Salud

Y dijo Jesús: “Dejad a los niños venir a mí”

Reflexión de la evidencia científica disponible sobre la infancia y la COVID-19.

Reflexión de la evidencia científica disponible sobre la infancia y la COVID-19.

Jesús se dirigía desde Galilea hasta Jerusalén, pasando por Samaria. Se detuvo en Judea junto al Jordán, donde sanaba a las multitudes que le seguían. “Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos” (Mateo 19:13 DHHE). Y el resto de historia la conocemos… ¿Si? ¿Seguro?

“… viendo los discípulos, les reprendieron.”

Era lunes. Los lunes en consulta iban cargaditos. La sala de espera más. Las últimas semanas habían sido intensas en episodios de fiebres, toses y mocos varios… Ya se sabe cómo son los inviernos para los niños: tienen virus y los comparten. Es así. Pero era lunes 9 de marzo de 2020. Y por lo menos había 45 minutos de espera (siendo generosos) en la sala frente a la puerta 3 del Centro de Salud La Garena.

  • Doctora ¿se ha enterado? 
  • ¿De qué? Y dime de tú, por favor.
  • Pues que acaban de anunciar que cierran los colegios ¿no lo sabías?

El tiempo se detuvo sobre las 20h. Y mi cerebro también. Terminé una hora más tarde: tenía alguna ‘peque-paciente’ con neumonía que no podía dejar sin la auscultación de control. Ya estaba mejor, gracias a Dios.

Cierran el cole, cierran el cole, cierran el cole, cierran el cole, cierran el cole… Ese eco martilleaba mi cerebro. Cuánto hubiera deseado escuchar en el altavoz del centro, en ese mismo instante, la voz cálida y asertiva de Jesús: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.” (Lucas 18:16 RVR1960).

Al siguiente lunes y muchos lunes más la sala desesperaba desierta.

Pero Él siempre nos habla, aun de formas que no esperamos. Continuamente nos toma en sus brazos y nos bendice poniendo las manos sobre nosotros. (Marcos 10:16).

“… y tras el fuego, un silbo apacible y delicado.”

El pasado viernes 10 de julio de 2020 sentí nítidamente su ‘silbo apacible’. No fue en un huracán mediático, no fue en un terremoto de titulares, no fue en un fuego de declaraciones a cámara…

En las casi desapercibidas líneas de un artículo en ‘Pediatrics’ (revista oficial de la Asociación Americana de Pediatría) reencontré una paz que solo Dios da. El título propuesto por sus autores, Dr. Benjamin Lee y Dr. William V. Raszka, ambos del departamento de pediatría de la Universidad de Vermont (EEUU), se traduce como: “Transmisión de la COVID-19 e infancia: el niño no tiene la culpa.[1]

El texto se refiere a otro estudio suizo, también publicado en ‘Pediatrics’, sobre una muestra de 4310 pacientes con coronavirus, entre quienes observaron en qué familias hubo casos de niños menores de 16 años con infección confirmada por el virus SARS-CoV2. De 39 hogares evaluados, en solo 3 el caso índice (primer contagio) fue un niño con síntomas que precedían a la enfermedad de los adultos convivientes. En todos los demás hogares, el niño desarrollaba síntomas o bien después o bien de forma simultánea a los adultos de su hogar; lo que sugiere, según el estudio, que el niño no era la fuente de la infección y que los niños adquieren con mayor frecuencia la COVID-19 de los adultos, en lugar de transmitírselo a ellos.

“Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron …”

Entre toda la espiral de emociones complejas y durísimas experiencias de estos meses, necesitamos encontrar un oasis de objetividad que aporte cordura a la opinión; y más, que aporte criterio a cada decisión del día a día, individual o colectiva.

Con el aliento de saber que todavía quedan aquellos cuyas rodillas no se doblaron, podemos reencontrarnos sin prejuicios con el fuego de la evidencia en diversos estudios e iniciativas, que dan la mano a la ciencia, a la razón y, por qué no, a la inspiración.

Hagamos un repaso de la documentación oficial pública disponible:

