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Dios escoge a gente ordinaria para realizar tareas extraordinarias. Jesús eligió a cada uno de sus discípulos a pesar de conocer sus debilidades y su potencial de fracaso, y los transformó.  Eso mismo puede hacer contigo, si le dejas.

¿Con cuál de los 12 discípulos te identificas más?

Antes de que Jesús eligiera a sus discípulos, «pasó la noche orando» (Lucas 6:12, RVR1995).[1]  Luego, seleccionó a 12 hombres comunes, algunos de los cuales sabía que lo abandonarían o lo traicionarían. Este simple hecho me da esperanza. Si Jesús pudo elegir a esas personas para que fueran sus discípulos, yo tengo esperanza cuando fracaso.

Considera brevemente a los doce que Jesús eligió.

Andrés, el social del grupo

Veamos a Andrés. El social del grupo, alguien que tenía muchos amigos. Era discípulo de Juan el Bautista, quien, a su vez, le señaló a Jesús. Lo primero que hizo Andrés fue buscar a su hermano y llevarlo también a Jesús (Juan 1:40-41). ¿Conoces a personas que pueden hablar con cualquier sujeto de cualquier cosa con total comodidad? ¿Te imaginas a Andrés entablando una conversación con un niño que tenía cinco panes y dos peces sin saber lo que le esperaba? Tenía interés en hacerse amigo de todos, sin importar la edad. Así es como Andrés supo que el niño tenía la bolsa de almuerzo.

Siempre se menciona a Andrés con otra persona y no solo, porque no era un individualista. Era un trabajador en equipo, pero silencioso, un amigo que mostraba interés por otras personas independientemente de su posición en la vida. Todos tenemos un Andrés cerca de nosotros, solo que no nos damos cuenta de su presencia porque se dedica a sus tareas sin necesidad de reconocimiento, atención o poder.

Simón, el impulsivo

En cambio, Simón era impulsivo, dinámico, arrebatado, seguro de sí mismo, independiente, impetuoso y extrovertido. Hablaba sin pensar y estaba dispuesto a corregir a los demás antes de saber lo que iban a decir. ¿Alguno de ustedes tiene cambios de humor? Simón los representa. Pero Simón no tuvo dudas cuando su hermano Andrés le pidió que siguiera a Jesús. Simón era un aventurero y un explorador para Dios.

Santiago y Juan, los «hijos del trueno»

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, eran conocidos como los “hijos del trueno”. Aunque eran pescadores, provenían de un estatus social más alto; su padre les contrató sirvientes. Seguro tenían un temperamento impetuoso ya que se les llamaba «Hijos del Trueno». Recordemos cómo querían hacer caer fuego sobre la inhóspita aldea samaritana. Cuando pescaban, ¿puedes escuchar sus burlas de jactancia hacia los que no pescaban tanto?

Como Santiago y Juan, algunos tienen madres que piensan que sus hijos son especiales. Puede ser vergonzoso que estas madres se jacten de los logros de sus hijos y traten de promoverlos de estatus. Salomé, la madre de Santiago y Juan, hizo precisamente esto y fue a Jesús con una súplica: «Ordena que en tu Reino estos dos hijos míos se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Mateo 20:21).

Felipe, el hombre de Betsaida

Felipe creció en Betsaida, una ciudad en el lado norte de Galilea, por donde pasaban muchos comerciantes. Con su nombre griego, probablemente estaba muy informado de las noticias del mundo que llegaban a través de los comerciantes. Cuando se presentó la necesidad de alimentar a una multitud de personas, mostró una perspectiva comercial muy práctica, aunque escéptica, cuando preguntó cómo alimentarían a tanta gente. Aunque estos rasgos se asocian más con otro discípulo, Felipe también era cauto y exigía explicaciones claras y lógicas. Toda iglesia necesita un Felipe o dos.

Bartolomé (o Natanael), el racista

Bartolomé o Natanael se refieren a la misma persona. Probablemente habría sido conocido como racista. Cuando Felipe llamó a Natanael para que siguiera a Jesús, éste le preguntó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Juan 1:46). Generalizó la mala reputación de este pueblo a cualquier persona de esa zona. Cuando a veces albergo sentimientos de racismo, superioridad, elitismo o sexismo, me convierto en Bartolomé. Sin embargo, se acercó a Jesús con una mente abierta, y Jesús dijo inmediatamente de él: «¡Aquí está un verdadero israelita en quien no hay engaño!» (Juan 1:47).

Simón, el terrorista 

¿Sabías que Jesús eligió a un terrorista como discípulo? Simón el Cananeo, pertenecía a los Zelotes, un violento partido nacionalista que daba su vida luchando para librarse de los romanos. En el tiempo de Jesús, utilizaban el asesinato y el homicidio secreto para salirse con la suya. Se negaban a pagar impuestos porque eso sería un reconocimiento de sumisión a Roma y un repudio a Dios. Se consideraban los más «patriotas» de todos los judíos. En el año 73 d.C. fueron los judíos que murieron en un suicidio masivo en Masada, un evento que todavía hoy celebran los judíos. Sin embargo, Jesús eligió a Simón el Zelote, para que fuera su discípulo.

