Sociedad

La diversidad lingüística desde Babel

La lengua materna es la lengua con la que decimos nuestras primeras palabras, con la que oramos y por tanto con la que sentimos.

Tags from the story
La lengua materna es la lengua con la que decimos nuestras primeras palabras, con la que oramos y por tanto con la que sentimos.

La diversidad lingüística es un tema que suscita mucha controversia, aunque aparentemente sea un campo para los lingüistas, todo el mundo se ve capacitado para dar su opinión en temas de si hay lenguas mejores o más importantes que otras o si de es o no necesario que existan muchas lenguas.

El mundo se divide entre los que están a favor de la globalización, del uso de pocas lenguas o incluso de una única y mundial, y los que pacientemente intentamos convencer a los demás de la imperiosa necesidad de que en este mundo prime la pluralidad, el respeto por las minorías, la tolerancia por los demás y la protección de cualquier lengua por bajo número de usuarios que tenga y por tanto de la diversidad lingüística.

Funciones de las lenguas

Una lengua tiene dos funciones, una es “la comunicativa”, esta es la que esgrimen los partidarios de decapitar todas las lenguas minoritarias del planeta, no hablemos ya de las minorizadas con las que ni cuentan, porque si hay poco número de personas que las usan, sirven de poco y cuando sus hablantes quieran comunicarse con el mundo exterior lejos de ese minúsculo espacio que se llama hogar o pueblo no les servirá de nada y tendrán que recurrir a una lengua más internacional. No digamos ya si en una misma comunidad hay más de una lengua (sean cooficiales o no), por lógica y economía sobra una… y bueno la verdad es que comunicativamente hablando tienen razón, con una lengua por comunidad sería bastante, pero se olvidan de la otra función que tiene el lenguaje, “la identificativa”. Aquí entramos en otro terreno, un pueblo se identifica con la lengua que tiene y es más esa lengua se identifica con el espacio donde se usa, con su paisaje, con sus tradiciones, sus costumbres, su fauna, su vegetación, e incluso climatología.

Así en el finlandés, por ejemplo, existen unas cuarenta palabras para designar conceptos de la nieve que serían impensables para nosotros, son capaces de diferenciar si la nieve está flotando en el agua “hymä” o si está impregnada de barro “loska”, tienen hasta una palabra para la nieve con la que pueden hacer bolas “nuoska” ¡Qué maravilla! ¿Cómo alguien puede pensar que esta lengua no sirve para nada porque la hablen pocas personas? El inglés, la lengua con la que todos nos podemos comunicar, es incapaz de designar tales conceptos de la naturaleza.

Ursprache y Babel

Las lenguas internacionales, como el inglés sirven para comunicarnos entre personas de diferentes lenguas pero no nos identifican. Las lenguas maternas son, como dice la palabra, la lengua que nos enseña nuestra madre, con la que decimos nuestras primeras palabras, con la que oramos y por tanto con la que sentimos, con la que hablamos con Dios y con la que Dios habla con nosotros.

Al principio de los tiempos todos teníamos una lengua en común, “ursprache”, con la que todos se comunicaban, pasó el tiempo y en Babel, que significa “puerta de Dios” aunque también se la relaciona con Babilonia y con Balad, que significa “confundir” y que nos recuerda a nuestra onomatopeya bla, bla, bla…, el hombre trató de hacer una ciudad que se elevaba hacia el cielo, tal vez temerosos de que llegara otro diluvio, seguramente con una alta dosis de prepotencia imperialista y opresión de los esclavos, que sin duda tenían que construir este proyecto abominable. Dios confundió la lengua única para que las personas no se pudieran comunicar y no se pudieran organizar para construir esa torre .

Muchos interpretan esta decisión divina como un castigo y como un argumento negativo a la diversidad lingüística, crea división y provoca confusión y no comunicación.

Otros podemos pensar que Dios quiso liberar a los esclavos de la opresión y reconducir al hombre hacia un destino mejor, la diversidad lingüística sería la manera en la que el hombre no ascendería al cielo, al menos en la vida mortal, pero ocuparía la tierra por completo. Ahora podría poner nombre a todas las especies de animales y plantas que iba a descubrir en el lugar más recóndito del planeta, fueran los espejos de lagos helados o los rojizos colores del desierto.

Nuestra lengua nos hace sentir y pensar, nos hace humanos, nos identifica, debemos protegerla y cuidarla y sobre todo no podemos olvidar que la Diversidad Lingüística existe porque Dios así lo quiso.

Autora: Carolina Ortín, profesora de Secundaria en el Campus Adventista de Sagunto (CAS)
Imagen: Photo by Dmitry Ratushny on Unsplash

Tags from the story
0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.