Espiritual

Escuela sabática de menores: Un visitante nocturno

Para el sábado 2 de febrero de 2019 Esta lección está basada en Lucas 11:5-13, Palabras de vida del gran…

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Para el sábado 2 de febrero de 2019

Esta lección está basada en Lucas 11:5-13, Palabras de vida del gran Maestro, capítulo 12.

  • El amigo necesitado. Lucas 11:5-8.

    • ¿Qué necesitaba este amigo y por qué?
      1. Un pan, porque no tenía para comer ese día.
      2. Dos panes, porque no le había dado tiempo a hornearlos.
      3. Tres panes, porque había venido un amigo a su casa.
    • ¿A dónde fue a conseguir lo que necesitaba? A…
      1. casa de su amigo.
      2. casa de un vecino.
      3. la panadería.
    • ¿Qué le respondió su amigo y por qué?
      1. Que fuese a casa de otro vecino, porque él no tenía nada para darle.
      2. Le dio todo lo que le pedía, porque le resultó gracioso cómo llamaba a la puerta.
      3. Le dijo que no le molestase, porque era ya de noche y sus hijos estaban dormidos.
    • ¿Por qué razón dijo Jesús que el amigo obtuvo lo que necesitaba? Porque…
      1. a un amigo siempre se le da todo lo que quiere.
      2. era su amigo, y se lo pedía con insistencia.
      3. tenía de sobra y no le importaba dárselo.
    • El Amigo que da. Lucas 11:9-10.

      • ¿A qué Amigo debemos pedir, buscar y llamar?
      • ¿Siempre nos dará ese Amigo todo lo que queramos? ¿Por qué sí, o por qué no?
      • ¿De qué forma este Amigo es nuestro ejemplo de amistad?
    • Dando a mis amigos. Lucas 11:11-13.

      • Según Jesús, si le pides a tus padres pan, pescado o huevo, ¿qué es lo que ellos no te darán?
      • Nuestros padres intentan siempre darnos, de lo que pedimos, lo que es bueno para nosotros. ¿Hacemos nosotros lo mismo con nuestros amigos?
      • Nuestro Padre Celestial nos da el Espíritu Santo cuando se lo pedimos, porque lo necesitamos. ¿Qué crees que tu amigo siempre necesitará que le des?

Medita:

  • Siempre podemos orar a Dios para presentarle nuestras necesidades. Él siempre nos escucha.
  • Pide a Dios que puedas amar a tus amigos como Él te ama a ti.
  • Agradece a tus amigos por su ayuda.
  • Ayuda a tus amigos, tanto cuando te sea cómodo hacerlo, como cuando te sea una molestia.
  • Sé un verdadero amigo en cualquier circunstancia.
  • Recuerda que darle a tu amigo todo aquello que desea no es siempre la mejor manera de reflejar el amor de Dios en su favor.
  • Una manera de ayudar a un amigo es enseñarle el amor que Dios le tiene.
  • “Un amigo es siempre afectuoso, y en tiempos de angustia es como un hermano” (Proverbios 17:17).

Resumen: Dios nos ama siempre, por eso nosotros debemos reflejar ese amor para beneficio de los demás.

Actividades

Historia para reflexionar

El cochecito que ganó amigos

Lo primero que Guillermo oyó aquel viernes por la mañana fue el gorjeo de los pájaros madrugadores. Parecía que cada uno quería sobresalir sobre los demás. Guillermo se quedó muy quieto con los ojos cerrados, pero en realidad estaba despierto.

El aire fresco de la mañana entraba por la, ventana. Guillermo dio una vuelta en la cama y se arropó bien con las sábanas. Estiró sus largas piernas y luego las enrolló formando, con su cuerpo una bola. Se sintió cómodo y adormecido, pero no por mucho tiempo.

De pronto se sentó en la cama derecho como un palo. Ni siquiera tuvo que restregarse los ojos para terminar de despertarse. “¡Hoy es viernes! -dijo en voz alta-. ¡Hoy es mi cumpleaños!” Y no necesitó más para bajarse de la cama, echarse agua en la cara y llegar el primero a la mesa del desayuno.

Y tenía una buena razón. Ese día recibiría un cochecito nuevo, azul, precioso. En los cumpleaños anteriores nunca se había enterado de lo que recibiría. Pero esta vez lo sabía. Sus padres se lo habían prometido desde hacía mucho tiempo, y hoy era el día.

