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Artículo final para la asignatura de Evangelios del profesor Roberto Badenas. Enviado para su publicación en la Revista Adventista, como parte de los programas de extensión de la Facultad Adventista de Teologogía de España. Con la anuencia del decano Víctor Armenteros.

Introducción

«Contacto, con tacto»

—¡Mamá, mamá, allá vienen los adventistas!
—¡Corre hijo, trae un paño, voy a limpiar el cuadro de la virgen!

Así respondió la señora al aviso de su hijo. Ella comenzaba a dudar acerca de si había sido una buena idea haber aceptado el ofrecimiento de estudiar la Biblia con estos protestantes. Realmente, no estaba interesada, solo quería parecer amable.

—Buenas tardes, doña Tomasina —así se llamaba—. ¿Cómo está usted?
—Hola, don Martínez, estoy muy bien, gracias a Dios y a la virgen por supuesto.

Esto lo decía mientras limpiaba y besaba el cuadro de la virgen María que colgaba en un lugar especial de la casa. En realidad, era una estrategia dirigida a provocar una discusión con sus visitantes, que le diera la oportunidad de anular su acuerdo de estudiar la Biblia con ellos. No obstante, su plan se vio frustrado con la respuesta del señor Martínez y su acompañante:

—Nos alegra saber que usted es una mujer devota de la virgen María. ¡Ojalá todos aceptáramos el plan de Dios, así como ella!
—¡Así es, don Martínez! —contestó Tomasina con una mezcla de chasco y sorpresa, pues se suponía que esa sería una estrategia infalible para librarse de esos protestantes que, según había escuchado en la misa, odiaban a la virgen María, la “madre de Dios”—.

El señor Martínez mostró una gran madurez espiritual al respetar las creencias de Tomasina. Esto le permitió no cerrar la oportunidad que se presentaba de mostrarle el mensaje bíblico. Quizás no lo conocía, pero puso en práctica el principio de evangelismo que escuché del veterano pastor Rafael Calonge: “Contacto, con tacto”.

María de Nazaret

Acerca de María de Nazaret pocos datos tenemos de su carácter, pero el ser elegida de entre todas las mujeres para servir de madre al Mesías, deja suponer que destacaba por una serie de virtudes que la hacían idónea para esa grave responsabilidad. [1]

En Palestina, el lugar que ocupaban las mujeres era inferior. Durante la oración de la mañana, el judío le daba gracias a Dios porque no le había hecho ‘gentil, ni esclavo, ni mujer’ [2]. En algunas familias, una mujer judía era poco más que un esclavo. [3] De hecho, la mujer estaba obligada a obedecer a su marido como a su dueño. [4]

Este fue el contexto social en el que nació María, una descendiente de la tribu de Judá de la familia de David. Nada se sabe acerca de sus primeros años en Nazaret de Galilea. De todos modos, así como el árbol se conoce por los frutos, al estudiar el registro bíblico podemos advertir algunos rasgos de su personalidad que dejan ver las virtudes que adornaban su carácter. Una ventana a la comprensión de su persona y legado.

Este artículo tiene como propósito iluminar la historia de María, tal cual nos la muestra la Escritura, resaltando sus virtudes; a fin de aumentar la comprensión de su testimonio. Se pretende fortalecer la equidad y ponderación en el trato de este tema frente a otros cristianos y deducir de su ejemplo lecciones válidas para la vida espiritual.

La responsabilidad de un gran privilegio

El primer relato que la Biblia nos cuenta acerca de María se ha llegado a conocer como “La Anunciación”. Este evento, registrado en Lucas 1, ocurrió en algún momento del último lustro del siglo I a. C. El ángel Gabriel, quien siglos antes había explicado la profecía a Daniel (Daniel 9:21-22), había sido designado para anunciar el cumplimiento de la promesa mesiánica. ¡Alégrate, favorecida de Dios! ¡El Señor está contigo! (Lucas 1:28) fueron las primeras palabras del divino emisario.

El mensaje del ángel demuestra la alta estima en la que Dios tenía a esta joven anónima de Nazaret, pueblo del cual se decía entre los judíos: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” (Juan 1:46). Es que “la gente sólo presta atención al aspecto de las personas, pero el Señor ve su corazón” (1 Samuel 16:7; PDT).

