Espiritual

Siete verbos…

Escoger permanecer en Jesús (o no) es elegir, para nosotros y nuestros hogares, entre un camino que nos lleva al SER o un camino que nos lleva al NO SER.

Escoger permanecer en Jesús (o no) es elegir, para nosotros y nuestros hogares, entre un camino que nos lleva al SER o un camino que nos lleva al NO SER.

Semana de oración Conecta 2019.  Reflexión para el 7 de mayo.

Disfruta de la revista completa de esta semana de oración AQUÍ.

Son palabras de Jesús, que salen de su corazón –«de la bondad que atesora en el corazón» (Luc. 6: 45). Nos las dice a cada uno de nosotros, individualmente, y también a nuestras familias.

En estas palabras, que son la base de nuestra reflexión de hoy, encontramos siete verbos magníficos. Ya sabemos que los verbos son el núcleo de una frase. Los verbos expresan muchísimo.

Los que aquí encontramos son:

  • Permanecer
  • Glorificar
  • Pedir
  • Dar
  • Querer
  • Ser
  • Hacer

Permanecer

«Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen…»

En este versículo, una vez más, se nos refiere la necesidad de permanecer. Nosotros vivimos en una sociedad que viene y va en medio de ideas cambiantes, modas, filosofías… Por el contrario se nos exhorta a permanecer, a ser estables, duraderos. Sin permanecer nos diluimos y no somos consistentes ni fiables.

Jesús desea que lo consigamos, y se va a mostrar interesado en que comprendamos cómo podemos lograrlo: a través de sus palabras: «si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros».

Cuando sus palabras son tomadas en nuestro corazón, leyéndolas, reflexionándolas, aplicándolas a nuestra vida, entonces permanecemos en él y él en nosotros. Nuestra vida devocional, personal y familiar, va a ser por tanto fundamental para que esto tome forma de realidad.

Si cada mañana nos acercamos al trono de la gracia, obtendremos una gran convicción de su presencia a lo largo del día, permaneceremos en él y viviremos el día con él.

Pedir

«pedid todo lo que…»

Jesús nos invita a pedir. Eso es porque él quiere dar. Este verbo nos viene a decir que a Dios le encanta darnos todo lo que pueda contribuir a nuestra realización como individuos y como familias.

¡Qué bonito sería si cada mañana pensáramos en Dios como quien nos da, y quiere seguir dándonos, lo que necesitamos!

Querer

«… lo que queráis»

Hay que reconocer que a veces queremos cosas absurdas. Algo importante es comprender que Dios desea que le pidamos bien. Y eso solo lo conseguiremos permaneciendo en él a través de su Palabra. Si no es así, podemos llegar a pedir tonterías («para satisfacer vuestras propias pasiones» [Sant. 4: 3]). Cuanto más permanezcamos en él, más profundas y certeras serán nuestras peticiones.

Pablo asevera que los seres humanos, sin Jesús, nos movemos «impulsados por nuestros deseos pecaminosos» (Efe. 2: 3). Dios nos llama, con nuestras familias, a pedirle «lo bueno, lo que le agrada y lo perfecto» (Rom. 12: 2, LBLA). ¡Él quiere darnos lo mejor!

Hacer

«y se os concederá»

Según la versión RVR1960, «os será hecho». Es este un verbo muy común. Forma parte de nuestra vida cotidiana. Continuamente estamos haciendo algo, afanados en alguna cosa, sea por nuestro trabajo, preocupaciones o necesidades. El verbo hacer nos acompaña desde nuestra edad más temprana. Pero he aquí que en el texto se produce un giro inesperado: «os será hecho». O sea, que quien hará es Dios. Ya Jesús nos había dado, en el capítulo anterior, un dato muy esclarecedor: «Es el Padre, que está en mí, el que realiza sus obras» (Juan 14: 10).

¡Cuántas veces hemos fracasado individualmente y en el ámbito de nuestra familia por querer hacer nosotros, por no dejarle hacer a él! Jesús nos invita a cambiar el sistema, ya que se ha demostrado ineficaz.

Glorificar

«mi Padre es glorificado»

Encontramos un texto realmente esclarecedor en la Epístola de Pablo a los Corintios: «Porque habéis sido comprados por precio, glorificad, pues, a Dios» (1 Cor. 6: 20, RVR1960). Nos habla de la causa por la que debemos glorificar a Dios. Y es que Dios, en su Palabra, nos enseña la relación entre muchas causas y muchos efectos: «Cada uno cosecha lo que siembra» (Gál. 6: 7).

