Espiritual

Escuela sabática de menores: Una aventura y un desafío

Servir a los demás, en nombre de Dios, puede ser una aventura y un desafío. El gozo en esta vida proviene de servir a un Dios amante, como hizo Moisés.

Tags from the story
Servir a los demás, en nombre de Dios, puede ser una aventura y un desafío. El gozo en esta vida proviene de servir a un Dios amante, como hizo Moisés.

Para el sábado 7 de septiembre de 2019.

Esta lección está basada en Números 13:31-33; 14. Patriarcas y profetas, capítulo 34.

  • Reacciones negativas tras la aventura.

    • Al escuchar el informe de los espías el pueblo decidió no confiar en Dios.
    • Se quejaron de que:
      • Los que habitaban esa tierra eran más poderoso que ellos. Se olvidaban de que Dios es mucho más poderoso aún.
      • Las ciudades eran grandes y fortificadas. Se olvidaban de que Dios los había sacado de la nación más poderosa de la Tierra.
      • Había gigantes habitando allí. Se olvidaban de cuán grande es Dios.
      • Moisés los había sacado de Egipto. Se olvidaban de que había sido Dios el que, con brazo poderoso, los había sacado de allí.
      • Sus enemigos los iban a matar a espada. Se olvidaban de que Dios los había librado en numerosas ocasiones de morir en el desierto, y que los había librado de los amalecitas.
    • El pueblo de Israel estaba rechazando a Moisés como su dirigente, y también rechazaban a Dios como su guía.
  • Reacciones positivas tras la aventura.

    • Josué y Caleb decidieron confiar en Dios y animar al pueblo a conquistar la tierra de Canaán.
    • Los animaron porque:
      • La tierra es buena en gran manera.
      • Dios nos acompañará y nos la entregará.
      • Nos comeremos a sus habitantes como pan, no los temáis.
      • No tienen quien les proteja.
      • Nosotros tenemos a Dios de nuestra parte.
    • El pueblo, en lugar de apoyarlos, quería apedrearlos.
  • Decisión final.

    • El pueblo decidió buscar un líder que los guiara de nuevo a la esclavitud.
    • Josué y Caleb decidieron defender a Dios hasta el fin.
    • Dios decidió poner fin a la disputa manifestando su gloria en el Tabernáculo de reunión.
  • El gran desafío.

    • Dios se pregunta por qué el pueblo no creía en Él a pesar de todas las señales milagrosas que había hecho, y qué más podía hacer para probarles que era el Dios verdadero.
    • Le dijo a Moisés que le dejara destruir al pueblo de Israel y que haría de él una nueva nación.
    • Moisés se encontró ante el desafío de querer seguir sirviendo al pueblo, aún cuando éste estaba rechazando tanto a él como a Dios.
    • En su deseo de servir al pueblo, Moisés le da a Dios varias razones para que no los destruya:
      • Los egipcios dirían que los había sacado para matarlos en el desierto.
      • Los que conocían los milagros que Dios había hecho, dirían que los había matado porque era incapaz de meterlos en la tierra que les había prometido.
      • Eres tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión.
    • A pesar de su terca rebelión, Moisés amaba al pueblo. Pensando en ellos, y no pensando en sí mismo, le pide a Dios que perdone a Israel, como lo ha perdonado hasta ahora.
  • La sentencia.

    • La sentencia que Dios dictaminó fue:
      • Todas las personas mayores de 20 años morirían en el desierto, tal como habían deseado.
      • Durante 40 años iban a estar andando por el desierto.
      • De ellos, solo Caleb y Josué, que confiaron en Dios, entrarían en la tierra prometida.
    • Toda una generación murió porque no reconocieron que el gozo en esta vida proviene de servir a un Dios amante, como había hecho Moisés (alguien que fue un modelo para ellos).

Aplica la lección a tu vida:

  • Continúa sirviendo, aún en las dificultades más extremas.
  • No te rindas en la tarea que Dios te ha encomendado.
  • Dios te dará las fuerzas y la paciencia que necesites para servirle.
  • Cuando sirvas a los demás, hazlo con bondad, tolerancia, magnanimidad, delicadeza y paciencia. De esta forma serás una bendición para los que te rodean.
  • Dios suple todas las habilidades que necesitamos para hacer lo que nos pide.
  • Decide ser positivo y confiar en Dios como lo hicieron Caleb y Josué.
  • ¿Qué bendiciones recibes al servir a otros?
  • Pide a Dios que te ayude a obedecerle y servir a los demás.
  • Mantente fiel a Dios sin importar cuán difícil sea la situación que se te presente.