Quizás compartes con María no ser reconocida/o por tu fama o riqueza. No obstante, puedes tener la certeza de que eres muy amada/o a los ojos Dios. De la misma manera que Dios nos mira, la Escritura nos quiere enseñar a mirar a los demás, a no considerar a nadie como inferior por su apariencia u origen.

Las palabras del ángel dejaron perpleja a María. Quizás, como el resto de las mujeres judías de la época, no estaba acostumbrada a los halagos. De todos modos, la indicación del ángel logró disipar cualquier sentimiento de inferioridad o temor: María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. (Lucas 1:30; DHH).

Madre de Jesús

Las siguientes palabras del ángel trasformarían para siempre a esta joven campesina. Vas a quedar embarazada, y darás a luz un hijo, al cual pondrás por nombre Jesús. Un hijo que será grande, será Hijo del Altísimo. Dios, el Señor, le entregará el trono de su antepasado David, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin. (Lucas 1:31-33; BLPH).

Asombrada, María preguntó: Yo no tengo relaciones conyugales con nadie; ¿cómo, pues, podrá sucederme esto? (Lucas 1:34; BLPH). Las lógicas palabras de María fueron respondidas por el ángel con una explicación, más o menos detallada, de la forma en la que Dios obraría la milagrosa concepción.

El cuidado de Jesús en sus años de infancia, que es probablemente la más relevante responsabilidad otorgada a persona alguna, fue confiada a una mujer desconocida para la opinión pública, pero que había demostrado su fidelidad en lo secreto, en las cosas pequeñas. Nos recuerda las palabras de Jesús: El que es fiel en lo muy poco también es fiel en lo mucho, y el que en lo muy poco es injusto también es injusto en lo mucho. (Lucas 16:10).

Ser fiel en lo poco es un principio que debemos aplicar no solo en el aspecto espiritual, sino también en todos los ámbitos de nuestra vida. Cada día se presentan microoportunidades que, al ser aprovechadas, desarrollarán actitudes y habilidades que nos prepararán para tareas mayores. A menos que nos acostumbremos a identificar y a explotar estas microoportunidades que Dios nos ofrece, no seremos capaces de reconocer y mucho menos aprovechar otras mayores.

He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. (Lucas 1:38), fue la espontánea respuesta de la joven virgen. Esta aparente espontaneidad fue el resultado de un corazón ejercitado en el servicio. María había desarrollado una fidelidad anónima, aquella que no espera ser reconocida, que no busca el aplauso de los demás, esa que trabaja en lo secreto, pero que Dios recompensa en público.

¡Un terrible descuido!

No cabe duda de que el relato de María que recoge el registro bíblico nos muestra a una mujer virtuosa. Aun así, como toda hija de Adán, era imperfecta y dependiente de la gracia del Espíritu para cumplir con su divino encargo. Un ejemplo de su humanidad lo encontramos en el capítulo 2 del Evangelio de Lucas donde se registra el extravío de Jesús en Jerusalén. Para comprender la magnitud de la gravedad de este hecho, debemos conocer los peligros que podían enfrentar los asistentes a las fiestas anuales en Jerusalén.

Cada año, judíos de toda la nación, y de la diáspora, peregrinaban a Jerusalén para celebrar alguna de las tres fiestas religiosas: la Pascua, el Pentecostés y los Tabernáculos, según se establecía en la Torah (Éxodo 23:14-17; Deuteronomio 16:16; Levítico 23:4-8). [5]

José de Nazaret, padre terrenal de Jesús, subía en la fecha marcada a Jerusalén para celebrar la Pascua. No obstante, aquella ocasión no era como las demás, la felicidad característica del peregrinaje [6] era acentuada esta vez por la presencia de Jesús, quien, cumplidos sus doce años, se sumaba por vez primera a la compañía, a la edad en la que la tradición judía celebra el Bar Mitzvá [7]. Además, los acompañaba María, quién, aunque no tenía la obligación de asistir a las fiestas anuales en Jerusalén [8], no se perdería la oportunidad de acompañar a su hijo en su paso a la adultez religiosa.

