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“… He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11-13).

INTRODUCCIÓN

Sin duda el mayor desafío para todos mientras vivimos es el de ser personas felices. Todos miramos en esa dirección pero nadie sabe el porqué alcanzar ese objetivo parece un sueño. El gran desafío no está en ser feliz durante un momento sino el hacer que la felicidad pueda ser permanente. Se han dado y se siguen dando muchas recetas para alcanzar este desafío. Pero ¿cuál es la realidad? Pareciera que hay algo que falla, y por ese algo, finalmente, seguimos soñando.

Si lees con detenimiento el texto te darás cuenta de que Pablo habla justamente de eso, de ser feliz, y parece que él lo consiguió. El asocia la felicidad con un sentirse a gusto a pesar de las circunstancias. La expresión “he aprendido a contentarme” abarca varios conceptos: estar contento, saber adaptarse, ser conformista, estar satisfecho. Pablo deja entrever que la felicidad requiere la consecución de dos cosas: a) No depender de las circunstancias externas y b) Estar cerca de Dios para recibir su ayuda. ¡Interesante!

¡Qué importante es controlar los impulsos naturales cuando llega la adversidad! Lo normal es que las circunstancias difíciles nos conviertan, no sólo en dependientes sino en esclavos, es decir, dejamos de ser nosotros mismos y hacemos cualquier cosa. No es fácil controlarse, ¡claro que no!, pero es posible y Pablo lo demuestra a través de su vida. Pablo fue un hombre que pasó por situaciones muy difíciles. En 2ª Corintios 11: 23-27 podemos leer algunas de sus experiencias: azotado, encarcelado, en peligros de muerte, apedreado, naufragado, asaltado por ladrones, pasó hambre, ayunos, frío, desnudez… Parece increíble que después de vivir todo esto, Pablo sea un hombre agradecido, satisfecho y feliz. La pregunta que más interesa hacerse es ¿cómo lo consiguió? Y la respuesta está en lo que yo he llamado la sexta escuela. Analicemos esto.

LAS ESCUELAS DE LA VIDA

Si tuvieses que definir lo que es una escuela, sin duda, todos diríamos lo mismo: es un lugar donde vamos a aprender. Aprender no sólo es necesario sino vital. ¿Sabes de cuántas escuelas disponemos en la vida? Si te pones a pensar, quizás llegues a la conclusión de que hay cinco, pero yo te digo que hay una más y esa no es cualquier escuela es “la sexta escuela”. Hoy me gustaría hablarte de la quinta escuela pero antes revisemos las demás:

1. La familia, es la primera escuela. En ella se aprenden las cosas más importantes para vivir: aprendemos, entre otras cosas, a interpretar la vida y a descubrir cómo es; aprendemos las reglas que nos permiten movernos de la mejor manera; aprendemos a convivir con los demás; aprendemos lo que es bueno y lo que no; lo que conviene y lo que no… Todo esto es fundamental porque son las bases para movernos en nuestro mundo extraño y difícil.

2. La iglesia, es nuestra segunda escuela. Aquí lo que vamos a aprender tiene que ver con la dimensión trascendente: aprendemos que Dios existe, que nos ama y que tiene un plan para nosotros; estudiamos el Libro Sagrado donde descubrimos nuestra realidad: quiénes somos y cuáles son nuestras verdaderas necesidades. Aprendemos que no hay nadie perfecto y que todos necesitamos rodearnos de paciencia y de perdón. Descubrimos que todos nos encontramos frente a un gran desafío: ser nuevas criaturas para lo que es imprescindible la intervención divina.

3. La escuela, donde aprenderemos sobre todo datos, conceptos, estructuras… En la escuela aprenderemos, entre otras cosas: historia, geografía, biología y medicina. Aprenderemos a dominar esa materia que se convertirá en nuestra profesión. La escuela nos enseñará lo difícil que es la convivencia pero también lo hermosa que es la amistad. Y aún otra cosa: la vida no siempre es justa y existen las diferencias.