Resumen: Servir a los demás, en nombre de Dios, puede ser una aventura y un desafío.

Actividades

Aquí tienes un código. En nuestra búsqueda de hoy trataremos de descubrir algunas de las recompensas prometidas a los que toman la decisión de confiar en Dios. Las referencias están codificadas. Descifra el código.

Las recompensas para los que confían en Dios. Pasajes en código:

  1. 5 G:Ñ
  2. 5 K:N
  3. 19 CD:D
  4. 19 CG:D
  5. 19 ABH:A,B
  6. 20 C:F
  7. 23 Y:C
  8. 23 DC:X
  9. 26 CF:Y
  10. 40 K:BI
  11. 42 K:M
  12. 42 L:BH
  13. 43 H:CF
  14. 45 F:V
  15. 46 Ñ:EG
  16. 50 D:R
  17. 55 B:G
  18. 59 A:E
  19. 62 C:U
  20. 66 U:N

Si no puedes hacerlo, sigue leyendo, y te contaré el secreto.

Explicación del código: El número es el orden en el que se encuentra el libro en la Biblia. Por ejemplo, Génesis = 1; Éxodo = 2; Levítico = 3; etc.

Las letras representan el versículo y el capítulo. Por ejemplo, A= 1: B = 2; C =3; D = 4; etc. Cuando el capítulo o versículo es mayor de 27, se representan por dos o tres letras (por ejemplo, 148 = ADH).

Cuando hayas descubierto el libro capítulo y versículo, búscalos en la Biblia y escribe al lado del texto la recompensa correspondiente usando esta lista:

  • Lluvia a su tiempo
  • Liberación
  • Concede peticiones
  • Ropa
  • Endereza tus veredas
  • Un corazón nuevo
  • Borra los pecados
  • Victoria
  • Entrar en la Nueva Jerusalén
  • Descanso
  • Todo lo que pidas
  • Espíritu Santo
  • Libertad
  • Vida eterna
  • Quita toda enfermedad
  • Todo lo que falta
  • Completa paz
  • Entendimiento
  • Comida, felicidad
  • Sabiduría

La búsqueda del tesoro

Nuestra búsqueda de hoy está relacionada con algunos personajes bíblicos que dieron o no dieron a Dios el primer lugar en su vida. Estas historias son importantes porque nos ayudan a tomar decisiones en favor de Dios.

En esta actividad hay seis pistas para cada personaje bíblico. Juega con tus amigos y si sois muchos haced equipos. Cada equipo obtendrá tres puntos si acierta durante las dos primeras pistas, dos puntos si acierta al oír la tercera o cuarta pista, y un punto si descubre al personaje después de conocer la quinta o sexta pista.

Recibirán un punto extra los que indiquen el libro donde se encuentra la historia y otro punto cuando definan si ese personaje le dio o no a Dios el primer lugar en su vida.

Personaje número 1

  1. Mi hijo y yo moríamos de hambre.
  2. Mi búsqueda se interrumpió.
  3. El hombre me exigió algo que yo dudé en darle.
  4. Con un poco de leña iba a cocinar nuestra última comida.
  5. La harina y el aceite no volvieron a escasear.
  6. Elías fue mi huésped.

Personaje número 2

  1. Compartí lo que tenía, pero era muy poco.
  2. Nunca pensé que lo que yo tenía fuera importante.
  3. Lo que yo tenía resolvió un problema para muchos hombres.
  4. Mi regalo formó parte de un milagro.
  5. Cinco panes para 5.000 y todos quedaron satisfechos.

Andrés me llevó a Jesús.

Personaje número 3

  1. Hice la tarea, pero no la terminé.
  2. Lo que hice me pareció correcto.
  3. Culpé a otros por lo que yo había hecho.
  4. El balido de las ovejas me delató.
  5. Retuve lo mejor para el sacrificio, pero Dios prefería la obediencia.
  6. Fui el primer rey de Israel.