Peligros

Sin embargo, el regocijo, que de seguro marcaba aquellos días de peregrinación, fue repentinamente interrumpido durante la marcha de regreso al percatarse José y María de que el querido iniciado no estaba entre ellos. ¡Terrible descuido! Horribles presagios se apoderaron de los desconcertados padres. El niño cuya vida había sido objeto de persecución desde su infancia, ahora se encontraba vulnerable a las ignominiosas intenciones de cualquier malhechor. [9]

Sus temores eran bien fundados, familias enteras iban a Jerusalén [10]. Multitudes abarrotaban la ciudad. El teólogo Joachim Jeremías estima en 125.000 los peregrinos que asistían a Jerusalén para celebrar la Pascua. Esto unido a los 55.000 habitantes de Jerusalén en aquel momento, sumaban 180.000 personas que se apretujaban en la ciudad santa durante la festividad. [11] De esta manera se daban las condiciones para “los desórdenes que fácilmente pueden generarse en las grandes aglomeraciones”.[12]

Entre los peligros que asaltaron la cabeza de los angustiados padres podemos mencionar: muerte a causa de estampidas. [13] Disturbios provocados por extremistas, [14] entre ellos los zelotes quienes concebían como un deber ineludible celebrar las santas festividades. [15] El bandolerismo que reinaba en los caminos de acceso a la ciudad y que provocaba frecuentes noticias acerca de atracos a los comerciantes. [16] También cabe destacar la realidad topográfica de Jerusalén que estaba caracterizada por profundos barrancos. [17] Además, debemos mencionar el peligro de ser raptado y vendido como esclavo. [18] “En Roma los esclavos […] apuestos, bien enseñados y educados alcanzaban los 4.000 dólares”. [19]

El reencuentro

Después de tres días angustiosos de búsqueda, finalmente hallaron el niño sano y salvo en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas (Lucas 2:46). El relato muestra las palabras de reproche de María, una madre angustiada que intentaba entender lo que había pasado.

El cuidado de Jesús en sus años de infancia, como en toda familia, era un deber sagrado para sus padres. José y María, con su actitud negligente, habían expuesto a Jesús a graves peligros, [20] por lo tanto, este descuido de su deber podría considerarse un pecado de José y María.

En medio de aquella situación de peligro, el niño comprendió que no había mejor, ni más seguro lugar para estar, que en el templo. Hago mía la oración del profesor Roberto Badenas: Si alguna vez pierdes a tu hijo, deseo que lo encuentres en el templo.

Cada cristiano comparte con María su responsabilidad de no ‘perder’ a Jesús en su recorrido por el camino de sombra y de muerte que muchas veces es esta vida, porque, como bien dijo el Maestro: Separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15:5).

El pecado en nuestra vida, el poco deseo de leer la Biblia y orar, entre otras, son evidencias de que hemos perdido a Jesús en el camino. Es por esto por lo que quizás más de una vez tengamos que hacernos la pregunta: ¿Dónde habré dejado a Jesús? Pese a todo, de María aprendemos que debemos volver a buscar su presencia. Como bien apunta Elena White, aunque pueden pasar varios días de búsqueda angustiosa, seguramente le hallaremos, y recobraremos la paz perdida. [21]

El gran legado de María

Dieciocho años después, en las bodas de Caná de Galilea, [22] una situación de necesidad hizo resaltar otra vez la fe de María, quien quizás ya era conocida como “la viuda de José”. [23] Y como faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: -No tienen vino-. (Juan 2:3). María manifestó ser una mujer solícita ante las necesidades ajenas. Aunque quizás un poco impaciente en su natural orgullo materno de que su hijo muestre que es el Ungido de Dios. [24]

Ante la petición de su madre, Jesús respondió:
¿Qué tiene que ver eso conmigo y contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. (Juan 2:4). Para muchos, el hecho de que Jesús se refiriera a su madre con la expresión “mujer” es estimado como una desconsideración. Pero no es así.

El término [griego] γύναι (‘gynai’), “mujer” […] es usualmente un título de respeto. Está en armonía con la importancia asignada en el judaísmo al honor debido a los padres. Al usar esa expresión, Jesús establece un grado de distancia entre él y su madre tal y como se muestra en… [los evangelios]. [25]

No obstante, a la aparente negativa de Jesús, María obró por fe como si la respuesta de Jesús hubiese sido positiva. En su mandato a los que servían, encontramos la mayor enseñanza de esta mujer, y lo que viene a ser su gran legado: Hagan todo lo que él les diga. (Juan 2:5).

Deja claro que ella, como madre, no puede ordenar un favor de Jesús simplemente en virtud de su relación de parentesco con él. Tal vez, como Agustín [de Hipona] sugiere, ella tenía que aprender que su relación con Jesús como discípula era más importante que su relación con él como madre. [26]

Las palabras de María a los que servían, hagan todo lo que él les diga, nos recuerda la Gran Comisión evangélica dada por Jesús: Vayan y hagan discípulos de todas las naciones […], enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado… (Mateo 28:19-20). El corazón de la Gran Comisión es la enseñanza a los demás de la fidelidad total a Jesús.

