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La erupción volcánica de La Palma explicada por un geólogo adventista.

Aunque hoy en día las Islas Canarias son un destino turístico preferido para quienes buscan unas relajantes vacaciones de sol y playa, el archipiélago canario tiene un pasado catastrófico protagonizado por la actividad volcánica. El Teide, en la isla de Tenerife, es un monte de origen volcánico similar a los conocidos volcanes Mauna Loa y Mauna Kea de Hawai, y es el pico más alto de las islas del Océano Atlántico.

La erupción de la Palma

La erupción comenzó el pasado 19 de septiembre, de 2021, en el Parque Natural de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma. Este tipo de erupción, llamada estromboliana, no es muy explosiva pero produce flujos de lava y piroclastos. Los piroclastos son productos sólidos lanzados por el volcán, que en este caso incluyen cenizas incandescentes y bombas volcánicas (rocas de forma aerodinámica) que son propulsadas hasta cien metros en el aire. La erupción no procede de un único cráter sino de un grupo de fisuras del que han surgido más de cincuenta millones de metros cúbicos de lava a más de 1000 °C de temperatura.

La lava ha cubierto casi novecientas hectáreas y una parte ha fluido 6 kilómetros hacia el interior del océano formando un delta de lava y aumentando la superficie de la isla en 40 hectáreas. Además de la lava se han producido penachos de gases y ceniza de hasta 2.800 metros de altura y nubes tóxicas de cloruro. Se temía que la erupción pudiera producir también un mega-tsunami pero afortunadamente no ha ocurrido.

Esta erupción está teniendo efectos devastadores para la población de la isla. Los flujos de lava han arrasado poblaciones enteras y destruido más de 2.000 casas y una parte importante de las plantaciones de plátanos de la isla. Miles de residentes han sido evacuados, pero no hay informes de muertos o heridos. El gobierno español ha destinado diez millones de euros para ayudar a la recuperación de La Palma. La población local de adventistas del séptimo día y ADRA están proporcionando toda la ayuda posible.

Una erupción prevista

Aunque la noticia de la erupción en los medios de comunicación sorprendió a la mayoría del público, los expertos ya habían previsto y estaban monitorizando la actividad geológica de la isla desde hacía meses. Antes de la erupción se produjeron miles de pequeños temblores de tierra, la creciente actividad sísmica se desplazó desde 20 km de profundidad hasta solo 100 m y se detectó un abultamiento de 15 cm en el suelo.

Las imágenes térmicas infrarrojas indicaron un calentamiento de la superficie y los detectores de dióxido de azufre señalaron un aumento de las emisiones, que podía dar lugar a una lluvia ácida. También se observaron emisiones elevadas de helio-3. Todos estos signos presagiaban una erupción inminente.

La Palma, igual que el resto de las canarias, es una isla de origen volcánico pero en la actualidad solo la parte sur está activa. El respiradero de San Juan Nambroque entró en erupción en 1949 y posteriormente el de Teneguía durante tres semanas en 1971. El volcán Cumbre Vieja está activo desde 2017. La erupción actual ya ha superado a la de 1971.

 La historia geológica de las islas Canarias

La capa más superficial del planeta tierra se llama litosfera y se encuentra fragmentada en piezas de diferentes tamaños llamadas placas tectónicas, formando una especie de puzle esférico gigante. Estas placas se mueven chocando unas con otras, rozando o separándose.

La mayoría de los volcanes del mundo se encuentran en los límites entre placas, donde la presión es menor por lo que la roca se funde y asciende hacia la superficie. Sin embargo, hay un tipo de volcanes que se produce en el interior de las placas a causa de lo que se conoce como pluma del manto o punto caliente.

Se trata de una columna de material fundido del interior de la tierra (del manto terrestre) que sube hasta alcanzar la superficie y forma un volcán. Lo curioso es que la columna permanece en el mismo sitio aunque la placa que tiene encima se desplace y eso da lugar una cadena de volcanes de diferentes edades.

