Espiritual

Sobre la esperanza

Ten esperanza, porque el examen final de la salvación no tiene preguntas trampa. No mide tu capacidad, sino tu entrega y tu confianza.

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Ten esperanza, porque el examen final de la salvación no tiene preguntas trampa. No mide tu capacidad, sino tu entrega y tu confianza.

Introducción

Existe un fenómeno lingüístico denominado diacronía que impone su ley a todas las palabras. Hay grandes palabras, que por ser tales, están más expuestas a la melladura del tiempo y variar de significado.

La palabra en su forma material subsiste, pero su significado no es el mismo en boca de uno u otro. Aunque las palabras cambian de no significado sino de sentido: para unos la esperanza es unívoca y para otros sin embargo es equívoca.

Sentidos equivocados de esperanza

1) Esperanza pasiva y resignada. Esta clase de esperanza pasiva se halla estrechamente relacionada con una forma generalizada de esperanza que podría describirse como temporal. El tiempo y el futuro vienen a ser la categoría central. No se espera que ocurra nada en el ahora sino únicamente en el momento siguiente, el día siguiente o el año venidero. La espera pasiva es una forma disfrazada de desesperanza y de impotencia.

2) Hay otra forma de esperanza que adquiere exactamente el disfraz opuesto. Es esa clase de esperanza que se expresa en urgencia y alarma, que no llegan a convencernos debido a su falta de realismo, a su falta de sentido de la estrategia y la carencia amor por los que aún no están a su altura. Se trata de una esperanza (espera) vindicativa, sin encarnación y sin redención. Es una esperanza que fomenta la pugna del Yo y el Tú, extraña al sentimiento de unidad, porque excluye definitoriamente el amor.

La falta de esperanza puede adoptar dos formas: puede ser presunción, y puede ser desesperación. Ambas son formas del pecado contra la esperanza.

  1. La presunción es una anticipación inoportuna, arbitraria, del cumplimiento de lo que esperamos de Dios.
  2. La desesperación es la anticipación inoportuna, arbitraria, del no cumplimiento de lo que esperamos de Dios.

Ambas formas de falta de esperanza, basadas en el cumplimiento anticipado o en el abandono de la esperanza. Se rebelan contra la paciencia de la esperanza, que confía en el Dios de la promesa. Quieren, impacientes, el cumplimiento “ya ahora”.

El desesperar de la esperanza no necesita siquiera presentar un semblante desesperado. Puede ser también la simple y silenciosa ausencia de sentido, de perspectiva, de futuro y de objetivos.

La acusación más dura contra la esperanza no proviene de la presunción o de la desesperación (pues estas dos actitudes básicas del existir humano presuponen esperanza), sino que surge de la conformidad con el presente. Es como el mediodía, cuando el sol está en lo alto y nada arroja.

Lo que es la esperanza

Se trata de aprender de la esperanza. La esperanza no se puede confundir con la simple espera ni puede referirse al deseo de venganza, de que dios haga justicia. Cuando la voluntad, la capacidad y la disposición se orientada al bien, a esto llamamos esperanza.

Así pues, la esperanza es don de Dios y se constituye como virtud porque es una disposición firme y no pasajera. La Carta a los Hebreos la describe como el ancla que mantiene firme la nave ante el oleaje y la impetuosidad del viento. Nosotros, dice, somos beneficiarios de las promesas de salvación y debemos aferrarnos a la esperanza “la cual es como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina (el cielo), donde entró como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo Sacerdote” (Hb 6,17-20).

La esperanza es un estado, una forma de ser. Es una disposición interna, un intenso estar listo para actuar.

Y aunque la esperanza humana derive del concepto aritmético pitagórico donde el tiempo fluye hacia el futuro de acuerdo con el movimiento; sin embargo, cuando el tiempo deja de ser considerado aritméticamente para serlo ahora escatológicamente, entonces todo cobra sentido.

Los dos componentes de la esperanza: deseo y confianza

El primer componente de toda auténtica esperanza es el deseo de algún bien aún no poseído, el deseo de un futuro mejor. El que espera, desea aquello que espera.

El segundo componente es la confianza. La esperanza no es un deseo desesperado, sino confiado.

Estos dos componentes de la esperanza llevan en sí mismos los gérmenes de su propia patología. Cuando el deseo se cree capaz de todo, degenera en presunción. Cuando la confianza azotada por las dificultades y el tiempo se retrae, se convierte en desesperación.

Hay deseos que son espejismos, como el que sufre en el desierto el viajero sediento que «ve» un oasis. La esperanza no es así. Es un deseo confiado a la convicción.

Para una mirada creyente es esperar confiados en la fidelidad de Dios, que es una de las cualidades de su amor. Dios es Amor Fiel. Esta fidelidad es la garantía divina de nuestra confianza y, por tanto, de nuestra esperanza.

Nuestra esperanza se funda, pues, en la memoria de la fidelidad de Dios y de esa memoria brota la esperanza.

Frutos y reflejos de esperanza

La esperanza hace surgir en nosotros una constelación de actitudes emparentadas con ella. Son su fruto y su reflejo práctico.

