Espiritual

C.S. Día 31. El peor enemigo del hombre

«El hecho de que Cristo venció debería inspirar valor a sus discípulos para sostener denodadamente la lucha contra el pecado y Satanás”.

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"El hecho de que Cristo venció debería inspirar valor a sus discípulos para sostener denodadamente la lucha contra el pecado y Satanás”.

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La gracia de Cristo vence a Satanás

Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn.3:15). Estas son las palabras de Dios que dictan sentencia contra Satanás tras la caída de la raza humana en el pecado. El hombre, al quebrantar la ley divina, obtuvo una naturaleza mala y con tendencia al pecado. Ahora su tendencia natural es la de estar en armonía con el originador del mal. Sin embargo, la sentencia anunciaba claramente que Dios pondría enemistad entre la serpiente y la mujer, así como entre sus linajes. Satanás comprendió entonces que sus esfuerzos por corromper la naturaleza humana y tenerla como aliada en su lucha contra Dios, serían frustrados por un poder superior.

La gracia que Cristo derrama en el alma es la que crea en el hombre enemistad contra Satanás. Sin esta gracia transformadora y este poder renovador, el hombre seguiría siendo esclavo de Satanás, pero el poder de Cristo habilita al hombre para resistir al usurpador. Cualquiera que odie el pecado en vez de amarlo, que resista y venza las pasiones que hayan reinado en su corazón, prueba que en él obra un principio que viene enteramente de lo alto. Este poder divino molesta profundamente a Satanás que pensaba someter a toda la raza humana para siempre. No puede soportar que la raza humana sea objeto del amor y la misericordia divina y hace todo lo posible por oponerse al plan divino de la redención del hombre. Su plan consiste en causar dolor, llenar la tierra de miseria y desolación para después señalar como culpable a Dios por todo lo malo que pasa.

Los santos sufrirán persecución

Pablo advierte que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2ª Tim.3:12). La misma enemistad que se manifestó contra el Maestro cuando caminó en este mundo haciendo el bien, se manifestará contra sus seguidores. Vivimos en un mundo caído y los principios bíblicos son rechazados cada vez con más fuerza por aquellos que, sin saberlo, se alejan del único que los podría salvar. Satanás obra constantemente para lograr sus propósitos y “lanza todo su poder al combate”. Siendo un enemigo tan formidable, Elena White se pregunta: “¿Cómo es que no encuentra mayor resistencia? ¿Por qué están tan adormecidos los soldados de Cristo? ¿por qué revelan tanta indiferencia?” Fijaos en la respuesta que ella da a continuación: “Sencillamente porque tienen poca comunión verdadera con Cristo, porque están destituidos de su Espíritu”. Satanás ha conseguido que se le ignore, que no se hable de Él. Pocos son los que son sensibles a la lucha que él tiene contra Cristo y su iglesia.

Lamentablemente, “mientras los hombres desconocen los artificios de tan vigilante enemigo, este les sigue a cada momento las pisadas. Se introduce en todos los hogares, en todas las calles de nuestras ciudades, en las iglesias, en los consejos de la nación, en los tribunales, confundiendo, engañando, seduciendo, arruinando por todas partes las almas y los cuerpos de hombres, mujeres y niños, destruyendo la unión de las familias, sembrando odios, rivalidades, sediciones y muertes. Y el mundo cristiano parece mirar estas cosas como si Dios mismo las hubiese dispuesto y como si debiesen existir”. Conformarse con menos de lo que Dios está dispuesto a hacer en nuestros corazones es peligroso. Mientras que el corazón aún no regenerado ama el pecado y tiende a conservarlo, el corazón renovado aborrece el pecado y está resuelto a resistirle.

Tenemos nuestra victoria en Cristo

Mientras que Satanás trata continuamente de cegar sus mentes para que no lo conozcan, los cristianos no deben olvidar nunca que no tienen que luchar, “contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires” (Ef.6:12). Es cierto que a medida que uno se familiariza con el pecado, este parece cada vez menos repulsivo, pero recordemos que la paga (consecuencia) del pecado es muerte y si “nos colocamos a merced de la tentación, caeremos tarde o temprano”.

Desde los días de Adán hasta los nuestros, el enemigo ha ejercido su poder para oprimir y destruir. Se está preparando actualmente para su última campaña contra la iglesia, pero no temamos: Dios es más poderoso que Él. Elena White concluye el capítulo con palabras de aliento: “Satanás asaltó a Cristo con sus tentaciones más violentas y sutiles; pero siempre fue rechazado. Esas batallas fueron libradas en nuestro favor; esas victorias nos dan la posibilidad de vencer. Cristo dará fuerza a todos los que se la pidan. Nadie, sin su propio consentimiento, puede ser vencido por Satanás. El tentador no tiene el poder de gobernar la voluntad o de obligar al alma a pecar. Puede angustiar, pero no contaminar. Puede causar agonía, pero no corrupción. El hecho de que Cristo venció debería inspirar valor a sus discípulos para sostener denodadamente la lucha contra el pecado y Satanás”.

Autor: Óscar López. Presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

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