CUARTA ESCUELA

Existe, además de las tres escuelas mencionadas, otra escuela sobre la que deberíamos poner mucha atención. Y si de ella tuviera que resaltar algo es que tiene muchos seguidores. Su nombre es “la calle”. Esta escuela tiene la peculiaridad de enseñarte de todo, pero de una forma distorsionada. Te enseñará a ser duro, insensible, sin valores e incrédulo. Te forjará en la violencia, la agresividad, la irresponsabilidad y en el vicio. ¡Cuidado con esta escuela! porque más que construir lo que hace es destruir. Más que aportar, lo que hace es quitarte todo aquello que te hace digno como ser humano.

QUINTA ESCUELA

La quinta escuela es la escuela de la vida más conocida como la escuela de la recuperación. ¿Qué quiere decir esto? Por un lado, lo que no hayas aprendido en la familia, en la iglesia y en la escuela, lo aprenderás aquí. Por otro, no se trata de aprender teoría, aquí sólo hay práctica. No se trata de contenidos, sino aceptar lo que es: unas veces creencias; otras, decisiones; otras, doblegarse ante realidades, etc.

Algo peculiar de esta escuela es que presenta sus lecciones sin avisar e intenta contrastar lo que tu piensas con lo que es. Y ¿qué sucede? Con frecuencia tenemos que reconocer que muchas de nuestras creencias están equivocadas. Así que esta escuela no sólo te enseña grandes lecciones sino que sirve para ajustar tus creencias. Como puedes ver ¡qué necesaria es esta escuela!

SEXTA ESCUELA

Muchas personas no se percatan de la importancia de esta escuela y creen que con las anteriores es suficiente, pero no es así. ¿Qué tiene esta escuela de especial? La sexta escuela es la escuela de la excelencia, donde tú mismo te conviertes en profesor y alumno. Es la escuela donde aprendes a ir más allá de lo razonable y de lo justo. Es la escuela que convierte a la gente normal y buena en personas encantadoras y especiales. En esta escuela se trabajan los detalles porque de lo que se trata es de perfeccionar todo lo aprendido. Una cosa es saber cómo tienes que ser y a dónde tienes que llegar y otra es que todo eso se haga realidad. En cierto sentido, y usando esa imagen conocida, se trata de pulir el diamante que todos llevamos dentro de forma que el brillo salga a la luz.

¿Cómo se trabaja en esta escuela? Con esfuerzo, dedicación, sacrificio y negación propia. Hay algo que Pablo menciona y que será la clave del éxito: la ayuda divina. Pablo dirá: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. El objetivo es claro: nuestros sentimientos no pueden depender de las cosas externas. Debemos establecer un control para que nadie nos robe la alegría, el gozo y la satisfacción. Pablo nos da el secreto para conseguirlo: hay que “aprender”. ¡Aquí está la clave! Nadie nace enseñado y menos en estos menesteres. Así que hay que aprender a estar contento a pesar de las cosas malas que tengas que enfrentar y eso se aprende en la quinta escuela, aunando los dos papeles fundamentales (profesor y alumno) en una única persona: tú.

CONCLUSIÓN

Yo sé que tú has pasado por las tres escuelas que he mencionado donde has aprendido muchas cosas buenas. Imagino, por otra parte, que la escuela de “la calle” se ha interpuesto en tu vida y te ha influido de alguna manera. Y estoy seguro que la vida te ha confrontado muchas veces y te habrá enseñado hermosas lecciones que te habrán sido de mucha utilidad. Pero recuerda esto: a estas escuelas le falta algo, “la excelencia”. ¿Dónde se consigue? En la sexta escuela donde tú, contigo mismo, podrás pulirte con la ayuda de Dios para ir más allá de lo que es justo y razonable convirtiéndote en una persona encantadora.

Ser alumno y profesor es todo un desafío porque debes luchar contra ti mismo y aprender las mejores lecciones de tu vida: a) vencer las circunstancias externas y b) descubrir la presencia de Dios en tu vida. Ojalá que puedas decir como Pablo:

“… He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filip. 4:11-13)

¡Que así sea! AMÉN

Revista Adventista de España