Alegria

Rm 12, 12: «Vivid alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, perseverantes en la oración». Los tres grandes factores que roban nuestra alegría son la falta de sentido, la falta de amor y la falta de los medios necesarios.

Inquietud

Rm 13, 11-14: «Ya es hora de despertaros del sueño, pues nuestra salvación estáahora más cerca que cuando empezamos a creer». La inquietud bíblica no se identifica con la ansiedad nerviosa, ni con el perfeccionismo, ni con el negativismo. La inquietud nacida de la esperanza es de otro cuño. Nace de una convicción razonada. La razón es parte integrante de la esencia de la esperanza: señala los objetivos, torna lúcido los impulsos, libera de lo ilusorio, guía y orienta la acción.

La razón no puede florecer sin esperanza ni la esperanza puede hablar sin razón. Por ello la esperanza razonada lleva a luchar tanto contra nuestras falsas ilusiones como contra todo derrotismo. El fracaso no es el punto cero o la suspensión absoluta de nuestras aspiraciones, sino una invitación a corregir el camino y a continuar la marcha por otras veredas no transitadas hasta ahora. La esperanza vivida desde la razón lleva a hacer frente al fracaso; más aún, a asumirlo como una etapa irrenunciable dentro del proceso de transformación.

Compromiso

Mt. 25,21 «Bien, criado bueno y fiel; como fuiste fiel en cosa de poca entidad, te pondré al frente de mucho. Entra en el gozo de tu Señor». El trabajo reclamado por la esperanza no es cualquier clase de trabajo. Debe ser un trabajo transformador, es decir orientado a mejorar la realidad. La esperanza vital se expresa como actividad, se traduce en una praxis, se autentifica en el compromiso. No puede ser ciega, muda o pasiva; es activa, dinámica.

Entiéndase bien: no se trata de privilegiar una actividad degenerada o un activismo barato. En absoluto; se trata de una praxis transformadora que incorpora los dos momentos, acción y sabiduría. La esperanza es por naturaleza inconformista; no se conforma con lo dado, con la realidad, sino que entra en conflicto con ella. Confía en el advenimiento de un futuro nuevo, pero no de manera ciega y pasiva, sino comprometiéndose en su construcción. El optimismo que emana de la esperanza nunca es ingenuo, sino militante.

Paciencia

Paul Tillich llega a aseverar que la utopía expresa la esencia del hombre, el fin propio de su existencia. Dirá que la dimensión utópica es consustancial a la persona. Lo utópico discurre en dos vertientes la abstracta y la concreta. Las abstracta no sumerge en la inconclusa ansia de ir siempre más allá, es decir subsiste del fin como un medio y la concreta sella su función en el cumplimento de un fin establecido y por ello proclamado. Hb 10, 32-37: «No perdáis ahora vuestra esperanza, que lleva consigo una gran recompensa. Necesitáis paciencia en el sufrimiento para cumplir la voluntad de Dios y conseguir lo prometido. Porque el que ha de venir, vendrá sin tardanza».

La paciencia nos es necesaria para respetar la lentitud de los procesos de los demás y para tolerar la nuestra. Nos inmuniza (al menos relativamente) ante el impacto de comentarios críticos sobre nuestra persona o nuestra actuación. Nos resguarda de la fatiga y del cansancio amargo y escéptico.

Aprender a esperar

El deseo y el temor, la confianza y la desconfianza conviven y forcejean en el interior de cada corazón humano. Por ello es necesario un proceso de aprendizaje mediante el cual el deseo «domestique» al temor y la confianza se sobreponga a la desconfianza.

Una cosa es estar preparado para que alguien venga, y otra es esperar y aguardar con entusiasmo su venida. Hay cristianos que dicen que están preparados, pero siguen viviendo como si no importara si Cristo viene o no.

  1. La expectación es parte de la preparación.

No se espera lo que no se anhela y ese anhelo lo que nos sostiene a través del tiempo. Lo que nos da seguridad y certeza es su promesa. Hb 9, 28 y aparecerá por segunda vez… para salvar a los que creen en Él. Es tener las maletas listas para el viaje a pesar de la aparente demora.

  1. Es posible emocionarse por la segunda venida, sin entusiasmarse con del Señor que viene.

Una cosa es el evento, mientras que otra es la persona, y sin embargo es Jesús el que hace posible el evento. Una cosa es esperar que suceda algo, y otra cosa es esperar que venga alguien. Sin duda lo más importante del regreso del Señor, es el Señor.

El que se entusiasma con el evento invertirá toda su energía en estructurar el tiempo cosmológicamente, desgastándose en encontrar el momento de su regreso en cada noticia, en cada evento como una señal inequívoca de la segunda venida. Se saciará de textos como pretextos para denunciar la falta de preparación de su pueblo, sin aportar ningún medio, ni ninguna solución. La denuncia, la acusación solo tiene poder redentor cuando viene acompañada de tu presencia, de tu apoyo, de tu estímulo y de tu oración. Cristo nuestro mayor ejemplo, sin duda alguna.