Personaje número 4

  1. La música fue la “mejor” del mundo.
  2. La convocatoria no podía ser desobedecida.
  3. El respeto era posible, pero no la adoración.
  4. Obedecer el decreto equivalía a desobedecer a Dios.
  5. Decidimos obedecer a Dios, ya fuera que él nos salvara o no.
  6. El fuego en la llanura de Dura demostró el poder de Dios.

Personaje número 5

  1. El banquete fue de mi agrado.
  2. Se produjo un incidente que atrajo la atención de todos los presentes.
  3. Puse objeciones a un regalo muy costoso.
  4. Fui el tesorero del grupo.
  5. La codicia fue la verdadera causa de mis quejas.
  6. Traicioné a Jesús.

Personaje número 6

  1. Recibí educación sobre distintas áreas.
  2. Estaba acostumbrado a que me obedecieran.
  3. Podría haber disfrutado de tesoros terrenales y poder.
  4. La tarea más importante la realicé cuando fui anciano.
  5. La vida que escogí fue difícil y en ocasiones ingrata.
  6. Mi elección salvó a una nación de la esclavitud.

Personaje número 7

  1. Desde un ambiente humilde llegué a un palacio real.
  2. La oración me ayudó a decidir que Dios sería para mí lo primero.
  3. El cargo que yo ocupaba puso sobre mis hombros una carga pesada.
  4. Mi pueblo fue aborrecido por otras personas.
  5. El rey me aceptó, y mi nación se salvó.
  6. Mardoqueo me educó.

Personaje número 8

  1. Di a Dios el primer lugar en mi vida, pero después de haber cambiado mi manera de pensar.
  2. El obedecer a Dios me habría colocado en una situación embarazosa.
  3. Estoy contento porque pude serenarme y hacer lo que Dios me mandó.
  4. Mis regalos y recompensas fueron rechazados.
  5. Me zambullí en las aguas barrosas del Jordán y me sané.
  6. Eliseo me mando que me lavase para quedar sano.

Personaje número 9

  1. Lo que debíamos hacer era dar.
  2. Fue mucho lo que dimos, pero no era todo.
  3. Otros hicieron lo mismo, pero lo hicieron bien.
  4. Esa venta fue demasiado para nuestra honestidad.
  5. Sólo dimos una parte y perdimos la vida por ello.
  6. El Espíritu Santo le rebeló a Pedro nuestro engaño.

Resumen

Dios nos ha dado la libertad de escoger a quien pondremos en el centro de nuestra vida. Gracias a esa libertad, podemos hacer nuestra elección basándonos en el amor y no en el temor. Cuando Dios es lo primero para nosotros, nuestra vida tiene sentido, y podemos vivirla como el Creador planeó que lo hiciéramos. Al darle a Dios el primer lugar disfrutamos de paz mental y confianza. Tomemos hoy la decisión: Dios es lo primero.

Respuestas:

Nº 1. La viuda de Sarepta; 1 Reyes 17. Ella cocinó los últimos alimentos que tenía para dárselos al profeta, y Dios le proveyó comida para ella, su hijo y Elias, hasta que terminó la sequía.

Nº 2. El niño que compartió su merienda; Juan 6, Lucas 9, Mateo 14. Juan es el único que menciona al niño. Él le entregó a Jesús su escasa merienda, y Jesús la multiplicó y alimentó con ella a más de 5.000 personas.

Nº 3 El rey Saúl; 1 Samuel 15. Saúl luchó contra los amalecitas tal como le fue indicado, pero no los destruyó totalmente. Conservó los mejores animales para sacrificarlos y culpó al pueblo por su desobediencia.

Nº 4 Sadrac, Mesac y Abed-nego; Daniel 3. Ellos prefirieron ser arrojados al horno de fuego ardiente antes que adorar la imagen, y Dios los salvó.

Nº 5 Judas, Juan 12, y también Mateo 26 y Marcos 14. Judas protestó cuando María ungió los pies de Jesús. Este discípulo permitió que su amor al dinero se interpusiera entre él y su Señor.

Nº 6 Moisés; Éxodo 2 y 3; Hebreos 11. Moisés prefirió abandonar las cortes egipcias para dirigir al pueblo de Dios.