Las Islas Canarias (donde se encuentra La Palma) están situadas en la placa africana sobre una de estas plumas del manto. Se encuentran al este de la dorsal mesoatlántica, una gran cordillera submarina que es la frontera entre la placa africana y la placa norteamericana. Estas dos placas se están separando. Al norte de las Islas Canarias, la placa europea se mueve hacia el este con respecto a la placa africana, rozando con esta a lo largo de lo que se conoce como la falla transformante Azores-Gibraltar.

El punto caliente de las Islas Canarias

El punto caliente de las Islas Canarias (donde se encuentra La Palma) permanece relativamente estacionario mientras la corteza oceánica de la placa africana se mueve hacia el noreste a 2-3 cm/año. Así, las islas más antiguas se encuentran al este, habiendo sido empujadas y alejadas del punto caliente, y las islas volcánicas más jóvenes y aún activas están al oeste, donde la placa se sitúa actualmente sobre el punto caliente.

La Palma es una de las más jóvenes pero solo la parte sur de la isla está activa. Esta misma progresión de islas de edad decreciente se encuentra en el archipiélago Hawai-Emperador cuyas islas se mueven con la placa del Pacífico, en este caso hacia el noroeste, sobre una pluma del manto. En la parte más alejada de esta cadena se encuentran volcanes inactivos sumergidos, antiguas islas que se han ido hundiendo hasta convertirse en montes submarinos. Esto también ocurre en las Islas Canarias pero sus volcanes submarinos no muestran un patrón tan claro como los de la cadena Hawai-Emperador.

La roca fundida que sale a la superficie durante una erupción volcánica se llama lava pero cuando aun se encuentra en el interior de la tierra se conoce como magma. La composición química del magma es muy importante porque nos da información sobre la procedencia de esa roca fundida y los procesos de su formación. También influye en el tipo de erupción, si es muy explosiva o poco explosiva, en la temperatura y viscosidad de la lava, y en el tipo de roca que forma al solidificar.

Tefrita con una composición única

El magma de la erupción de La Palma se llama tefrita y tiene una composición geoquímica única. Es alcalino, con un alto contenido de sodio y potasio pero con un contenido relativamente bajo de sílice. La roca volcánica que se forma puede no tener cristales minerales observables pero también puede contener minerales prominentes dispersos. La composición química de estos minerales indica que el magma no procede directamente del manto, sino que se diferencia durante algún tiempo bajo la isla.

El crecimiento de los volcanes de las Islas Canarias (donde se encuentra La Palma) desencadenó deslizamientos submarinos a gran escala en la llanura abisal de Madeira, al noroeste del archipiélago, que alcanzaron el fondo marino. Se trata de corrientes muy rápidas que transportan grandes cantidades de material cuando los sedimentos poco profundos son desestabilizados por temblores sísmicos y luego fluyen y se asientan rápidamente en las profundidades del mar. Estas corrientes se llaman corrientes de turbidez y producen depósitos y rocas llamadas turbiditas, que son fácilmente identificables porque presentan una secuencia de granos gruesos en la base y finos en la parte superior.

Las turbiditas se encuentran en grandes cantidades por toda la Tierra, incluso en las cordilleras del interior de los continentes como los Pirineos o los Alpes. Este dato es importante para los científicos que creen en la historia bíblica de una creación reciente y un diluvio universal porque sugiere que al menos parte de los materiales que forman las altas montañas estuvieron en el pasado sumergidos en el océano y fueron transportados y depositados por corrientes de gran velocidad.

 Volcanes y terremotos en la Biblia

¿Qué tienen que ver los volcanes, los terremotos y las placas tectónicas con el Génesis? Curiosamente, los teólogos fueron algunos de los primeros en sugerir que los continentes se mueven, basándose en su lectura del Génesis. Por ejemplo, en 1668, el clérigo francés François Placet propuso que «antes del diluvio América no estaba separada de las demás partes de la Tierra».

En el siglo XVIII, el teólogo alemán Theodor Christoph Lilienthal sugirió una separación de la tierra por el agua basándose en su interpretación de Génesis 11:25.

En 1858, el geógrafo francés Antonio Snider-Pellegrini observó las costas paralelas a lo largo de los dos lados del Océano Atlántico y dedujo que una masa de tierra originalmente continua se había dividido para formar los continentes durante el diluvio bíblico.