Como María, también es nuestro llamado indicar a otros que muestren su amor a Jesús siendo fieles en todo lo que Jesús ha mandado a observar (Juan 14:15) incluyendo los diez mandamientos (Mateo 5:17-19). El cristiano sabio encontrará en Juan 2:5 la oportunidad para mostrar a los que profesan gran respeto por María, la necesidad de ser fieles a toda la enseñanza del gran Maestro, no olvidando, que «el tacto es la habilidad de lograr que el otro vea la luz sin hacerle sentir el rayo”. [27]

Una fiel discípula

María estuvo presente al pie de la cruz (Juan 19:25). ¿Dónde quedaron las palabras del ángel?: Un hijo que será grande […]. Dios, el Señor, le entregará el trono de su antepasado David, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin. (Lucas 1:32-33; BLPH). Más bien, este era el cumplimento de las palabras del anciano Simeón quien, cuarenta días después del nacimiento del niño, le dijo a la madre: una espada traspasará tu misma alma. (Lucas 2,35). ¿Cómo podían comprenderse estas dos profecías aparentemente irreconciliables?

La resurrección y ascensión, lo mismo que para los discípulos y los hijos de José, marcaron un punto de inflexión en la comprensión de María del ministerio mesiánico de Jesús. Ya no lo consideraba tan solo como su hijo, lo aceptaba como su Salvador. Este era el último eslabón de una larga cadena de eventos que esta madre de Nazaret atesoraba en su corazón desde el día del anuncio del ángel Gabriel.

Así llegamos a la última mención de María que hace la Biblia. [28] Fue con ocasión de otra de las fiestas anuales judías, esta vez la de Pentecostés cuando, junto a otros ciento veinte discípulos y discípulas de Jesús, María esperaba el cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo. Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. (Hechos 1:14). Era una mujer de oración y llegó a ser una fiel seguidora de Jesús.

Aquella mujer que en algún momento se unió a los hijos de José para intentar disuadir a Jesús de su misión (Marcos 3:31), ahora se unía a estos y a sus discípulos para esperar el cumplimiento de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo.

En este relato, María es distinguida de las otras ‘mujeres’ [al ser la única mencionada por nombre], pero de una manera que excluye la idea de que ella tuviese preeminencia alguna sobre los discípulos. La hallamos con los demás en oración dirigida a su Hijo glorificado. [29]

Conclusión

Al finalizar nuestro estudio sobre la vida de María reconocemos su fidelidad anónima, su espontanea disposición al servicio, su fe decidida y su entrega total a la misión del Maestro. Estas virtudes eran y siguen siendo altamente valoradas por Dios. Su ejemplo, al igual que José, el hijo de Jacob, Daniel, Ester y muchos otros, es motivo de inspiración y un modelo a seguir para todos hoy.

Es importante profundizar en una comprensión integral del mensaje bíblico. La Biblia nos motiva a seguir el legado cristocéntrico que encontramos en María, un llamado muy especial: Hagan todo lo que él [Jesús] les diga (Juan 2:5).

Volviendo a nuestra historia inicial, el tacto y sabiduría que mostró el señor Martínez abrieron las puertas del mensaje adventista a toda una familia. Poco tiempo después de finalizar los estudios bíblicos, por la gracia de Dios, la señora Tomasina, junto a su esposo y sus doce hijos se bautizaron en la iglesia adventista local. Tengo que confesar, como autor, que me identifico totalmente con esta historia y el trabajo misionero del señor Martínez, pues la señora Tomasina fue mi abuela y aquel niño que dio el aviso es mi padre.

Autor: Luis Rafael Fajardo, estudiante de la Facultad Adventista de Teología de Sagunto (España).
Imagen: Photo by Phil Hearing on Unsplash

NOTAS:

[1] Roberto D. Badenas, “La familia de Jesús”, en Vida y enseñanzas de Jesús, ed. por Roberto Badenas y Davide Sciarabba (Berrien Springs, MI: CHADT, 2020), 141.

[2] William Barclay, Comentario Al Nuevo Testamento, Tomo 4 (Barcelona, España: Editorial CLIE, 1994), 15.