Mateo, el recaudador de impuestos

Mateo había aceptado un cargo de los romanos para cobrar impuestos, señal de que había traicionado a su nación. Era visto como un apóstata y lo más vil de la sociedad. Mateo cobraba impuestos a todos los que traían mercancías a la ciudad. Los escribas y fariseos despreciaban tanto a los recaudadores de impuestos que caminaban por el otro lado del camino para evitar cruzar sus miradas. Aunque los recaudadores de impuestos podían ser ricos, su dinero no era aceptado en la sinagoga. Se les consideraba tan deshonestos que ni siquiera podían testificar en un tribunal. Sin embargo, cuando Jesús lo vio sentado en la puerta recaudando impuestos y le dijo: «Sígueme», Mateo dejó inmediatamente su lucrativo trabajo para seguir a Jesús.

No tenía sentido llamar a Mateo como discípulo si Simón el Zelote formaba parte del grupo. Si Simón el Zelote lo hubiera conocido a solas antes de seguir a Jesús, podría haberle clavado un puñal en el corazón. Y, sin embargo, Jesús llamó a un Zelote y a un odiado recaudador de impuestos para que fueran dos de los doce, una pareja tan improbable como se puede imaginar.

Santiago  (hijo de Alfeo) y Tadeo (o Judas hijo de Santiago), los «Don nadie»

Como crecí en el extranjero, me sentí casi invisible cuando me trasladé a una tercera cultura en mi adolescencia, más bien como los dos discípulos de los que prácticamente no sabemos nada. Hay algún indicio de que Santiago, el hijo de Alfeo, en contraste con el Santiago que mencionamos antes, era un hombre de baja estatura que iba por la vida sin fanfarrias ni publicidad. En cuanto a Tadeo, también conocido como Judas, hijo de Santiago, no de Iscariote, todo lo que sabemos es que le preguntó a Jesús: «Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo?» (Juan 14:22).

Tomás, el que todo lo cuestiona

El discípulo que se habría sentido más cómodo en un campus universitario habría sido Tomás. Le llamamos despectivamente «Tomás el incrédulo», pero es el que estaba dispuesto a hacer las preguntas difíciles. Un profesor de ciencias de Instituto Pacífico Unión sugirió una vez que Tomás es el «santo patrón» de todos los científicos. Tomás indagaba cons- tantemente, sin aceptar la palabra de los demás, del mismo modo que un académico nunca se siente cómodo con las respuestas fáciles hasta que ha explorado todas las opciones. Este es el Tomás que dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré» (Juan 20:25).

«Si no veo en sus manos… no creeré». Sin embargo, éste es el mismo Tomás que, cuando todos los discípulos no querían que Jesús fuera a Jerusalén después de la resurrección de Lázaro por miedo a que los mataran, dijo con valentía: «Vamos también nosotros, para que muramos con él» (Juan 11:16). Como Tomás era tan sincero en su exploración de la verdad, Jesús nunca lo condenó por sus preguntas. Las preguntas que hizo fueron un peldaño para creer.

Judas (Iscariote), administrador y traidor

Y finalmente llegamos a Judas Iscariote, un hombre que veía a Jesús como un fracaso porque ya sabemos cómo acaba la historia. Sin embargo, no olvidemos que era el respetado administrador del grupo. En una corporación, Jesús habría sido el director de la junta directiva, y Judas habría sido el presidente. Puede que tuviera el intelecto más agudo de todos los discípulos. Judas sabía cómo cuidar el dinero. Era el único discípulo que no era galileo. Cuando siguió a Jesús, fue apartado de todos sus antiguos amigos, lo que significó que perdió su influencia. Sintió que Jesús iba a restaurar el trono de David, y se empeñó en convertirse en discípulo. Sin embargo, Jesús sabía desde el principio que Judas lo traicionaría. ¿Por qué lo eligió si sabía lo que iba a pasar? Incluso cuando Judas lo traicionó, Jesús lo siguió llamando «amigo» (Mateo 26:50).

12 hombres ordinarios

Así que tenemos 12 hombres insólitos que necesitaban formar un equipo. Por supuesto, vivían con el más grande Maestro de todos los tiempos, así que no debería haber sido un trabajo difícil. El Dr. Harry Leonard del Instituto Newbold en Inglaterra analizó a Jesús como maestro. Describió a Jesús como el tipo que un director de Educación hubiera querido contratar para impartir clases de métodos, porque Jesús era bueno en las tutorías individuales, los seminarios en grupo, las conferencias y las sesiones prácticas. Sin embargo, como señala el Dr. Leonard, Jesús enseñó a los discípulos durante tres años, casi el tiempo necesario para obtener una licenciatura, y ellos seguían sin entender lo que quería decir.