La madre estaba terminando de preparar el desayuno cuando el muchachito entró corriendo en la cocina.

-¿Estás aquí, mamá? ¿Está mi cochecito aquí? -preguntó sin tomar aliento.

-Buenos días, y feliz cumpleaños -dijo ella. Y luego con un movimiento de cabeza señaló hacia su silla en la mesa.

¡Allí estaba! ¡Al lado de la silla! ¡Un cochecito azul nuevo y brillante!

Guillermo no necesitó hacerse de rogar para terminar el desayuno. Cuando el resto de la familia había llegado a la mitad, él ya estaba listo y había salido a la acera con su cochecito.

La primera persona a quien vio fue a Roberto Blanco.

-Ese cochecito es genial – dijo Roberto-. ¿Puedo arrástralo hasta la esquina?

-¡Oh, no! -objetó rápidamente Guillermo-. Este cochecito es nuevo y por un buen tiempo nadie debe jugar con él sino yo.

De modo que Guillermo llevó el cochecito hasta el final de la calle. Pero en el camino de regreso se encontró con Jerónimo.

-Oye, Jerónimo. Mira mi regalo de cumpleaños de líneas aerodinámicas.

-iHala! -exclamó Jerónimo, reteniendo el aliento y abriendo los ojos-. ¡Qué bonito es tu coche nuevo!

Y Jerónimo, agarrándose del cochecito, intentó subirse en él.

-Llévame a dar una vuelta -dijo.

Guillermo levantó la mano.

-¡Un momento! ¡No hagas eso! Tus zapatos pueden raspar la pintura. Quiero mantenerlo nuevo y brillante.

Jerónimo retrocedió.

-Muy bien -dijo. Su voz un poco extraña-. Iré a casa de Tomás para jugar con él -y desapareció a toda prisa por la esquina.

Guillermo se quedó solo. “Al fin y al cabo esto no es muy divertido -pensó-. Tengo un cochecito nuevo pero nadie con quien jugar…

Pronto oyó muchos gritos y risas procedentes del patio de Tomás. Guillermo sintió curiosidad, de modo que, con su coche nuevo, se dirigió en esa dirección.

En el patio de Tomás había como una docena de muchachos.  Estaban jugando a fútbol. “¡Ese fue un buen tiro!”-gritó alguien.

En eso Tomás notó a Jerónimo que estaba allí parado y le dijo:

-Ven, te necesitamos como portero.

-No puedo -respondió Jerónimo-. Me olvidé de traer los guantes.

-No importa. Puedes usar los míos -dijo Tomás.

Todos estaban divirtiéndose de lo lindo. En ese momento Roberto se unió al juego.

-Hola, muchachos. Traje mi pelota nueva. Juguemos con ella un rato.

Guillermo había estado observando la escena sentado en su cochecito. No tenía nadie con quien jugar ni siquiera con quien hablar. Se levantó y regresó a la casa. Pasó un buen rato puliendo las tapas y los tapacubos de su cochecito.

“Es estupendo recibir como regalo de cumpleaños un cochecito -pensó Guillermo-, pero no es divertido estar solo”.

Estaba tan enfrascado en sus pensamientos que no oyó que alguien se acercaba por la acera.

-¡Hola, Guillermo! Vengo de la tienda de hacer los mandados para mamá.

Era Miguel. Llevaba en sus brazos una gran bolsa de provisiones.

Guillermo se levantó tan rápido que se tropezó con sus propios pies.

-Tus compras parecen muy pesadas -dijo-. Ponlas en el cochecito y yo las llevaré hasta tu casa.

Miguel vaciló por un momento.

-No creo que deba hacerlo. La caja de la leche gotea un poco y manchará tu cochecito

-No importa. Lo limpiaré -declaró Guillermo.

Miguel colocó su bolsa sobre el carrito.

-¡Muchas gracias! -dijo Miguel, con una amplia sonrisa.

Y los dos muchachos comenzaron a silbar mientras conducían calle abajo.

Aquel día, Guillermo comprendió que más importante que cualquier juguete o posesión material, es tener amigos. Y que para tener amigos, el secreto es… ¡ser amigo!

Historia de Isabel Phillips

Resumen, y selección de materiales, de Eunice Laveda, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Historia editada por Esther Azón. Eunice Laveda es responsable, junto con su esposo, Sergio Fustero, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es

Foto: Karine Germain on Unsplash

 

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