[3] Ver Joachim Jeremías, Jerusalén en tiempos de Jesús (Madrid, España: Ediciones Cristiandad, 2017), 460.

[4] Ibídem.

[5] Las fiestas son las siguientes: 1) La de los panes sin levadura (Éxodo12,15–20; Levítico 23,5–8), que celebra el éxodo de Egipto [primavera]; 2) la de la siega, llamada generalmente fiesta de las semanas […] o Pentecostés [verano][…] y 3) la de la cosecha final, llamada la fiesta de los tabernáculos o de las enramadas [otoño] (Levítico 23,34–43). Ver comentario de Éxodo 23,14 en La Biblia de las Américas de estudio 2000.

[6] Examinar Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 120.

[7] Al respecto el profesor Badenas indica: “Se supone, a partir de la tradición de la celebración de la mayoría de edad espiritual a los 12-13 años, que Jesús asume allí por primera vez su condición de ‘hijo del mandamiento’ (Bar Mitzvá), y se responsabiliza personalmente de sus deberes religiosos (Lucas 2,41-42)”. Badenas, «La familia de Jesús«, 143, nota 9.

[8] Ver Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 464.

[9] Ver Lucas 2,43-46.

[10] G.J. Wenham et al., Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno (El Paso, Tx: Casa Bautista de Publicaciones, 2003), 1022.

[11] Ver Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 114.

[12] Flavio Josefo, “Las guerras de los Judíos”, Libro II (Barcelona: Editorial CLIE, 2003), 125-126.

[13] En una Pascua celebrada entre los años 48 y 52 d. C., debido al pánico, fueron aplastados 30.000 personas. Examinar Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 120.

[14] En la Pascua del año 4 a. C., los soldados de Arquelao mataron a 3.000 personas. Ver Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 120.

[15] Ver Ibíd., 108.

[16] Ibíd., 54.

[17] Ver Ibíd., 80.

[18] El comercio de esclavos era común, tener un esclavo instruido era considerado un lujo. Analizar Jeremías, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 55, 78, 435 y 436.

[19] Harold W. Johnston, La vida en la antigua Roma (Madrid: Alianza Editorial, 2010), 104.

[20] Ver Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Buenos Aires, Argentina: ACES, 2007), 43.

[21] White, «El Deseado de todas las gentes«, 45.

[22] Se piensa que se trata de ‘Kirbet Qana’, a unos 13 km al norte de Nazaret […].  Caná significa “el lugar de cañas”. Abundan las cañas en pantanos cerca de Kirbet Qana, y allí se han encontrado fragmentos de alfarería que datan de los tiempos romanos. CBA Juan 2:1

[23]Al respecto, en su reseña de Lucas 2,51, el Comentario Bíblico Adventista establece: “Durante aquellos 18 años Jesús [entre la edad 12 a 30 años] fue conocido por los vecinos como “el carpintero” de Nazaret (Marcos 6,3) y el “hijo del carpintero” (Mateo 13,55).  José murió en algún momento de los 18 años mencionados, pues al terminar ese tiempo se habla de la “carpintería que había sido de José” (DTG 84; cf. 118-119).  La última referencia bíblica indirecta a José en el relato de la vida de Cristo se halla en Lucas 2,51”.

[24] Badenas, “La familia de Jesús”, 144.

[25] Héctor O. Martín F., “El ministerio de Jesús en Judea”, en Vida y enseñanzas de Jesús, ed. por Roberto Badenas y Davide Sciarabba (Berrien Springs, MI: CHADT, 2020), 269.

[26] Ibíd., 270.

[27] Esta frase se atribuye a Henry Kissinger.

[28] Es digno señalar que el Evangelio de Lucas es el libro de la Biblia que más hace referencia a María. No es de sorprender que la última mención a la madre de Jesús también aparezca en un libro del mismo autor.

[29] Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown, Comentario exegético y explicativo de la Biblia tomo II: El Nuevo Testamento (17ª ed., El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 2002), 238.

 

4 comentarios

  • Zocer dice:

    Hola : felicitaciones muy interesante reflexión sobre Maria la madre de Jesús como un ejemplo de discipulado y la importancia de enfocar temas polémicos con mente abierta y el «tacto» que fué fundamental para abordar el tema sin el menor prejuicio. Muchas gracias
    Soy Zocer desde Lima – Perú

  • Elisenia dice:

    Muy lindo artículo de Maria.🙏🏾