Nº 7 Ester; Ester 4 y 5. Ester se presentó ante el rey y le pidió que perdonara la vida de su pueblo, aunque ella corrió el riesgo de perder su propia vida al ir a ver al rey.

Nº 8 Naamán; 2 Reyes 5. Naamán se enojó porque Elíseo no fue a verlo personalmente para pedirle a Dios que lo sanara. Sus siervos lo animaron a obedecer y a sumergirse en las barrosas aguas del Jordán, y él se sanó.

Nº 9 Ananías y Safira; Hechos 5. Ellos simularon entregar todo el dinero que habían obtenido por la venta de su propiedad, pero retuvieron una parte del total y por causa de ese engaño, ambos murieron.

Historias para reflexionar

Un pequeño favor

Esteban estaba apurado porque debía coger el autobús. Quería ir a nadar en la piscina de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Eran casi las tres, y el autobús llegaría a las tres y cinco.

Esteban recogió sus cosas, descendió rápidamente la escalera y entró en la cocina.

—¡Adiós, mamá! ¡Ya me voy! —le dijo a la madre.

Ella levantó la vista de la cocina. —Está bien, Esteban. Que disfrutes nadando.

—Gracias, mamá, lo haré —respondió, mientras corría hacia la puerta.

Esteban corrió por la acera y dio vuelta hacia la izquierda para llegar a la parada de autobús más cercana. Miró su reloj. En ese momento vio a un niño parado junto a su bicicleta, al otro lado de la calle. El niño estaba llorando. Algo le había pasado. Después de un breve momento de vacilación, Esteban cruzó la calle y se acercó a él.

—¿Qué te pasa? —le preguntó.

El niño le mostró la pierna. La pierna derecha de su pantalón había quedado atrapada en la cadena de la bicicleta. Sus dedos engrasados demostraban que había tratado de liberarse.

—Lo he intentado muchas veces —dijo el niño, limpiándose las lágrimas—, pero no me puedo soltar.

Esteban frunció el ceño. Si tardaba un minuto más, probablemente perdería la posibilidad de ir a nadar esta semana. Era la única tarde de la semana que podía ir a la piscina. Pero miró nuevamente al niño, y decidió que no podía dejarlo en esa situación. Así que dejó sus cosas en el suelo, y arrodillándose junto a la bicicleta, comenzó a trabajar.

La tarea no era fácil. La tela de los pantalones era gruesa y estaba muy atascada. Esteban comenzó a tirar rápidamente de la tela, sin éxito. Luego decidió mover el pedal para hacer avanzar la tela junto con la cadena. Y la idea sirvió.

Bueno, ya estás libre —dijo enderezándose, mientras miraba hacia la parada del autobús. El vehículo arrancaba en ese momento.

El niño se inclinó para asegurar el borde de los pantalones con una pinza, subió a la bicicleta y partió velozmente. Esteban se quedó mirándolo. De pronto, sintió rabia. En realidad, sólo le había hecho un pequeño favor, pero por lo menos, podría haberle dado las gracias.

Esteban dio media vuelta con lentitud, recogió sus cosas y emprendió el regreso a su casa. El niño ya estaba lejos. Cuando Esteban llegó a la casa, se limpió las manos engrasadas y guardó sus cosas. La madre estaba parada en la puerta cuando él bajó la escalera.

—¿Perdiste el autobús? —le preguntó.

Esteban asintió con la cabeza. —Sí, fue todo lo que dijo.

¡Qué lástima! —contestó ella con simpatía—. Sé cuánto deseabas ir a nadar hoy.

Esteban no respondió. Se sentó en la habitación del frente y miró por la ventana. Pensó en todas las cosas que le hubiera gustado decirle a ese niño. Pero en ese instante, su enojo se desvaneció. Es como la historia del pueblo de Israel, pensó. No dieron las gracias a Dios por haberles librado de Egipto, por darles agua y comida en el desierto, por protegerlos de los enemigos… Ahora comprendía cómo debía haberse sentido Dios al ver que solo Moisés, Caleb y Josué se acordaban de todo lo que Él había hecho por ellos, y mostraban su agradecimiento confiando en Dios.

«Si ese niño me hubiera dicho gracias, habría valido la pena perder la sesión de natación», pensó Esteban. «A pesar de todo, puedo ir a nadar la semana próxima». Comprendió cuán importante es ser agradecido.

