Lección 8 para el 21 de febrero de 2026: LA PREEMINENCIA DE CRISTO.
Pablo declara que Jesús ha puesto en paz a todo el Universo, «tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo» (Colosenses 1:20 DHHe).
Antes de llegar a esta declaración, el apóstol nos habla de quién es en realidad Jesús. No un gran maestro, ni un filósofo, ni un profeta, ni un predicador, ni un mensajero de buenas nuevas.
Jesucristo es…
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La imagen de Dios (Colosenses 1:15a)
- Una imagen puede ser la copia de una realidad (una fotografía, un holograma, una estatua), o incluso algo ficticio (un dibujo). Pero el concepto bíblico de imagen va más allá de eso.
- Dios creó a Adán y a Eva a su imagen (Génesis 1:27), y Adán engendró un hijo a su imagen (Génesis 5:3). No son copias de la realidad, imitaciones o imaginaciones. Son similitudes físicas, psicológicas, sociales, …
- Pablo dice que la ley ceremonial era una sombra, «no la imagen misma de las cosas» (Hebreos 10:1), implicando que «imagen = realidad».
- La pregunta es: ¿Jesús era similar a Dios, o igual a Dios? Además de atribuirse repetidamente el nombre divino «Yo soy», Jesús dijo explícitamente: «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30); «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9).
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El primogénito (Colosenses 1:15b-17)
- «Primogénito» significa el ‘primer engendrado’. De ahí que algunos enseñen que Jesús fue el primer ser creado por Dios (Colosenses. 1:15). Pero, al igual que sucede con el término «imagen», la palabra «primogénito» tiene una concepción bíblica más amplia.
- Isaac fue primogénito en lugar de Ismael; Jacob fue primogénito en lugar de Esaú; José fue primogénito en lugar de Rubén; David fue primogénito en lugar de Eliab (Salmos. 89:27). Todos ellos fueron primogénitos porque ocuparon el lugar preeminente sobre sus hermanos, y no por haber nacido los primeros.
- A esta preeminencia se refiere Pablo en Colosenses. Para evitar dudas sobre su naturaleza, le aplica dos cualidades divinas: la creación de todo lo existente (Colosenses 1:16; Isaías 45:18); y su sustentación (Colosenses 1:17; Salmos 119:91).
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La cabeza de la Iglesia (Colosenses 1:18a)
- En algunos idiomas (como el catalán o el inglés) la palabra «cabeza» se traduce también como ‘jefe’ o ‘principal’, porque ese es el sentido metafórico de «cabeza». Así ocurre en el hebreo. Por ejemplo, «nombrarán un solo jefe» (Oseas 1:11) es la traducción del hebreo «nombrarán una sola cabeza».
- También este es el sentido en el que Pablo usa esta palabra cuando la aplica a Cristo.
- Pero Pablo añade también un sentido metafórico al cuerpo. Si Cristo es la cabeza, nosotros –la iglesia– somos el cuerpo. De esta idea se desprende que:
- Todos somos necesarios (1ª Corintios 12:15)
- Cada uno tiene su labor (1ª Corintios 12:17)
- No podemos despreciar a nadie (1ª Corintios 12:21)
- No existen creyentes «inferiores» (1ª Corintios 12:22-24)
- Nos preocupamos unos por otros (1ª Corintios 12:25-26)
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El principio (Colosenses 1:18b)
- La palabra traducida como «principio» es arjē (ἀρχή), una palabra griega que significa comienzo, origen, primera causa o principio, pero también significa gobernante, poder, autoridad o principado, dependiendo en gran medida del contexto.
- Podemos decir que esta palabra, aplicada a Cristo, puede tener todos estos significados. Jesús es el origen de todo [la imagen de Dios], la causa por la cual todo se creó [el primogénito de la creación], el gobernante supremo [la cabeza]. Todo esto le da la preeminencia.
- Pablo intercala aquí el título de «primogénito de los muertos» (aunque Jesús no fue el primer resucitado, sino Moisés). Su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen.
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El reconciliador (Colosenses 1:19-20)
- Lo que Jesús hizo dio como resultado que ocupe el primer lugar en todo. Según Pablo, Cristo es digno de todos esos títulos «por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda su plenitud» (Colosenses 1:19). En otras palabras, Jesús era plenamente Dios y plenamente humano*. «Y hemos contemplado su gloria, […] lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14 NVI).
- Al morir en la cruz y resucitar, Jesús murió en nuestro lugar y reconcilió a la humanidad con Dios (Colosenses 1:20).
- Podemos comprender que ha reconciliado con Dios «las [cosas] que están en la tierra». ¿Pero cómo ha reconciliado consigo las que están en los cielos?
- Todo el Universo ha podido ver con claridad la naturaleza del mal. Así, el carácter de Dios es vindicado tanto en los Cielos como en la Tierra.
Para meditar:
«Jesús era la majestad del cielo, el amado comandante de los ángeles, quienes se complacían en hacer la voluntad de Él. Era uno con Dios “en el seno del Padre” (Juan 1:18), y, sin embargo, no pensó que era algo deseable ser igual a Dios mientras el hombre estuviera perdido en el pecado y la desgracia.
»Descendió de su trono, dejó la corona y el cetro reales, y revistió su divinidad con humanidad. Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para que el hombre pudiera ser exaltado a un sitial con Cristo en su trono. […] Con amor, viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios». (Elena G. White, Mensajes selectos, tomo 1, pág. 377).
Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Zaragoza. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática.
NOTA EDITORIAL:
*Recomendamos el libro El Carpintero Divino, de René Dupertuis, sobre el tema de la humanidad y divinidad de Cristo.



