Lección 3 para el 18 de abril de 2026: ORGULLO VERSUS HUMILDAD.
¿Cuánto valgo? ¿Difícil de responder?
Si digo que mucho, porque creo que todo lo que soy y tengo lo he conseguido por mí mismo; estoy siendo orgulloso, porque no es cierto. Todo lo que tengo y soy viene de Dios, el Creador de todo lo que existe. Mis dones son, en realidad, suyos.
¿Y si digo que nada? Entonces carezco de autoestima y necesito aprender a verme con los ojos de Aquel que me creó. Debo amar a los demás como a mí mismo. Además, seguro que, al menos, Él me ha dado un don. Y ese don, puesto a Su servicio, puede valer muchísimo.
Entonces, tal vez podría decir que mucho. Valgo muchísimo, pero no es mérito mío. Mi valor es enorme porque Dios me considera su hijo y mi precio ha sido la sangre de Cristo. Todo lo que soy viene de Dios. No soy yo, es Él. 
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Ejemplos de orgullo
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Lucifer
- Si hablamos de orgullo, tenemos que hablar de aquel en quien nació por primera vez este sentimiento: Lucifer. Decidió no contentarse con su posición, sino que quiso ascender a un puesto más elevado. Con el tiempo quiso ser tan exaltado que deseó ocupar el trono mismo de Dios (Isaías 14:12-14).
- Nosotros hemos «heredado» el deseo de hacer lo que nos plazca, poseer lo que nos apetece y ganar posiciones que nos permitan adquirir fama o riqueza. ¡Eso es lo que el mundo nos ofrece! (1 Juan 2:16).
- Pero no toda aspiración es orgullo. La satisfacción obtenida por un hijo que prospera, o la aspiración personal, no son necesariamente orgullo malsano.
- Lo importante es que recordemos que nuestras posesiones, habilidades y logros no determinan nuestro valor.
- El orgullo consiste en no tributar a Dios la gloria por lo que Él hace en nuestra vida.
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Los discípulos de Jesús
- Habían pasado más de tres años al lado de Jesús. Él acaba de lavar sus pies, y les había hablado de Su sangre derramada por todos. Sin embargo, mientras cenaban, su conversación nada tenía que ver con todo esto: ¿quién de ellos sería el mayor? (Lucas 22:24).
- Su orgullo les hacía creer a todos que eran meritorios del primer puesto. No percibían la gravedad de sus sentimientos. Estaban alejando a Dios de su corazón a causa de su orgullo.
- Jesús fue directo al grano: «Yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lucas 22:27). En otras palabras: si quieres ser grande como tu Maestro, sirve a los demás.
- Nuestro orgullo nos dirá que merecemos ser servidos por los demás (somos mejores que ellos). Necesitamos la gracia de Dios para convertirnos en servidores humildes.
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Ejemplos de humildad
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El publicano
- Un fariseo le decía a Dios las buenas obras que hacía y los méritos que tenía ante el Cielo. Pero Jesús dijo que «oraba consigo mismo», y no con Dios (Lucas 18:11-12). Un ejemplo perfecto de orgullo.
- Un publicano le pedía a Dios ayuda, pues era pecador (Lucas 18:13). Al presentarse humildemente ante Dios, «descendió a su casa justificado», porque «cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido». (Lucas 18:14).
- La verdadera humildad comienza cuando reconocemos nuestro pecado y pedimos la ayuda de Cristo. Entonces…
- No miraremos a los demás como inferiores (Filipenses 2:3).
- No buscaremos el reconocimiento público (Lucas 14:7-11).
- Dejaremos que sean otros los que nos den el reconocimiento (Proverbios 27:2).
- Recibiremos la gracia de Dios (Santiago 4:6).
- Impartiremos esa gracia a los demás (1 Pedro 4:10).
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Moisés
- Moisés fue instruido como el siguiente faraón de Egipto. Era un gran estratega y tenía mucha capacidad intelectual (Hechos 7:22). A los 40 años, decidió dejar todo esto a un lado y unirse a su pueblo (Hebreos 11:24-25).
- ¡Era el libertador! ¡Su poderoso brazo liberaría a sus hermanos! Craso error. Dios no podía usarlo mientras ostentase tanto orgullo.
- Otros 40 años en comunión con Dios en el desierto hicieron de él un hombre muy humilde (Números 12:3). Ahora pudo ser usado por Dios para enviar plagas; cruzar el mar; recibir los diez mandamientos; hablar directamente con Dios; golpear la roca… Incluso, pudo aceptar humildemente el castigo por su acto de soberbia, al otorgarse los méritos de lo que hacía (Números 20:10-12).
- El ejemplo de Moisés nos muestra que la humildad no surge espontáneamente en nosotros, sino que debemos pedir que Dios nos imbuya de ella cada día.
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Jesús, el ejemplo perfecto
- Nadie en este mundo ha tenido —ni tendrá jamás— la grandeza que Jesús tenía antes de encarnarse. Pero renunció a todo por amor a nosotros. Ante tal humillación, palidece todo lo que tenemos, lo que somos o lo que podamos llegar a ser.
- Jesús renunció al Cielo para morir por la humanidad con la esperanza de que comprendiéramos su acto de gracia y respondiéramos a su invitación a relacionarnos con él (Filipenses 2:5-8). Es, sin duda, el ejemplo perfecto de humildad.
- Siguiendo Su ejemplo, «nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:3-4).
Para meditar:
«En el amor al yo, la exaltación propia y el orgullo, hay gran debilidad; pero en la humildad hay gran fuerza. Nuestra verdadera dignidad no se mantiene cuando más pensamos en nosotros mismos, sino cuando Dios está en todos nuestros pensamientos, y en nuestro corazón arde el amor hacia nuestro Redentor y hacia nuestros semejantes. La sencillez de carácter y la humildad de corazón darán felicidad, mientras que el engreimiento producirá descontento, murmuraciones y continua desilusión. Lo que nos infundirá fuerza divina será aprender a pensar menos en nosotros mismos y más en hacer felices a los demás». (Elena G. White, Testimonios para la iglesia, tomo 3, pág. 523).
Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Zaragoza. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática.


