alejen de sus caminos.

Como pastores, hallemos lugar para todos, incluso para los que pueden hacer menos o muy poco. Protejamos a la iglesia de las competiciones de «superpoderes» que dejan al margen a los que poco o nada pueden aportar. La salvación que Cristo propone es por la gracia y no por las obras. Si uno tiene cinco talentos, ¡gloria al Señor! Usemos esos dones para avanzar en la misión. Pero si uno, tiene poco talento, asegurémonos de contar con él también para la obra del Señor.

Cuando animamos a los tímidos y a los de pocos recursos a participar en la obra del Señor, también edificamos el templo de Cristo.

Cristo estaba en el templo mirando a los que echaban sus riquezas en el alfolí. Pero se levanta y en voz alta dice a sus discípulos: «Esa mujer dio más que todos, porque lo que dio lo hizo de corazón».

Hagamos un pacto con nuestro corazón para defender a los vulnerables, para que ellos puedan encontrar en nuestras comunidades un lugar donde adorar en paz al Señor.

Autor: Richard Ruszuly, secretario ministerial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

 

Revista Adventista de España