Las ideas de Alfred Wegener sobre la deriva de los continentes fueron objeto de burla a principios del siglo XX, pero sembraron la semilla de la revolución científica que tuvo lugar en la década de los sesenta y dio lugar a la moderna teoría de la tectónica de placas.

Referencias a terremotos y volcanes «causados» por Dios

La Biblia hace múltiples referencias a terremotos y en algunos casos, no en todos, da a entender que fueron causados directamente por Dios, como:

  • Cuando se abrió la tierra en el episodio de Coré y compañía (Números 16:32).
  • Durante el ataque de Jonatán a la guarnición de Gabaa (1ª Samuel 14:15).
  • Mientras Elías estaba en Horeb (1ª Reyes 19:11)
  • En la crucifixión y resurrección de Jesús (Mateo 27:54, 28:2).
  • Cuando Pablo estaba en la cárcel de Filipos (Hechos 16:26).
  • También se dice que un terremoto ocurrió en los días del rey Uzías (Zacarías 14:5).
  • Otras referencias al movimiento de la tierra son más generales, y aparecen en el contexto del juicio divino o en profecías.

Las menciones bíblicas de que Dios hace que las montañas ardan, se derritan, fluyan o humeen pueden referirse a los volcanes.

  • En 1ª Pedro 3:12 se nos dice que en el futuro “los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán”.
  • Éxodo 19:18 cuenta que cuando Dios descendió sobre el monte Sinaí, éste tembló y ardió.
  • Otros textos se refieren a la actividad de tipo sísmico y volcánico que se produce en la presencia de Dios (Isaías 64:1-3, Miqueas 1:3-4).

Los tiempos geológicos

Uno de los temas de más interés para los creyentes con respecto a la geología es el tiempo que requieren los procesos geológicos. Los volcanes y los terremotos son eventos catastróficos que ocurren con rapidez; algunos de los más famosos son la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya en el año 79 d.C., el terremoto de Lisboa en 1755 y la erupción del volcán indonesio Krakatoa en 1883.

Algunas cuestiones que requieren más estudio para su completa comprensión en el marco temporal de la Biblia son:

  • Las tasas de diferenciación del magma (cuánto tardan en formarse los diferentes tipos de minerales y rocas a medida que este se enfría).
  • El flujo de calor y el enfriamiento del magma (cuánto tarda en enfriarse el magma cuando se encuentra en el interior de la tierra y si hay maneras de acelerar el proceso, por ejemplo, por la circulación de agua u otros fluidos).
  • El flujo del magma relacionado con la viscosidad y el movimiento de las placas tectónicas (cómo es posible separar América de Eurasia y África hasta su posición actual en un tiempo corto sin generar altísimas temperaturas debido al rozamiento)
  • La desintegración radiactiva (responsable de las edades de millones de años de la geología convencional).

Las leyes de Dios siguen su curso

Los científicos que aceptan la Biblia como la revelación de Dios estudian la naturaleza desde la cosmovisión bíblica, buscando la armonización entre los datos procedentes de la geología y el marco temporal del Génesis. Aunque numerosas respuestas están aún por descubrir confiamos en que el estudio diligente producirá resultados exitosos con la ayuda de Dios. Como dijo Jesús, «con Dios todo es posible» (Mateo 19:26).

Debemos recordar que Dios interviene a veces de manera especial en la naturaleza, pero a menudo deja que sus leyes bien diseñadas sigan su curso natural en los procesos que experimentamos. Él ha puesto en los seres humanos la curiosidad y la capacidad para comprender algunas de sus actuaciones en la naturaleza. Esto también nos proporciona un cierto nivel de predicción y advertencia ante los eventos cataclísmicos y además, y quizás más importante, la oportunidad de auxiliar a las personas afectadas por las catástrofes naturales como la erupción del volcán de La Palma.

Autor: Dr. Ben Clausen, geólogo y físico nuclear, Geoscience Research Institute.
Traducción y adaptación: Noemí Duran
Imagen de portada: Heraldo.es
Imágenes explicativas: Shutterstock

Hay un comentario

  • Teresa Roa de Manosalva dice:

    Muy interesantes ante,Gracias y adelante Noemí por ponernos al corriente de estos temas.