Esa noche, después de saborear una buena cena, Esteban abrazó a su madre y le dijo: —Gracias, mamá. La cena estaba realmente exquisita.

Bueno, me alegro mucho de que te haya gustado —respondió ella, gratamente sorprendida.

Una carrera contra un tornado

 ¿Les gusta tomar decisiones solos? A veces otras personas deciden por nosotros. El relato de hoy se refiere a una decisión muy importante que tuvo que tomar Antonio.

Antonio sostuvo la horquilla mientras miraba la pila de paja. Su padre fue a abrir el portón para que los caballos entraran al establo.

Antonio lo detuvo. —¿Quieres que les dé de comer primero a las vacas o a los caballos?

Su padre se detuvo por un instante. —Es lo mismo. Ambos tienen que comer.

Antonio vaciló. —Bueno, pero dime a cuál le doy primero.

—Antonio, tú eres un buen ayudante en muchos aspectos, pero me gustaría que tomes tus propias decisiones, pues ya eres casi un hombre. Quizá algún día tengas que tomar una decisión importante, y me temo que no sabrás qué hacer.

Aunque esta vez no se trataba de un problema grave, Antonio se quedó pensando. No le gustaba tomar decisiones aunque ya era mayor, eso era verdad. Los problemas producían en su mente el mismo efecto que el de las nubes, cuando nublan el sol. Su primer impulso era siempre consultar con la mamá o el papá.

Esa noche, al acostarse, seguía pensando en las palabras de su padre.

«Quizá algún día tengas que tomar una decisión importante».

Aún no había amanecido, cuando su padre lo despertó. —Levántate, hijo. Debo ir a la ciudad paro hacer unos trámites, y quiero pedirte que te ocupes de seguir arando el campo durante mi ausencia.

Antonio saltó de la coma al oírlo. Si había algo que realmente le encantaba, era manejar el tractor.

Durante el desayuno, Antonio dijo: —¿Me vais a acompañar al campo? No sé por dónde debo empezar.

Su padre le echó una mirada rápida. —Ayer estuve arando una franja grande. Sólo tienes que seguir el surco.

Antonio miró su plato. —Está bien, pero quisiera que me ayudes a comenzar.

—Muy bien. Vamos.

Antonio y su padre subieron al tractor y se dirigieron a la parte norte del campo. Allí conectaron el arado al tractor, y después que la reja del arado abrió un surco suave en la tierra, el padre se bajó y le entregó el volante a Antonio.

—Ahora, sólo tienes que seguir dando vueltas y más vueltas —le gritó, sonriente, para hacerse oír por encima del rugido del motor. —Cuando regrese de la ciudad, vendré a relevarte.

La tierra recién removida tenía un agradable olor a frescura y limpieza.

Antonio enderezó los hombros y se aferró con firmeza al volante.

Cerca del mediodía, Antonio estaba tan hambriento que no hacía otra cosa que mirar el reloj, con la esperanza de que su padre regresara. Cuando llegó al extremo del campo que daba a la carretera, vio que su madre lo aguardaba junto al camino. Detuvo el tractor y ella se acercó.

—Papá llamó para avisar que se demoraría en la ciudad, y que pronto estaría de regreso a última hora de la tarde. Te traje algo para comer.

Tomaron la cesta y se sentaron a la sombra de unos arbustos. La comida estaba deliciosa, y el zumo les pareció agradablemente refrescante. Los dos disfrutaron del almuerzo juntos.

Después de descansar un rato, él dijo: —Todo estaba exquisito, gracias, mamá. ¿Crees que debo seguir arando?

—Por supuesto. ¿No piensas lo mismo?

Bueno, me preguntaba si es eso lo que debo hacer.

—Estoy segura de

que sí.

Al oírla, Antonio dio media vuelta y subió nuevamente al tractor, la madre lo saludó con la mano, mientras él ponía el motor en marcha y comenzaba a dar vueltas por el campo. Uno tras otro, se iban abriendo los surcos a su paso.

El tiempo parecía transcurrir lentamente mientras Antonio seguía removiendo la tierra, hora tras hora, con el arado atado al tractor. De pronto, el muchacho observó que desde el oeste avanzaba una enorme nube negra.