Sin embargo, el que espera a la persona y no el evento ve la venida de Cristo con el cumplimiento diario del deber práctico. Encuentra en Jesucristo el verdadero portador de esperanza. Sólo el Amor de Dios es capaz de hacerse cargo de todos nosotros, de nuestra persona, de nuestro tiempo, de todo cuanto amamos.

  1. ¿Anhelamos la Segunda Venida? ¿Será posible que muy dentro de nosotros nos sintamos tan ocupados con tantas cosas que la Segunda Venida sencillamente no «encaja en nuestros itinerarios» ahora mismo? ¿Es posible que, incluso, estemos buscando en otras partes nuestra «esperanza bienaventurada» (Tito 2.13)?
  2. A Timoteo, Pablo dijo: «Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2a Timoteo 4.8). Y ¿qué es lo yo amo cuando amo? Todo consiste ahora en saber resolver adecuadamente esa simple y ardua interrogación. ¿Es Él al que amas cuando amas o es lo que te dará, lo que tendrás, lo que anhelas, lo que temes? Se trata de lograr una verdadera fruición. Será la relación personal con Dios, vida en un Dios vivo y vivificante.

¿Cómo se espera la segunda venida?

Trampas a evitar en la espera:

No conocemos la fecha

Ni los 6000 años, ni la cronología de Ussher, ni los 50 jubileos. Solo Dios en su preconociendo sabe el día y la hora y no ha considerado relevante para nuestra salvación mostrárnoslo.

No ser más exactos de lo que ha sido Dios.

La revelación nos presenta amplias pinceladas de lo que acontecerá, casi nunca de manera detalla. Muchos incurren en el error de rellenar esos trazos y darle valor de revelación provocando una confusión que acabamos dogmatizando.

Fijarnos más en la tendencia que en los eventos

Cada vez que los declaramos como señales del fin lo único que hemos logrado es minar nuestra esperanza. La tendencia que nos revela la Biblia es que ira de mal a peor.

No añadir nuestras propias ideas

No añadir nuestras propias especulaciones a lo que Dios ha revelado. Interpretar desde el contexto, nunca desde ideas extrañas a él.

Equilibrio

Los extremos en la predicación tienen la misma consecuencia, ser piedra de tropiezo. No predicar de la segunda venida, no anula su cumplimiento, pero si nos determina.

Quizás no predicamos para que no se nos confunda con aquellos alarmistas obsesionados con los eventos. Pero parecer menos puede también hacernos estériles y anular nuestra capacidad de ser sal para la tierra.

Nuestra identificación profética no es garantía de salvación, de hecho, la salvación es más cuestión de relación que de identificación. Muchos abandonarán la iglesia cuando ésta sea señalada.

Algunas recomendaciones:

  1. Mt. 24, 42-45. Nadie conoce el día ni la hora vs 36 sólo el Padre lo sabe, le toca al creyente velar. Mientras los discípulos están preocupados por el tiempo kronos, cuándo y cómo, Cristo lo está por el tiempo kairos por la maduración de la cosecha.
  2. Mt. 24, 45-51. Siervos que esperan a su Señor. Deberes y responsabilidades mientras esperamos. Mt. 24, 45-51. Siervos que esperan a su Señor. Deberes y responsabilidades mientras esperamos. 2 Pedro 3.13-14 es esencialmente este: «Si ustedes creen que Jesús va a regresar, entonces estén en paz entre ustedes».
  3. Mt. 25, 1-13. Las 10 vírgenes. Preparación que hayan hecho para su llegada.
  4. Mt. 25, 14-30. Parábola de los talentos. ¿Qué es la preparación?
  5. Mt. 25, 31-46. La naturaleza de ese trabajo. La esperanza opera activamente en la relación del ser humano al mundo y con el mundo. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne (Romanos 13.11–14).

Conclusión

Me da la impresión de que, igual que cuando nos preparamos para un examen, seleccionamos arbitrariamente aquello que a nuestro entender es lo mas importante. Seleccionamos en base a lo que más nos impresionó, y no siempre en base a lo que profesor resaltó.

Muchos viven la espera resaltando aquello que a ellos les parece interesante, porque no conocen al Padre y piensan que el objetivo del profesor es ponernos a prueba. No hay preguntas trampas en este examen final, el gran objetivo de Dios es Salvarnos y a veces lo olvidamos. El no vino a destruir sino a salvar.

Este examen final no mide tu capacidad sino tu entrega y tu confianza. ¿En que estará basado el examen final?

1 Jn.3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida en que amamos a nuestros hermanos. El que no ama a su hermano permanece muerto.

1 Jn. 4:17 En esto se perfecciona el amor de Dios en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como Él es así somos nosotros en este mundo.

Autor: Francisco Camacho, doctor en ministerio teológico, con especialidad en área de Comunicación Asertiva y Resolución de Conflictos; lleva 19 años en la obra pastoral. Actualmente sirve en las iglesias de Barcelona Sants y Sagrada Familia, y en Figueras, Girona. Está casado desde el 1996 con Eunice Navarro, y tienen dos hijas, Laia (10) y Yael (16). Sermón predicado el 29/10/2020 en ocasión de tomar el cargo pastoral en la iglesia de Figueras (Girona)
Imagen: Photo by chris liu on Unsplash

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