Espiritual

Día 4 «La mirada». Semana de oración JAE 2019

No hay peor ciego que quien no quiere ver. Las obras de Dios benefician al que sufre. Las obras que Él espera son ayudar, animar, sanar.

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No hay peor ciego que quien no quiere ver. Las obras de Dios benefician al que sufre. Las obras que Él espera son ayudar, animar, sanar.

«Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: -Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido invidente. Respondió Jesús: -No es que pecó éste ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él… Dicho esto, escupió en tierra, hizo lodo con la saliva y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: -Ve y lávate en el estanque de Siloé… Se lavó y regresó viendo… Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo… Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo…». Juan 9: 1-3, 6-7, 14, 25 (RVR1995)

«Los que llegan a ser nuevas personas en Cristo Jesús producen los frutos de su Espíritu: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza”. (Gálatas 5: 22, 23). Los seguidores de Jesús ya no actúan como antes, sino que por la fe siguen las pisadas de Jesús, reflejan su carácter y se purifican a sí mismos como Él es puro». Ellen G. White en El Camino a Cristo

Algunos tips:

  • Las obras que Dios espera son ayudar, animar, sanar. En definitiva, hacer el bien. A Jesús le interesa menos aportar una aclaración teórica, que dar una lección práctica. Atender la desgracia es más urgente y útil que saber de quién es la culpa de la ceguera. Cabe más preguntarse qué podemos hacer nosotros para paliar la desgracia que preguntarse por qué ocurrió.
  • La misión de Jesús consiste en integrar al ser humano en la órbita divina. El mal y su origen no tienen explicación a nivel humano porque tienen dimensiones cósmicas, que solo Dios puede explicar.
  • Cristo lloró ante la vista del mal. Que su ternura invada vuestros corazones. Practicad la abnegación a fin de tener con qué aliviar el sufrimiento de los hijos de Dios.” Ellen G. White, Nuestra elevada vocación, p. 200.
  • El dolor humano no tiene origen en Dios, él no desea la desgracia humana: el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Por el contrario Dios viene a nuestro encuentro ofreciendo la salvación y la vida eterna mediante su gracia.
  • Creer en Dios es ponerse de su parte, hacerle caso, obedecerle, seguirle. El joven quiere creer. Y si alguien quiere creer, para Dios es que ya cree.

Desafío personal:

  • A nuestro alrededor encontramos numerosas personas que sufren. Dedica tiempo para ayudar a alguna persona que esté sufriendo: en tu familia, en tu iglesia o en tu comunidad.

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