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¿Qué significa, en pleno Siglo XXI, ser una mujer cristiana? Para empezar somos hijas de Dios, compradas por la misma sangre de Cristo, y nuestros ministerios son absolutamente válidos. Muchas hemos sido llamadas por el Señor y contamos con el apoyo de muchos hombres cristianos, aunque no de todos. 

El Señor nos ha llamado también a nosotras a cumplir nuestro deber en la misión de compartir el evangelio. No es una competición entre hombres y mujeres. Debemos trabajar juntos, unidos, con los dones que el Señor nos ha dado, para lograr cumplir nuestro ministerio. Desprestigiar a la mujer, es desprestigiar a la propia iglesia. Rebajarla es contrario al propio cristianismo. Somos un mismo cuerpo y una misma familia en Cristo. Para el Señor la mujer siempre ha sido valiosa.

El pecado nos relegó, a las mujeres, a un segundo lugar del mismo modo que puso a millones de personas de rodillas, en esclavitud, por debajo de otras. ¿Era ese el plan de Dios? ¿Será así en la Tierra Nueva? Sabemos que no.

El plan de Dios para la mujer

vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que deben estar sujetas, como también la Ley lo dice.  Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos, porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. (1 Corintios 14: 34-35) Este texto se usa a menudo (mal) para someter a las mujeres a un lugar que realmente el Señor no desea, olvidando que unos capítulos antes, el mismo Pablo escribía: …todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa. (Gálatas 3:26-29).

Todo texto, fuera de su contexto es un pretexto. Una excusa para decir lo que queremos, en lugar de lo que Dios realmente desea. Debemos ser muy cuidadosos con despojar al texto de su contexto literario, social y cultural. ¿Cuando fue dicho?, ¿por qué fue dicho?, ¿para qué fue dicho? El texto de Pablo sobre el silencio de la mujer en la congregación está perfectamente explicado por el pastor Ángel Manuel Rodríguez en su artículo «1º Corintios 14:34-35. En silencio». En cuanto al de Gálatas 3:26 al 29, habla por sí mismo y creo que todos los cristianos hoy tenemos muy claro que el valor de todas las personas es el mismo para Dios, sin importar la raza o el sexo. Todos hemos costado la sangre de Cristo.

Hombre vs mujer ¿u hombre y mujer?

¿Enfrentados o de la mano? Diferentes pero complementarios. En el principio, antes del pecado, fuimos creados como una unidad. Somos un solo ser dividido en dos. La mujer es parte del hombre, ni inferior ni superior, su complemento perfecto. Por eso el Señor la formó de una costilla de al lado de su corazón y no la hizo de otra materia fuera de él. Algunos opinan que la mujer es inferior porque fue creada después, pero entonces los animales serían más importantes que el propio hombre, y sabemos que no es así. Complementarios. Somos uno. Ahí es donde reside nuesta fuerza, en la unidad.

Dios nos creó complementarios, diferentes, pero con el mismo valor. Sin embargo la mujer hoy vive en inferioridad social, en gran parte del mundo, a causa del pecado. Ese no era el plan de Dios, como tampoco lo fue nunca la esclavitud o la injusticia. Vivimos en un mundo de maldad, pero eso no debería reflejarse en la cultura cristiana. Cristo es nuestro modelo, y Él jamás trató a la mujer como inferior. Cristo respetó su lugar social, igual que respetó la esclavitud y tantas otras injusticias, porque su cometido no era luchar aquí por la justicia social, sino por nuestra salvación y vida eterna.

Los verdaderos cristianos tratan a la mujer con el respeto y el amor con el que Cristo la trató. Podríamos hacer amplias reflexiones sobre Jesús y su trato hacia María Magdalena, o hacia la Samaritana, etc. Un verdadero hombre cristiano amará y respetará a la mujer como el Señor hizo. Las verdaderas mujeres cristianas reflejarán también el carácter de Jesús. 

El hombre cabeza de la mujer

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. (Efesios :5:22-24)

Con mi marido solemos bromear que él es la cabeza, pero ¡yo soy el cuello! y suelo hacerle girar para ver lo que deseo. El hombre es cabeza de la mujer, pero este texto ha sido muy mal utilizado descontextualizándolo y eliminando la segunda parte: Cristo es la cabeza del hombre, y por tanto de ambos. El Señor es quien ejerce el liderazgo. 

Como dice el sociólogo evangélico Julio Córdoba: el propósito original de Dios en la creación fue la equidad entre el hombre y la mujer (Génesis 1:27-28). Tanto el hombre como la mujer fueron iguales en sus funciones al principio:  (fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, etc.). Esta relación de complementariedad entre el hombre y la mujer es la imagen misma de la trinidad (hagamos al hombre: varón-mujer, a nuestra imagen).

De hecho, la palabra “ayuda” que se usa en Génesis 2:18 en la creación de la mujer es “ezer”. Quiere decir “el o la que salva”, “el o la que auxilia/socorre”. Esta palabra se emplea 20 veces en el Antiguo Testamento, y en la mayoría de ellas describe a Dios socorriendo al hombre (Ex. 18:4, Dt. 33:7, 26, 29, Sal 33:20). En ninguna ocasión se emplea la palabra “ezer” asociada a la “subordinación” de la mujer hacia el hombre.