Reinaba un extraño silencio a su alrededor. Los mirlos que lo habían estado siguiendo durante todo el día, de pronto se posaron sobre el borde de los surcos recién abiertos, con las alas plegadas contra el cuerpo.

Cuando llegó al extremo norte del campo y dio la vuelta hacia la carretera, elevó la mirada y vio que toda la parte occidental del horizonte estaba cubierta por negros y espesos nubarrones. Un enorme torbellino negro, como un embudo gigantesco, descendió precisamente desde el centro de esa tormentosa oscuridad. ¡Ahora sí que Antonio estaba asustado!

—¡Un tornado! —gritó.

Se quedó sentado, aterrorizado, con los ojos fijos en esa extraña visión.

La larga cola de la tormenta avanzaba lentamente a ras del suelo, y se dirigía directamente hacia el lugar donde él estaba.

«¿Qué puedo hacer?» se dijo. «¡Oh, si mi padre estuviera aquí! Si desengancho el tractor, tendré que llevarlo hasta la carretera, y jamás lo he hecho antes», pensó. Tomó con fuerza el volante y volvió a contemplar el tornado, que seguía avanzando. Elevó una oración rápida y silenciosa a Jesús, pidiéndole que lo dirigiera.

De un salto bajó del asiento y corrió hasta el arado. El aire estaba totalmente quieto, no se movía ni una brizna de paja.

—No va a haber tanta tranquilidad cuando esa cosa nos golpee —le dijo a un asustado mirlo.

Las manos le temblaban al sacar el perno que sujetaba el arado al tractor. Volvió a subir al tractor y se sentó.

El tractor se tambaleaba sobre la tierra despareja mientras avanzaba hacia la carretera. Cuando llegó a ella, Antonio se preguntó: «¿Tendré que ponerlo en primera para subir al camino?». Su padre le había advertido que era muy difícil manejar esa máquina tan pesada en la carretera.

Volvió a mirar el tornado que seguía avanzando con su larga cola girando en un furioso torbellino. Sin pensarlo dos veces, puso el tractor en primera y se adelantó tambaleando sobre el camino.

Ahora sentía el viento en la espalda mientras avanzaba. Tomó con fuerza el volante, se enderezó en el asiento y apretó a fondo el acelerador.

La fuerza del viento lo atormentaba. Una enorme rama se desprendió de un arce y cayó atravesada sobre el camino. Antonio pudo esquivarla justo a tiempo, pero al girar bruscamente su sombrero aterrizó sobre la copa de la gran rama caída. Antonio sintió que se le erizaba el cabello.

Siguió avanzando con el motor en su máxima potencia hasta el cobertizo donde guardaban el tractor, y en ese preciso instante vio que el coche de su padre cruzaba el portón de entrada. En ese momento se desató una lluvia torrencial, como si el agua cayera a cubos desde el cielo.

¡Corre! —dijo su padre mientras salía de un salto del coche.

Padre e hijo esquivaron una rama caída y corrieron hacia el sótano preparado especialmente como refugio para las tormentas. El padre sostuvo la puerta abierta con una mano, mientras empujaba a Antonio con la otra casi metiéndolo de cabeza en la habitación que estaba a oscuras. Su madre ya estaba allí, con una vela encendida.

—¿Qué les parece? ¿Será muy peligroso este tornado? —preguntó ella.

—No, pasará pronto; pero después nos quedará una buena tarea de limpieza por hacer —le respondió el padre.

Antonio parecía más alto en esa habitación pequeña. Pensó que había logrado traer solo el tractor y que, al hacerlo, había vencido al tornado: Pero se sintió realmente orgulloso cuando oyó decir a su padre:

—»Doy gracias a Dios porque tomaste una decisión cuando tenías que hacerlo. Jamás volveré a dudar de ti».

Y allí, en el silencio del refugio Antonio elevó una breve oración de gratitud al Señor, por haberlo ayudado a decidir correcta y rápidamente en ese momento de necesidad.

A lo mejor tú no tienes que tomar decisiones tan importantes, pero puedes tomar en cada situación, la decisión de seguir a Jesús.

Resumen, y selección de materiales, de Eunice Laveda, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Eunice Laveda es responsable, junto con su esposo, Sergio Fustero, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Photo by KAL VISUALS on Unsplash

 

Tags from the story