Jesús fue el Maestro perfecto de este grupo que necesitaba instrucción, sin embargo, sus estudiantes lo traicionaron, se durmieron o huyeron por miedo.

Es más, podemos sugerir que todos reprobaron las clases que Jesús les había estado enseñado durante esos tres años. ¿Hay algo peor que ser testigo de un posible asesinato y huir de la escena? Sin embargo, él sabía que ese sería el resultado. A pesar de ese conocimiento, Jesús los escogió a dedo. De la misma manera, él nos escoge a ti y a mí a pesar de que sabe que también reprobaremos algunas veces. Once de los doce discípulos volvieron a tomar sus exámenes y los aprobaron con honores. Nosotros también podemos.

Discípulos transformados

Después de su resurrección, Jesús continuó desarrollando lo que les había enseñado antes. Excepto uno, todos experimentaron una transformación cuyo efecto ha durado hasta hoy, lo que puede ser la mejor evidencia del Jesús resucitado.

Simón-Pedro, la «piedra»

Antes, Jesús había rebautizado a Simón como Pedro, que significa «piedra». Después de que Pedro negara ser su discípulo, volvió a Jesús y recibió su gracia y perdón, llevando finalmente el mensaje de un Jesús resucitado al mundo. Su primer sermón resultó en un bautismo de 3.000 personas el día del Pentecostés. Según la tradición, fue martirizado en Roma con la muerte en la cruz. Jesús convirtió a Simón en Pedro, al pecador en santo, y puede hacer lo mismo con nosotros.[2]

Santiago, el comprometido

Santiago, llamado el hijo del trueno, fue decapitado por el rey Herodes Agripa I. Su martirio demostró su compromiso a largo plazo en servir a su Señor y Salvador Jesucristo. Pasó el examen final con distinción.

Juan, el amado

Juan, el otro hijo del trueno, llegó a ser el discípulo al que más amaba Jesús. De él, Elena G. White escribió: «En la vida del discípulo Juan se ejemplifica la verdadera santificación. Durante los años de su íntima asociación con Cristo, a menudo fue amonestado y prevenido por el Salvador, y aceptó sus reprensiones… Sometió su temperamento resentido y ambicioso al poder modelador de Cristo, y el amor divino realizó en él una transformación de carácter».[3]

Bartolomé, Mateo y Simón el Zelote

Bartolomé abandonó sus actitudes racistas y se convirtió en seguidor de Jesús.

Mateo, el recaudador de impuestos, y Simón el Zelote, acabaron amándose por su amor a Jesús.

Tomás, el creyente

Cuando Tomás vio por fin a Jesús tras la resurrección, proclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» (Juan 20:28) y se convirtió en evangelista de las tierras lejanas. Se cree que difundió el evangelio hasta el sur de la India.

De discípulos cobardes a valientes predicadores

Después de la ascensión de Jesucristo, estos mismos discípulos que huían atemorizados, ahora mostraban fortaleza predicando el evangelio y yendo a la cárcel. En Hechos 4:13 leemos: «Entonces viendo la valentía de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se admiraban; y les reconocían que habían estado con Jesús».

¿Cuál de los 12 discípulos eres tú?

Jesús eligió a cada uno de sus discípulos a pesar de conocer sus debilidades y su potencial de fracaso. Cuando experimentes el fracaso, recuerda que Jesús llamó a sus discípulos, 12 hombres comunes y corrientes que le fallaron en alguna ocasión. Él sigue llamando a personas ordinarias como tú y yo para que seamos sus seguidores hoy en día. Nos llama a cada uno de nosotros a la extraordinaria tarea de servir a los demás y a promover su misión hasta su regreso.

Autor: Richard Osborn (PhD, Universidad de Maryland, EE. UU.) era rector de Instituto Pacífico Unión cuando escribió este artículo. Se jubiló después de ejercer como vicepresidente de la Asociación Occidental de Colegios e Institutos.
Imagen: Foto de Thor Alvis en Unsplash

NOTAS Y REFERENCIAS

[1] Todas las referencias bíblicas de este artículo son tomadas de la versión de la Biblia Reina-Valera 1995 (RVR1995).
[2] Peter Marshall, Mr. Jones, Meet the Master: Sermons and Prayers of Peter Marshall (New York: Fleming H. Revell Company, 1950), 88
[3] Elena G. White, Hechos de los Apóstoles (Mountain View, Calif.: Pacific Press, 1957), 445.

 

PUBLICACIÓN ORIGINAL: Jesús llama a gente ordinaria para hacer una obra extraordinaria

Richard Osborn , “Jesús llama a gente ordinaria para hacer una obra extraordinaria ,” Diálogo 34:1 (2022): 13-15

 

Revista Adventista de España