Espiritual

Un nombre nuevo

Entonces recibirás un nombre nuevo, que el Señor mismo te pondrá. (Isaías 62:2b) Antes se llamaba “Mayordomía” y ahora “Gestión de Vida Cristiana”…

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Entonces recibirás un nombre nuevo, que el Señor mismo te pondrá. (Isaías 62:2b)

Antes se llamaba “Mayordomía” y ahora “Gestión de Vida Cristiana” pero, ¿por qué? ¿Por qué hemos cambiado de nombre cuando toda la vida, vida cristiana, se había llamado así? Pues, simplemente, porque las palabras varían con el tiempo. Algunas se vacían de significado por un extremo uso (a ese efecto se le ha llamado “saciedad semántica”). Por ejemplo, la palabra “verdadera” se emplea tanto y con significados tan variados que se ha convertido en una “stop word” o palabra que ha perdido su sentido. ¡Qué triste! ¿No? Otras se vuelven incomprensibles porque se ha perdido una práctica u oficio que las hacía relevantes. Por ejemplo, la palabra “zoqueta” apenas si se conoce y se puede confundir con una chica “tarda en comprender” cuando en realidad era otra cosa muy distinta. Respondía a una pieza de madera en la que se introducían los dedos de las mano cuando se cosechaba para no cortarse con la hoz. Algunos términos toman nuevos significados. Por ejemplo, la palabra  “mansión” que hasta hace unos cincuenta años significaba la parte de una casa, usualmente donde se descansaba, o una morada. Hoy día apenas si se refiere a una “casa suntuosa”. Otras, curiosamente, se hacen viejunas y nos suenan extrañas. Es el caso de la palabra “mayordomía” que siempre hizo en español referencia al “cargo y empleo de mayordomo” y que la asociamos con ese señor vestido de negro con camisa y guantes blancos al que todos le llaman “Bautista”. Pero mayordomía es, para nosotros, mucho más.

Mayordomía es dependencia, compromiso, responsabilidad, eficiencia y, sobre todo, agradecimiento. Dependencia porque nos permite comprender que el Creador y Propietario del universo es nuestro Dios y que establece con nosotros una relación de afecto. Compromiso porque respondemos a esa propuesta de relación con la disposición de cooperar. Responsabilidad porque gestionar los bienes que Dios nos ha proporcionado implica mucho y somos conscientes de ello. Eficiencia porque las cosas se hacen bien, con cabeza y corazón. Y agradecimiento porque todos los regalos que recibimos de parte del Señor merecen ser valorados en su justa medida.

Como se nos hizo viejuno el término, lo hemos llevado a “chapa y pintura” y nos hemos encontrado con una flamante “Gestión de Vida Cristiana” y con la oportunidad de llenar esta expresión del contenido adecuado. Así, al pronunciarla, pensaremos en diezmos y ofrendas pero, además, en oportunidades, en regalos, en dones y talentos, en palabras de vida, en influencia de todos a todos, en alabanza y gratitud a Dios. Una ocasión única de hacer historia. Nuestra historia.

Por cierto, Dios ya tiene pensado para ti un nombre nuevo. Lo estás construyendo día a día, caminando junto a Jesús. No sé cual será pero, ten certeza de que tendrá plenitud semántica, será actual y útil, y te acompañará por la eternidad. ¡Qué poco queda! ¡Qué ganas de que llegue ya!

 

Víctor Armenteros. Doctor en Teología. Doctorado en Filología Semítica. Máster Universitario en Dirección y Gestión de centros educativos. Responsable del Ministerio de Gestión de vida cristiana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.

Foto: Alex Read en Unsplash

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