  • La tercera semana de febrero de 2020 la OMS daba a conocer algunos datos sobre la COVID-19 y la infancia en su informe oficial del grupo de trabajo en China[2]:
    • La tasa de ataque[3] en la población menor de 18 años era relativamente baja respecto a los adultos.
    • Desde noviembre de 2019 hasta mitad de enero de 2020 ningún niño resultó positivo para coronavirus en Wuhan (China), a pesar de presentar síntomas compatibles.
    • Los niños que presentaron infección, fueron detectados rastreando los hogares con adultos previamente infectados. La transmisión intrafamiliar fue muy frecuente.
    • No se identificó ningún episodio de transmisión de un niño a un adulto.
    • A pesar de ello, con los datos disponibles entonces y sin resultados de estudios serológicos (presencia de anticuerpos), el informe reconocía que no era posible determinar el alcance de la infección entre los niños, ni el papel desempeñado por los niños en la transmisión, ni si los niños eran menos susceptibles, o si la enfermedad se manifestaba en ellos de forma diferente.
  • El primer informe científico-técnico del Ministerio de Sanidad del Gobierno de España, hecho público el 10 de febrero de 2020, señalaba que en el inicio del brote en China no se describieron casos entre la población infantil; y posteriormente sí se observó afectación en niños menores de 12 años con sintomatología leve o sin síntomas, relacionados con una “dinámica de transmisión intrafamiliar”, es decir, que tras conocer la afectación en adultos de una misma familia, se determinó que los niños habían resultado positivos.[4]
  • El tercer informe del mismo Ministerio de Sanidad del 17 de marzo, destacaba que en el análisis global del brote de China, la OMS sugirió que “los casos asintomáticos tuvieron poca relevancia en la dinámica de la transmisión.”[5] También definía que los casos asintomáticos eran más frecuentes en niños, aunque eran también susceptibles de padecer la infección como los adultos.
  • En las actualizaciones de dicho informe del 4 y 17 de abril, quedaba manifiesto que “en personas con síntomas leves, más allá de la primera semana tras el inicio del síntomas, la probabilidad de transmitir la infección a otros sería muy baja, incluso cuando el virus aún es detectable mediante PCR.”[6]
  • Por su parte, el documento técnico para el manejo pediátrico en atención primaria[7] del Ministerio de Sanidad del 23 de marzo, afirmaba que “la mayoría de los casos [infantiles] confirmados fueron secundarios a su exposición a contactos familiares.[8] Sin olvidar que el contagio de niños a adultos y de niños entre ellos es posible, lo cual conllevaba la recomendación de que los niños participaran en las acciones preventivas habituales -no excepcionales, ni más intensas- para la contención y protección de la infección.

“… y no se lo impidáis …”

Las luces han estado, pero quizá con poco impulso para superar del todo la oscuridad. La incertidumbre es aliada de la prudencia en la toma de decisiones, aunque a veces lo sea más de la lentitud. A pesar de eso, los médicos aprendemos recursos para el manejo de esa incertidumbre, necesitamos saber gestionarla para las decisiones clínicas. Para ello debemos guiarnos con evidencias científicas suficientes. Aunque la ciencia tiene sus tiempos: debe ser segura, aunque parezca lenta.

Como cristianos además, tenemos al Gran Médico como aliado, al que pedimos incesantemente que ilumine todo lo que aprendemos y practicamos. Y a lo largo de varios meses han ido apareciendo pequeños destellos de estudios en diferentes países. Muchos de ellos se han realizado a partir de muestras pequeñas de pacientes; la principal razón de ello es porque hay pocos niños y menores que hayan enfermado.

Veamos algunos de estos estudios científicos publicados:

  • El 27 de abril, el Dr. Kári Stefánsson, neurólogo islandés, declaraba en una entrevista las siguientes conclusiones sobre el estudio de contagios en la población de Islandia [9]: “Los niños menores de 10 años tienen menos probabilidades de infectarse que los adultos y, si se infectan, tienen menos probabilidades de enfermarse gravemente. Lo interesante es que, incluso si los niños se infectan, es menos probable que transmitan la enfermedad a otros que los adultos. No hemos encontrado ni un solo caso de un niño que infecte a sus padres.[10]
  • Un metaanálisis (investigación que analiza una recopilación de diversos estudios científicos) del 24 de mayo sobre la susceptibilidad y la transmisión de la COVID-19 entre los niños y adolescentes en comparación con los adultos, realizado por investigadores de Reino Unido, Holanda y Australia, concluía que “los niños y los jóvenes son menos susceptibles al SARS-CoV2, con un 56% menos de probabilidades de ser un contacto infectado.[11] El estudio no proporcionaba pruebas sobre la infectividad de los niños, pero asumía -aunque con evidencia débil-, que “los niños y los jóvenes desempeñan un papel menor en la transmisión del SARS-CoV2 a nivel de la población.10
  • Diferentes estudios realizados durante los meses iniciales de pandemia en países como Irlanda[12], Francia[13], China[14], Australia[15], Israel[16] entre otros, muestran que “las pruebas acumuladas y la experiencia colectiva sostienen que los niños, en particular los niños en edad escolar, son factores mucho menos importantes de la transmisión del SARS-CoV2 que los adultos.”1
  • En una entrevista del 27 de julio a la investigadora Joana Claverol, responsable de la Unidad de Investigación Clínica del ‘Hospital Sant Joan de Déu’ en Barcelona, a la cabeza de un estudio pionero a nivel mundial sobre la infección en niños entre 3 y 15 años que está en marcha durante este verano de 2020, declaraba que los niños se contagian menos, contagian menos a otros, tienen menor carga viral si se infectan, tienen menos síntomas (como la tos que expande gotas con partículas víricas) y que “por el momento no hay ningún brote documentado de contagio que haya comenzado a partir de niños y sí, en cambio, a partir de adultos supercontagiadores.[17]

“… porque de los tales es el reino de Dios.”

