Espiritual

Un descanso que a veces cansa

MaPas y Tesoros es un espacio para Mamás, Papás y los tesoros de la casa. Nombre creado para las Asociaciones…

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MaPas y Tesoros es un espacio para Mamás, Papás y los tesoros de la casa. Nombre creado para las Asociaciones Sal y Criar (Madrid), iniciativa que convoca a las familias para un encuentro de diálogo y aprendizaje compartido; y que ahora nos desafía, en este espacio de letras y palabras, a establecer este mismo diálogo y aprendizaje en familia, vosotros y nosotros.

UN DESCANSO QUE A VECES CANSA

Como la propuesta es que leáis MaPas y Tesoros en familia, esta vez tenemos una adivinanza para listos-relistos. Como siempre, con tareas: encontrar la respuesta y hablar en familia de lo que puede significar.

Como pieza de engranaje
Rueda, rueda y siempre llega
Un descanso entre tareas
Que a veces cansa
y no debiera

¿Te doy una pista?
Es uno entre siete
No digo más
O estaré en un brete
(La respuesta está al final del artículo)

Estoy segura que la mayoría de vosotros ha experimentado lo cuesta arriba que se vuelve el inicio del sábado, ya desde el viernes de tarde, cuando tenemos niños en casa. Intentar limpiar, cocinar y preparar la ropa para el día siguiente, hacen que lleguemos al viernes de noche cansados, sin energía, ni capacidad de hacer del culto de recepción de sábado, y si lo hacemos, sin energía ni capacidad para hacer detalles bonitos, dedicados a aumentar la mochila de recuerdos de nuestros hijos.

Y luego, nos arrastramos a la cama, sin posibilidad de meditar, reflexionar o leer, porque solo nos queda fuerza para coger la almohada y “contar ovejas”. Pero nadie se alarme, después de estas horas escasas pero maravillosas de sueño, llegará el sábado, y nos esperan horas de recreación, descanso, meditación y agradables momentos en familia sentados en un confortable sillón o en un precioso bosque plagado de naturaleza. Ah, ¿no?, creo que no es así, ¿verdad? Más bien nos esperarán interminables horas sentados en bancos duros de madera, con suerte forrados con un mini cojín, intentando hacer malabares para que nuestros hijos estén quietos, callados, o despotricando de lo mal criados que están los hijos de los vecinos. Luego vendrán comidas deliciosamente atiborrantes, para (una vez que nos desabrochemos el botón del pantalón) salir corriendo de nuevo a la iglesia para otra sarta de horas sentados en sus “confortables bancos”, luchando sin remedio contra nuestros hijos y su hartazgo por estar encerrados todo el día.

Vale, es verdad, no todos tienen tanta “suerte”. Algunos aguantan estas horas del sábado de mañana, sentados en bancos duros, pero luego la cosa no es tan grave, vienen las “santas” siestas de los sábados de tarde, y las caminatas en solitario, alejados del “mundanal mundo cruel”.

Antes de casarme, muchos antes en realidad, a los 15 años. Leí “Oh no, otra vez es sábado”, de Yara Cerna Young, y me maravilló lo increíble que puede ser para algunas familias el viernes y el sábado con una madre tan organizada como esta mujer. Ahora al escribir este artículo lo he repasado y me he convencido de que lo debo volver a leer, a ver si se me pega alguna de estas extraordinarias cualidades de orden, limpieza y crianza. Yara cuenta, entre muchos tips, que la limpieza de la casa nunca la hace el viernes, ni el jueves, ni el miércoles…En realidad, cada día limpia una parte pequeña, y luego solo enseña a sus hijos a mantener el orden. Idílico. Desde luego un libro para leer. Que por cierto, se puede encontrar online.

Pero ¿qué hay de los sábados de Jesús? ¿Cómo le gustaba a Jesús pasar el sábado?
Bien. No lo sé.

Es cierto que hay muchas referencias a sus sábados, pero no sé cómo hubiese sido un sábado ideal para él. Si escribiesen libros que relatasen nuestros sábados hoy en día, para que estos fuesen a ser leídos como modelos de sábado, tal vez serían confusos. Contarían lo que hacemos, pero tal vez no lograrían contar lo que desearíamos que fuesen.

En el Deseado de todas las gentes, por ejemplo, se cuenta de un sábado en el que Jesús y sus discípulos atravesaron un campo, tenían hambre, como a veces también tienen nuestros hijos en la iglesia después de tantas horas allí sentados, Jesús les dejó coger para comer. Entre los judíos esto estaba muy mal visto, era pecado, sin embargo, él empatizó con el incómodo apetito de sus hijos. Jesús sabía estar por encima de las tradiciones y sabía perfectamente qué era lo prioritario para él.

Es difícil saber con esta misma sabiduría qué es lo prioritario en cada ocasión, pero creo que como padres no nos resulta difícil empatizar con nuestros hijos y sus necesidades.

No sé cuál hubiese sido el ideal para Jesús, tal vez sólo permitió estos detalles transgresores no para sentar cátedra, sino simplemente para aguantar a estos personajes el resto del día (como a veces nos pasa a nosotros con nuestros hijos). A penas alcanzo a entender el sábado que Dios desea. Pero como madre, creo entender su intención, tener al menos un día a la semana para estar juntos y descansar:
Descansar físicamente, cambiar de rutina.
Descansar mentalmente, leer, pensar, ver otras cosas.
Descansar del estrés, parar, respirar, cambiar el ritmo.
Descansar de las preocupaciones y oírle decir “yo sé los pensamientos que tengo hacia ti, pensamientos de bien y no de mal, para daros el fin que esperáis” y entonces “no se turbará vuestro corazón…ni tendrá miedo”.
Descansará…

No me interesa hacer una crítica a nuestras iglesias y discutir si reproducen el sábado como Jesús lo desearía, por que no sé lo que desea hoy a ciencia cierta. Solo me interesa que mis hijas vean el sábado como el mejor día: porque están en familia y con Dios, y porque el ver servir a sus padres y otros creyentes revierta en ellas crecer espiritualmente. Todo lo que se interponga con esto, no será una de mis prioridades.

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