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C.S. Día 9. Se enciende una luz en Suiza

Zwinglio predicaba a los fieles la suficiencia del sacrificio de Cristo y la necesidad de la fe en él como único remedio para el pecado.

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Zwinglio predicaba a los fieles la suficiencia del sacrificio de Cristo y la necesidad de la fe en él como único remedio para el pecado.

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Ulrich Zwinglio

Bajo las majestuosas montañas de los Alpes suizos nació Ulrich Zwinglio. Hombre lleno de talento con dotes especiales en la predicación y con un genio musical y poético, este sacerdote fue llamado por Dios para levantar a Cristo desde el conocimiento profundo de las Escrituras.

Contrario al fanatismo con el que actuaban los creyentes y la superstición con la que mezclaba Roma los asuntos religiosos, Zwinglio predicaba a los fieles la suficiencia del sacrificio de Cristo y la necesidad de la fe en él como único remedio para el pecado. Muchos de los que le escuchaban quedaban frustrados con estas nuevas enseñanzas puesto que “estaban satisfechos con el antiguo camino al cielo que Roma había trazado”. Otros, sin embargo, “escuchaban sus palabras con el más profundo interés… dando alabanzas a Dios”.

El contraste entre la tradición y las costumbres frente a la frescura del Evangelio era evidente. Mientras que los reformadores se esforzaban por presentar el perdón gratuito por medio de la sangre de Cristo, Roma redoblaba su interés en ofrecer el perdón a cambio de dinero: “cada pecado tenía un precio, y se otorgaba a los hombres licencia para cometer crímenes con tal que el dinero mantuviera bien llena la tesorería de la iglesia”.

Cae la venta de indulgencias en Suiza

En Suiza las tesis reformistas fueron calando entre los fieles. La venta de las indulgencias cayó en picado ya que la gente se convenció de la necesidad de “tener un fundamento más seguro para su fe”.  Parecía que nada podría detener estos vientos de cambio que soplaban en este precioso país europeo, pero en 1519 la peste causó una gran mortandad de la que Zwinglio se libró por poco. Una vez recuperado, predicó el precioso evangelio incluso con más entusiasmo que antes. Presentaba la justicia de Cristo declarando con poder que “los hombres, por causa de la gracia de Cristo, no son libres para continuar en pecado”. La catedral de Zurich se llenaba de multitudes de personas y el impacto era un testimonio para la ciudad: “la paz tiene su habitación en nuestro pueblo – comentaba Zwinglio – no hay disputas, ni hipocresías, ni envidias, ni escándalos”; así relacionaba el predicador tal paz con los frutos de la fe.

El capítulo concluye exponiendo un nuevo encuentro organizado por los partidarios de Roma. En aquel concilio se haría todo lo posible para que el reformador estuviera presente puesto que ya se había decidido causarle muerte por medio de la hoguera. Zwinglio decidió ausentarse, aunque la fe reformada sí fue presentada por dos colaboradores valientes cuya actitud humilde contrastaba con el orgullo romanista. Mientras que unos apelaban a la tradición, los otros no reconocían otra norma que la Biblia. El debate ocasionó que, además de Zurich, otras dos ciudades suizas, Berna y Basilea, se declararan a favor de la Reforma lo cual supuso un impulso definitivo para la fe reformada en Europa.

Autor: Óscar López. Presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

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