La mujer, «ayuda» del hombre; el hombre, «cabeza» de la mujer

Este autor evangélico y sociólogo, Julio Córdoba, tiene un artículo muy interesante, que te recomiendo leer, titulado: Efesios 5:22-24, el hombre ¿Cabeza de la mujer? Y en el que termina diciendo: Necesitamos restablecer la total y completa equidad hombre-mujer según el propósito original de Dios en la creación. Es un mandato de la Palabra de Dios. La Biblia no hace énfasis en los roles diferenciados del hombre y de la mujer en el hogar. No habla que el hombre tenga autoridad especial sobre su esposa. Todo lo contrario, enfatiza en la necesidad de equidad/igualdad entre ambos porque esta fue la voluntad de Dios antes de la entrada del pecado.

Me gusta mucho ese artículo y, aunque hay algunas puntualizaciones que podría hacerle, tiene mucha verdad. Tengo muy claro que el plan de Dios no fue nunca el sometimiento de la mujer como ciudadana de segunda clase, así como jamás deseo la esclavitud o las injusticias sociales. Como cristianos no debemos perpetuar las consecuencias del pecado, sino luchar en contra. Conocer, respetar y valorar lo que Dios deseaba en el principio, en el mundo sin pecado que creó, y lo que volverá a ser en la Tierra Nueva. Si hombre y mujer serán complementarios en el cielo, diferentes pero iguales, parte uno del otro, un solo cuerpo, un solo ser, como en el principio… yo me pregunto ¿por qué no comenzar ahora?

Complementarios

En la sociedad actual este tema de la igualdad es sumamente convulso, y está profundamente politizado. ¿Es la mujer igual que el hombre? Sí y no. Tenemos el mismo valor, pero fisiológicamente somos diferentes. Prefiero la palabra complementarios, que incluye ese concepto de mismo valor, pero con diferencias enriquecedoras para ambos. Sí, somos complementarios, y eso nos hace igual de valiosos, igual de importantes. Somos uno. Eso es lo que no hemos terminado de comprender: somos una unidad complementaria, y en una unidad no hay primero y segundo porque solo hay uno. 

Eso es lo que el amor hace en la pareja, cuando es verdadero. Nos muestra que somos uno, que necesitamos ayudamos mutuamente, que nos complementamos. Ambas partes viven tratando de hacer feliz a la otra en Cristo, y ese es el secreto del éxito conyugal. Esa es la verdad del tandem hombre-mujer: somos uno, completos el uno del otro, y ambos en el Señor.

Conclusión

Leía recientemente en web del Ministerio de la Mujer de la División Interamericana un texto de Elena G. White: Hermanas, podéis hacer una obra noble para Dios si queréis. La mujer no conoce su poder. Dios no quiso que sus capacidades fuesen todas absorbidas en preguntarse: “¿Qué comeré? ¿Qué beberé? ¿Con qué me vestiré? Hay un propósito más elevado para la mujer, un destino más grandioso. Debe desarrollar y cultivar sus facultades; porque Dios puede emplearlas en su gran obra de salvar a las almas de la ruina eterna. Estas palabras se encuentran registradas en Testimonio 4 página 635, y a través de ellas Dios nos muestra el gran ideal que tiene para las mujeres de la iglesia. Definitivamente Dios espera que todas sus discípulas estén envueltas en la maravillosa tarea de compartir las buenas nuevas de salvación.

Cada mujer debe responder a su llamado

Entonces, preguntas como: ¿es el ministerio femenino de menor importancia que el de los hombres? ¿Pueden las mujeres ser pastoras? etc. encuentran su respuesta en Cristo, en la Biblia, y en Su llamado a cada persona (sin importar raza o sexo). Hay mujeres llamadas a ser madres, otras a ser profesionales, otras ambas cosas, algunas a ser ministras del evangelio. Unas llamadas a puestos de liderazgo, otras a posiciones de apoyo. Todas llamadas a cumplir la misión en la predicanción del evangelio. Exactamente igual que los hombres, no es una cuestión de sexo. Cada mujer debe responder a su llamado. El hombre no tiene potestad para negarlo.

Elena G. White aceptó su llamado, y lo hizo después de que un hombre lo rechazara. Dios la llamó y ella respondió. El Señor sabía que el liderazgo en la sociedad de aquel tiempo hubiera sido mas sencillo para un hombre, pero ella estuvo más dispuesta que él. No tiene que ver con el sexo, sino con la disposición del corazón para hacer la voluntad del Señor.

Cada una de nosotras tiene su misión. Unas serán llamadas a ministrar en sus hogares, en sus comunidades, a sus vecinos… Otras serán llamadas a posiciones de liderazgo, y no son una amenaza para los hombres si ellos comprenden que son compañeras, complementos divinamente inspirados. Igual que ellos de ellas. Otras seremos llamadas a servir en nuestros diversos ministerios. Cada mujer, como cada hombre, debe ser sincera y fiel a su propio llamado.

No todas las mujeres desean formar una familia. No todas quieren tener hijos. Algunas podrán tener familia y servir como líderes; otras preferirán trabajar en su comunidad. El Señor tiene llamados diferentes para cada mujer, como para cada hombre, según sus características y sus dones, no según su condición sexual. Que nadie sea piedra de tropiezo para quienes sean escogidos, o escogidas, por el Señor para una misión, sea cual sea su raza o su sexo. 

Todos, y todas, somos uno en Cristo. Sumemos siempre, en lugar de restar.

Autora: Esther Azón, co-editora de la Revista Adventista y QueCurso.es. Gestora de redes sociales de la Iglesia Adventista en España, y editora de contenidos Web en HopeMedia.es 
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