Lección 9 para el 28 de febrero de 2026: RECONCILIACIÓN Y ESPERANZA.
Después de haber indicado que la cruz de Cristo había reconciliado el Cielo y la Tierra (Colosenses 1:20), Pablo pasa a explicar los efectos prácticos para nosotros de esta reconciliación.
¿Cómo nos ha cambiado? ¿De qué manera había previsto Dios todo esto? ¿Qué podemos hacer para que otros también participen de la reconciliación, y obtengan esperanza?
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Los efectos de la reconciliación
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De malhechores a santos (Colosenses 1:21-22)
- La cuestión es sencilla. La humanidad había traicionado al Creador, vivíamos pensando y haciendo lo malo y, por lo tanto, estábamos condenados a la muerte eterna (dado que rechazamos al dador de la Vida) (Romanos 6:23; Apocalipsis 21:8).
- Por nosotros mismos éramos incapaces de cambiar esta situación, o de pagar por nuestra salvación (Salmos 49:7-8).
- Pero Dios tenía un gran plan preparado para nosotros:
- Murió en la cruz para pagar el precio de nuestro pecado (Romanos 5:8)
- Por la fe, el arrepentimiento y el bautismo, somos liberados de nuestro pecado y estamos sin mancha e irreprensibles ante Dios [gracias a la justificación que, por la gracia, nos regaló Cristo con su vida, muerte y resurrección. Él «pagó nuestro precio» con su sangre] (Romanos 5:10; Colosenses. 1:22).
- Por la obra del Espíritu Santo nuestra vida es transformada gradualmente y somos santos ante Dios [santificación significa «apartados para Él». Como cristianos (seguidores de Cristo), caminamos en sus huellas] (Romanos 8:1; 2 Corintios 5:17).
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Fundados y firmes (Colosenses 1:23)
- Ya hemos sido justificados, estamos siendo santificados, pero el camino no ha terminado aún. Corremos el riesgo de desviarnos y no llegar a la meta. Por eso, Pablo nos aconseja tres cosas (Colosenses 1:23a):
- Permanecer: Ser persistentes, como Pedro lo fue cuando, tras ser liberado de la cárcel, llamó a la puerta hasta que le abrieron (Hechos 12:11-16)
- Estar fundados en la fe: Nuestra fe debe ser sólida, fundamentada en las verdades que hemos aprendido en la Biblia
- Estar firmes en la fe: Debemos ser inamovibles, sin dejar de confiar en ningún momento en la «esperanza del evangelio».
- Ya hemos sido justificados, estamos siendo santificados, pero el camino no ha terminado aún. Corremos el riesgo de desviarnos y no llegar a la meta. Por eso, Pablo nos aconseja tres cosas (Colosenses 1:23a):
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La esperanza
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Llevando esperanza (Col.1:24-25)
- Como vimos, el plan de Dios para nuestra salvación se basa en la muerte de Jesús e incluye nuestra justificación y santificación. Pero faltaba algo importante: de algún modo, tenemos que llegar a conocer este plan para poder aceptarlo. Necesitamos que alguien nos lo anuncie.
- Aquí es donde interviene «la administración de Dios» [la manera que tiene Dios de ordenar las circunstancias, los pensamientos, las personas, etc.], de la cual Pablo era ministro (Colosenses 1:25).
- Pablo se gozaba en formar parte de este plan, aunque esto implicara aflicciones (Colosenses 1:24). Desde su arresto en Roma hasta su muerte, escribió, al menos, siete epístolas de las catorce que se conservan en el Nuevo Testamento.
- Pablo fue una pieza importante en el plan de Dios, y se gozó por ello. Nosotros también podemos ser parte de este plan al llevar a otros al conocimiento de Cristo. ¡Ese es nuestro gozo!
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El misterio de Dios (Colosenses 1:26-27)
- Pablo habla de un misterio que ha sido manifestado a la iglesia después de la resurrección de Cristo (Colosenses 1:26). Hasta entonces, solo se habían tenido algunas vislumbres. Pero, ¿cuál es ese misterio? «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» (Colosenses 1:27).
- Se ideó antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20)
- Se comunicó parcialmente a los ángeles (1 Pedro 1:12)
- Se dio una primera vislumbre a Adán y a Eva (Génesis 3:15)
- Fue revelándose a los profetas (1 Pedro 1:10-11)
- Jesús lo reveló primeramente a los judíos (Mateo 15:24)
- Luego, se reveló plenamente a todos los hombres (Colosenses 1:27)
- Aún quedan etapas por cumplir en el desarrollo de este misterio. Ahora vivimos en la esperanza de ser glorificados. ¡Qué cambio! ¡Qué misterio! Personas pecadoras son justificadas, santificadas y glorificadas por la sangre redentora de Jesús. Este misterio seguirá siendo tema de estudio durante toda la eternidad.
- Pablo habla de un misterio que ha sido manifestado a la iglesia después de la resurrección de Cristo (Colosenses 1:26). Hasta entonces, solo se habían tenido algunas vislumbres. Pero, ¿cuál es ese misterio? «Cristo en vosotros, la esperanza de gloria» (Colosenses 1:27).
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El poder del evangelio
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Anunciando el evangelio (Colosenses 1:28-29)
- ¿Cómo predicaba Pablo el evangelio? El centro de su predicación era Cristo crucificado (1 Corintios 1:23). Una vez que las personas habían aceptado a Jesús, los amonestaba y enseñaba hasta convertirlos en ‘perfectos’ (Colosenses 1:28-29). ¿Cómo lo hacía?
- Les exponía la doctrina y práctica cristianas (2 Tesalonicenses 2:15)
- Les advertía de las consecuencias de rechazar el evangelio (Hebreos 10:25-29)
- Les avisaba sobre los peligros de los falsos maestros (Hechos 20:29-30)
- Un momento… ¿Convertirlos en perfectos? Además, no solo a unos pocos… ¡«a todo hombre»! (Colosenses 1:28b).
- La palabra griega traducida como ‘perfecto’ (teleios) significa ‘maduro’, ‘completo’, ‘plenamente desarrollado’. A medida que el cristiano crece y se desarrolla espiritualmente, percibe mejor la profundidad de la Ley de Dios, y pone su vida de acuerdo con sus requerimientos. Nuestra meta es, pues, ser ‘perfectos’ en Cristo Jesús, el único que es perfecto por sí mismo y en cuál nunca se halló pecado (por eso pudo salvarnos).
- ¿Cómo predicaba Pablo el evangelio? El centro de su predicación era Cristo crucificado (1 Corintios 1:23). Una vez que las personas habían aceptado a Jesús, los amonestaba y enseñaba hasta convertirlos en ‘perfectos’ (Colosenses 1:28-29). ¿Cómo lo hacía?
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Para meditar:
«Contemplando al Redentor crucificado, comprendemos más plenamente la magnitud y el significado del sacrificio hecho por la Majestad del cielo. El plan de salvación queda glorificado delante de nosotros, y el pensamiento del Calvario despierta emociones vivas y sagradas en nuestro corazón. Habrá alabanza a Dios y al Cordero en nuestro corazón y en nuestros labios; porque el orgullo y la adoración del yo no pueden florecer en el alma que mantiene frescas en su memoria las escenas del Calvario». (Elena G. White, El Deseado de todas las gentes, pág. 616).
Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Zaragoza. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática.



