Espiritual

Fieles, como la brújula al Polo

La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al Polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.

La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al Polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.

La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al Polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.

Pero semejante carácter no es el resultado de la casualidad; no se debe a favores o dones especiales de la Providencia. Un carácter noble es el resultado de la autodisciplina, de la sujeción de la naturaleza baja a la superior, de la entrega del yo al servicio de amor a Dios y al hombre. 

Es necesario inculcar en los jóvenes la verdad de que sus dones no les pertenecen. La fuerza, el tiempo, el intelecto, no son sino tesoros prestados. Pertenecen a Dios, y todo joven debería resolverse a darles el uso más elevado. (La educación. Página 57)

 

Este es mi texto preferido, de todos los escritos de Elena G. White. Ese tipo de hombres, y de mujeres, tienen un denominador común: Están íntimamente conectados a Cristo y han decidido, en sus corazones, serle fieles. Así debería ser cada cristiano. Así quiero ser yo.

Sin embargo, el texto debe ser entendido en su contexto, o corremos el peligro de no comprenderlo correctamente. El mundo necesita personas inconmovibles, pero deben ser, como dice el texto: «el resultado de la autodisciplina, de la sujeción de la naturaleza baja a la superior, de la entrega del yo al servicio de amor a Dios y al hombre».

Es relativamente fácil romper un palo, pero es mucho más difícil romper un junco. No debemos perder nuestra fidelidad a Dios, pero amar a Dios y a los demás nos hace flexibles con los otros, comprensivos, cariñosos, y nos lleva a Amar a los demás con el Amor de Dios, perfecto, no con el humano, imperfecto, tal como hacía nuestro Maestro.

Como seres humanos no podemos evitar juzgar a los demás, pero ¡cuidado! porque «con la misma medida con la que juzguemos seremos juzgados» (Mateo 7:2). Juzgar para criticar y creernos mejores en nuestra “santidad” es alejarnos del ejemplo de Jesús. Si juzgamos, que sea para Amar, aceptar y ayudar al otro, con respeto y cariño. Ya sabes… “El único momento en el que un hombre puede situarse por encima de otro, es para ayudarle a levantarse”.

Jesús es nuestro modelo, Él no era inflexible con los demás, les amaba y estaba siempre dispuesto a conducirles al Padre.  Pablo también se hacía “gentil” para alcanzar a los gentiles. Ninguno rebajó su fidelidad, principios o valores un ápice, pero tampoco los impusieron a los demás, fueron juncos para con los otros, a fin de no “romperse” para ellos, sino llevarlos a Dios. El Señor es santo y perfecto, pero es también Amor y libertad. Si obviamos ese detalle, corremos el riesgo de convertirnos en fanáticos dictadores, impositivos, faltos de amor y prepotentes en nuestra supuesta santidad, y Jesús no era así. La fidelidad a Dios, y la búsqueda de la perfecta santidad, de Su mano, no pueden estar reñidas con el Amor, ya que «si no Amamos no conocemos a Dios» (1º Juan 4:8). Y si amar, como seres humanos implica aceptación, cariño, comprensión y compromiso, Amar como Dios Ama implica mucho más, y es a lo que debemos aspirar.

Un cristiano que no Ama no es realmente un cristiano, por mucho que diga que lo es, o que se empeñe en aparentarlo.

El verdadero cristianismo es fidelidad a los Mandamientos y a Dios, pero no es un postureo de santidad en el que situarse por encima de los demás; es aprender a Amar, como Jesús Ama, y estar dispuestos a aceptar a los demás.

«La fuerza, el tiempo, el intelecto, no son sino tesoros prestados. Pertenecen a Dios, y todo joven debería resolverse a darles el uso más elevado». Todos los dones som de Dios, pero recordemos que, de todos los dones, el más importante es el Amor. En su discurso sobre los dones espirituales, Pablo ponderó el valor del Amor. Lo introdujo como «un camino aún más excelente» (1º Cor 12:31); lo enfatizó junto con cualquier habilidad o servicio (1º Cor 13:1-3) y explicó su permanencia superior sobre cualquier otro don (1º Cor 13: 8). Además alabó su valor, aun sobre la fe y la esperanza, porque Amar es es mejor camino para conocer realmente a Dios.

«Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el Amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el Amor». (1º Cor. 13:13)

«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis Amor los unos con los otros». (Juan 13:35)

Ser fieles como la brújula al polo implica ser como Jesús y aprender a Amar como Él nos Amó. Cualquier tipo de fidelidad menor de esto, es incompleta. Necesitamos aprender a Amar a Dios, y a los demás, con Su ayuda. Sólo así obedeceremos realmente los Mandamientos y seremos verdaderamente fieles. Necesitamos reflejar el carácter de Jesús. Él es nuestra brújula y nuestro Polo.

 

Autora: Esther Azón. Teóloga y comunicadora. Productora TV, guionista y redactora web en HopeMedia. Editora de la Revista Adventista en España. 

Foto: Tim Graf en Unsplash