Como seguramente muchos de los lectores, he pasado literalmente mi vida adulta tratando de llevar los niños a Jesús: Club, Escuela Sabática, mil y un campamentos, mis propios hijos… Sigo queriendo hacerlo ahora como su pediatra. Empatizo con la voluntad de aquellas madres hebreas, comprendo y comparto su empeño. Creía ser una de ellas…

Aunque quizá tenga que reconocerme más como un discípulo al que Jesús revela otra forma de hacer las cosas: desmarcarse de lo establecido, derribar barreras interpersonales e intergeneracionales, cuestionar, indagar, inconformar, desbancar adulto-centrismos, defender los derechos de la infancia y adolescencia, reflejar la luz que Dios da… Un discípulo al que Jesús reclama la cercanía, confianza e ingenuidad en la relación; al que desvela la absoluta gloria de su Reino en la mirada sonriente de un niño.

Yo ya no quiero nunca más impedirles ir. No quiero ser cómplice, ni que nadie se lo impida.

Quiero sentarme con ellos, en brazos de Jesús, y que, como niña, nos bendiga.
Porque, parafraseando la canción de Marcos Vidal: hemos esperado este momento toda nuestra vida.[18]

“Os aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Tomó en sus brazos a los niños y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.” (Marcos 10:15,16)

Autora: Sarai de la Fuente Gelabert. Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Pediatra de Atención Primaria en Alcalá de Henares (Madrid). Vocal de AEGUAE.
Imagen: Photo by Deleece Cook on Unsplash

NOTAS: 

[1] Benjamin Lee, William V. Raszka. COVID-19 Transmission and Children: The Child Is Not to Blame. Pediatrics Jul 2020, e2020004879; DOI: 10.1542/peds.2020-004879

[2] World Health Organization. Report of the WHO-China Joint Mission on Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) http://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/who-china-joint-mission-on-covid-19-final-report.pdf

[3] Tasa de ataque: corresponde al número de personas que presentan una enfermedad, en relación al número de personas expuestas al riesgo de sufrir esa enfermedad; en un período limitado de tiempo y en condiciones especiales como en una epidemia.

[4] Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Ministerio de Sanidad. Informe técnico. Nuevo Coronavirus 2019-nCov. 10 febrero 2020. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/20200210_ITCoronavirus.pdf

[5] Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Ministerio de Sanidad. Informe técnico. Enfermedad por coronavirus, COVID-19. Actualización; 17 de marzo 2020. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/20200317_ITCoronavirus.pdf

[6] Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Ministerio de Sanidad. Información científica-técnica. Enfermedad por coronavirus, COVID-19. Actualización; 17 de abril 2020. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/20200417_ITCoronavirus.pdf

[7] La edad pediátrica en atención primaria en España es hasta los 14 años incluidos. Aunque dependiendo de la Comunidad Autónoma, puede ser hasta los 15 años. En atención hospitalaria la edad se amplía hasta los 16 años. Y en el resto de Europa y para la OMS, la edad pediátrica es hasta los 18 años.
[8] Ministerio de Sanidad. Documento técnico. Manejo pediátrico en atención primaria del COVID-19. Versión del 23 de marzo 2020. http://www.pediatrasandalucia.org/ayupedia/wp-content/uploads/2020/03/WebPage.pdf

[9] D.F. Gudbjartsson, et al. Spread of SARS-CoV-2 in the Icelandic Population. N Engl J Med 2020;382:2302-15. DOI: 10.1056/NEJMoa2006100

[10] Entrevista a Kári Stefánsson https://www.sciencemuseumgroup.org.uk/blog/hunting-down-covid-19/

[11] Russell M Viner, et al. Susceptibility to and transmission of COVID-19 amongst children and adolescents compared with adults: a systematic review and meta-analysis. medRxiv 2020.05.20.20108126; doi:10.1101/2020.05.20.20108126

[12] Heavey L, et al. No evidence of secondary transmission of COVID-19 from children attending school in Ireland, 2020. Euro Surveill. 2020;25(21):2000903. doi:10.2807/1560-7917.ES.2020.25.21.2000903

[13] Danis K, et al; Investigation Team. Cluster of coronavirus disease 2019 (Covid-19) in the French Alps, February 2020 [published online ahead of print April 11, 2020]. Clin Infect Dis. 2020. doi:10.1093/cid/ciaa424
[14] Wu Q, et al. Co-infection and other clinical characteristics of COVID-19 in children. Pediatrics. 2020; 146(1):e20200961

[15] National Centre for Immunisation Research and Surveillance. COVID-19 in Schools – The Experience in NSW. New South Wales, Australia: National Centre for Immunisation Research and Surveillance; 2020

[16] Somekh, Eli MD, et al. The Role of Children in the Dynamics of Intra Family Coronavirus 2019 Spread in Densely Populated Area, The Pediatric Infectious Disease Journal: June 1, 2020 – Volume Online First. doi: 10.1097/INF.0000000000002783

[17] https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200727/482480113741/estudio-casales-sant-joan-de-deu-ninos-transmision-covid.html?fbclid=IwAR05C8Iz1J3EtRTnwEs0tvGceSOhzELNw-AMkVYKciXCLgbl0W_A_8ywB10

[18] Marcos Vidal. Cara a cara. https://youtu.be/YFiuHTnwJw4

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