¿Y qué recogemos cuando glorificamos a Dios? Humildad, sabiduría, gozo, gratitud, deseos de servirle… Dios no necesita que le glorifiquemos: «¿Traerá el hombre provecho a Dios? Al contrario, para sí mismo es provechoso el hombre sabio» (Job 22: 2, RVR1960). Cuando un cristiano da gloria a Dios, cuando una familia da gloria a Dios, cosecha cosas valiosas y Dios se goza en ello.

¿Queremos fomentar la humildad, la sabiduría, el gozo, la gratitud, el espíritu de servicio en nuestro hogar? No olvidemos dar gloria y honra a nuestro Creador y Salvador, verbalizando nuestra gratitud y nuestras alabanzas en el seno de nuestro hogar.

Dar

«si dais mucho fruto»

Pero hay algo que glorifica de una forma especial a nuestro Dios: que demos fruto; o mejor dicho, que demos «mucho fruto».

Dios te ofrece su «savia», llena de las mejores propiedades, llena de nutrientes poderosos. Te la ofrece para que puedas tener «vida en abundancia» (Juan 10: 10) y para que puedas compartirla a través de unos frutos que lo van a glorificar. Pidamos a Dios que nos haga fructíferos en nuestra familia y en medio del mundo.

Ser

«mostrando así que sois mis discípulos»

Me gusta que esta secuencia termine con el verbo ser. Es un verbo fundamental que toca la esencia, nuestra verdadera realidad.

Todos somos. Esto es consustancial con el hecho de existir.

Pero, ¿qué somos? Eso es lo que marca todas las diferencias. Jesús desea que seamos sus discípulos, que sigamos su ejemplo, anhelando su carácter.

Y a nivel familiar, una familia que vive el discipulado, que intenta seguir el ejemplo de Jesús, crecerá en su forma de pensar, de sentir y de actuar. Eso es lo que desea Dios para cada una de nuestras familias. Quiere hacer familias a imagen de Jesús, y eso es realmente el cielo en la tierra.

… y un condicional

Los textos que nos han servido de base para nuestra reflexión empiezan con el uso de un condicional: «Si…». Este «si…» nos dice que tenemos opción, que la decisión es nuestra.

Podemos elegir permanecer en Jesús y que sus palabras permanezcan en nosotros (o no), pedirle buscando su voluntad (o no), permitir que sea el protagonista de nuestra vida (o no), dejándole actuar en ella (o no), darle gloria y alabanza con un espíritu de gratitud (o no), ser fructíferos por su gracia en nuestras vidas (o no). En realidad es elegir entre un camino que nos lleva al SER o un camino que nos lleva al NO SER para nosotros y nuestros hogares. ¡Que nuestra elección sea un SÍ firme, decidido, con la mirada fija en Jesús y en un futuro que empieza ya!

DINÁMICA DE GRUPO

Formar grupos de siete personas distribuyéndose entre ellos los siete verbos mencionados, y pedirle al Señor que pueda convertirlos en una experiencia real en cada familia.

Por ejemplo:

1. PERMANECER:

Que permanezcamos en Jesús a través de la Palabra y la oración, dedicando un tiempo diario a la comunión con nuestro Dios.

2. PEDIR:

Que sepamos pedir lo verdaderamente valioso al gran dador de la vida para el crecimiento de nuestras familias.

3. QUERER:

Que pueda el Señor transformar nuestros deseos, nuestros impulsos, nuestra voluntad.

4. HACER:

Que Dios pueda hacer en nuestras vidas todo lo que él desea, y que se lo dejemos realizar a nivel personal y con nuestras familias.

5. GLORIFICAR:

Que nuestra vida sea una vida de gratitud y de alabanza, y que eso sea lo que se viva en nuestro hogar.

6. DAR:

Que demos mucho fruto en medio de nuestro hogar y en medio del mundo.

7. SER:

Que lleguemos a ser los discípulos que Jesús desea, estudiosos de su carácter y siguiéndole junto a nuestros seres queridos.

Autor: Antonio Martínez. Responsable de Familia y 60Plus de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
Imagen: Revista Semana de Oración Conecta 2019