Espiritual

C.S. Día 4. Fieles portaantorchas

A lo largo de la historia ha habido cristianos sinceros, como los valdenses, quienes defendieron su fe en Cristo, único mediador entre Dios y los hombres.

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A lo largo de la historia ha habido cristianos sinceros, como los valdenses, quienes defendieron su fe en Cristo, único mediador entre Dios y los hombres.

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Fueron siglos de gran oscuridad. La verdad fue casi totalmente pisoteada y el poder papal, en su implacable afán por dominar el mundo, sometió con violencia toda oposición.

A pesar de esto, la verdad no pudo ser extinguida totalmente. A lo largo de la historia siempre ha habido cristianos “sencillos y humildes” que conservaron su fe en Cristo como único mediador entre Dios y los hombres. Ellos sostuvieron la Biblia como única fuente de verdad. Estos fieles contrastaron con la superstición, arrogancia y pompa que caracterizaba al papado.

Fue precisamente en Italia donde los valdenses lograron mantener su independencia durante siglos. Fundamentados en las enseñanzas de la Biblia, los valdenses se convirtieron en los guardianes “de los tesoros de la verdad que Dios confiara a su pueblo para que los diera al mundo”. Solemne responsabilidad, sin duda.

Los valdenses aprendían de memoria la Biblia

Un detalle que me parece precioso y quiero destacar es el siguiente: “Las copias de la Biblia eran raras; por eso se aprendían de memoria sus preciosas palabras”. En una época como la nuestra donde es raro que en un hogar cristiano no haya múltiples versiones de la Biblia en las estanterías, ¿con qué pasión memorizamos las preciosas semillas de verdad que la Biblia contiene? ¿Cuánto apreciamos lo mucho que costó que hoy podamos disfrutar de la Palabra en libertad?

Los valdenses consideraban la Biblia como “el libro” fundamental para la vida. Aunque no descuidaban ni la cultura ni el desarrollo de la inteligencia, a los jóvenes valdenses se les enseñaba las verdades de la Palabra de Dios. Se les animaba especialmente a memorizar los Evangelios de Mateo y Juan, así como muchas de las epístolas. Escondidos en las cuevas de las montañas y a la luz de las velas, los valdenses copiaban total o parcialmente las Escrituras. Deseaban esparcir por Europa la luz de la verdad: la revelación de Jesús, su carácter de amor.

La Biblia muestra el verdadero carácter de Dios

Las enseñanzas de los papas y sacerdotes habían inducido a los hombres a considerar el carácter de Dios, y aún el de Cristo, como severo, sombrío y aborrecible. Se representaba al Salvador tan desprovisto de toda simpatía hacía los hombres en su estado caído, que era necesario invocar la mediación de los sacerdotes y los santos. Aquellos cuya mente había sido iluminada por la Palabra de Dios ansiaban mostrar a esas almas que Jesús era un Salvador compasivo y amante, quien con los brazos abiertos invita a que vayan a él todos los cargados de pecados, cuidados y cansancio”.

La Biblia desenmascara las mentiras del Diablo cuando deforma el carácter de Dios. Leer la Biblia es descubrir el amor de Dios a través de Jesús. Satanás no podía permitir que la preciosa verdad bíblica se esparciera por Europa. Por eso, el fin de estos valientes reformadores quedó sellado: “Los misioneros valdenses estaban invadiendo el reino de Satanás, por lo que los poderes de las tinieblas fueron incitados a una mayor vigilancia”. El odio satánico a través del orgullo papal lanzó una persecución terrible contra los fieles valdenses.

La historia registra la muerte de miles de cristianos en las montañas que habían sido su refugio. Acallaron sus voces pero no su influencia: “Esparcidos por muchos países, sembraron la semilla de la Reforma que brotó en tiempos de Wiclef, se desarrolló y echó raíces en días de Lutero, y será diseminada hasta el fin de los tiempos por medio de quienes también estén deseosos de sufrir todas estas cosas por “causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús” (Apc.1:9).

Autor: Óscar López. Presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

 

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