Lección 7 para el 14 de febrero de 2026: UNA CIUDADANÍA CELESTIAL.
En diversos lugares de sus cartas, Pablo deja claro que no somos ciudadanos de este mundo. Al aceptar a Jesús como nuestro Salvador, nacemos de nuevo. Con este nuevo nacimiento, nos convertimos en ciudadanos del Cielo.
Aunque respetamos y nos sometemos a las leyes y normas de este mundo, nuestro estilo de vida es, en realidad, más amplio, de una moralidad mucho más elevada.
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La ciudadanía celestial:
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Imitar a los fieles (Filipenses 3:17-19)
- Todos tenemos personas que, de un modo u otro, han moldeado nuestra vida o nuestros pensamientos. Tal vez un artista, un deportista, un músico, un cantante. Tal vez un pastor, un predicador, un hermano o una hermana fiel.
- Estas personas «modelo» ¿nos han ayudado a crecer como personas, o a hundirnos en vicios que nunca deberíamos haber probado?
- Pablo nos invita a imitar a aquellas personas cuyos ejemplos nos elevan y nos invitan a ser mejores (Filipenses 3:17). También nos advierte de que, aún entre los creyentes, hay personas que no son dignas de imitar (Filipenses 3:18-19).
- ¿Qué hace la diferencia? Unos solo piensan en lo terrenal, mientras que otros tienen su pensamiento puesto en Jesús. Los buenos modelos para imitar son, a su vez, imitadores de Cristo (1ª Corintios 11:1). En realidad solamente deberíamos ser imitadores de Cristo. De nadie más. Solamente Él es el Modelo, Ejemplo y Maestro.
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La ciudadanía plena (Filipenses 3:20-21)
- Admitámoslo. Los cristianos tenemos un problema: la doble ciudadanía. Somos a la vez ciudadanos de este mundo y ciudadanos del cielo. Esto nos crea graves conflictos (Romanos 7:22-23).
- ¿Cuándo conseguiremos la ciudadanía plena? ¿Cuándo dejaremos de ser ciudadanos de este mundo de pecado? En la Segunda Venida (Filipenses 3:20).
- Cuando seamos resucitados (o transformados), y la muerte no tenga poder sobre nosotros, ¿qué ocurrirá?
- Tendremos un cuerpo físico, y nuestros propios ojos verán a Dios (Job 19:25-27)
- Nuestro cuerpo será espiritual, inmortal e incorruptible (1ª Corintios 15:42-44, 50-54)
- Seremos glorificados (Colosenses 3:4; Filipenses 3:21)
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Hasta que lleguemos allí:
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Armonía y regocijo (Filipenses 4:1-6)
- Concluyendo su carta, Pablo entrelaza algunos saludos personales con consejos prácticos. Pide a Sícigo [compañero fiel] y a Clemente que ayuden a Evodia y a Síntique a vivir en armonía. De todos ellos, colaboradores de Pablo, dice: «Sus nombres ya están escritos en el libro de la vida» (Filipenses 4:2-3 DHHe).
- Los siguientes consejos pueden desconcertarnos: «Alegraos siempre […] No os aflijáis por nada» (Filipenses 4:4, 6 DHHe). ¿Cómo puede ser esto posible en un mundo lleno de problemas y aflicciones?
- Esto es posible porque nuestra alegría es «en el Señor» (Filipenses 4:4a). Sobre Él echamos nuestras ansiedades, seguros de que puede cargarlas por nosotros (Mateo 6:31-34; 1ª Pedro 5:7).
- ¿Y cómo echamos nuestras ansiedades sobre Jesús? A través de la oración (Filipenses 4:6).
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Pensamientos puros (Filipenses 4:7-9)
- El resultado de echar nuestra ansiedad en Jesús y regocijarnos es la paz (Filipenses 4:7). Una paz que el mundo no puede dar ni quitar (Juan 14:27; 16:33).
- Esta paz, según Pablo, será una protección –una guardia– para nuestros sentimientos y pensamientos (Filipenses 4:7b). Para que esta guardia sea efectiva, ¿en qué cosas debemos pensar (Filipenses 4:8)?
- En lo que es verdadero; en lo honesto; en lo justo; en lo puro; en lo amable; en lo que es de buen nombre
- En resumen: «si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8b).
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Contentamiento (Filipenses 4:10-13, 19)
- Estamos alegres; no nos aflige nada; tenemos paz; nuestros pensamientos son puros. Tenemos una vida perfecta y plena… ¿o no?
- Tal vez tengamos prosperidad; tal vez tengamos necesidades o problemas. Si, como Pablo, tenemos la plena seguridad de que Dios dirige nuestras vidas, seguiremos confiados en Él sea cual sea nuestra situación (Filipenses 4:11-12, 19).
- Como Agur, confiamos en que Dios no nos dará más ni menos de lo que sea provechoso para nosotros (Proverbios 30:8-9).
- Cuando vivimos con esta confianza, estamos seguros de que «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
- ¿Qué ocurre cuando no tenemos lo que creemos que necesitamos?
- Pidámoselo al Señor y, si es según su voluntad, Él nos lo concederá (Santiago 4:2b; 1ª Juan 5:14-15).
- No siempre sabemos si lo que pedimos es según su voluntad, pero hay ciertas peticiones que, estamos seguros, siempre son según su voluntad.
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Para meditar:
«Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objetivo en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia». (Elena G. White, Nuestra elevada vocación, 24 de agosto).
Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Zaragoza. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática.



