Espiritual

Escuela sabática de menores: Lázaro y una promesa de resurrección

Del mismo modo que Jesús resucitó a Lázaro, que estaba muerto, resucitarán todos los que decidan aceptar a Jesús como su salvador personal.

Tags from the story
Del mismo modo que Jesús resucitó a Lázaro, que estaba muerto, resucitarán todos los que decidan aceptar a Jesús como su salvador personal.

Para el sábado 23 de marzo de 2019.

Esta lección está basada en Juan 11:1-44; 1ª de Tesalonicenses 4:13-18, El Deseado de todas las gentes, capítulo 58, páginas 491-494.

  • Jesús lloró.
    • Todos lloraban: Marta, María, las plañideras, los familiares, los fariseos, los judíos que los acompañaban.
    • ¿Qué hacía diferente el llanto de Jesús del llanto de los demás?
    • Jesús lloraba por:
      • Marta y María, porque no entendían lo que estaba a punto de hacer.
      • Todos los que, en cualquier momento de la historia humana, sufren por la muerte de un ser querido.
      • Los fariseos que fingían tristeza, pero poco después planearían matarlo a Él y a Lázaro.
      • Los que iban a morir eternamente al rechazarlo.
    • Jesús llora también por ti. Llora cuando estás triste y necesitas consuelo, cuando pecas, cuando lo rechazas y cuando no entiendes los planes de Él para tu vida.
  • “Quitad la piedra”.
    • Jesús fue a la tumba y se paró frente a la cueva donde había sido sepultado Lázaro.
    • ¿Por qué Jesús no hizo que la piedra se quitase sola de la puerta de la cueva?
    • El orgullo de Marta le llevó a decirle a Jesús que no mostrase a su hermano a la vista de todos, porque llevaba ya 4 días muerto y olía muy mal.
    • Pídele a Jesús que descubra tus pecados para que pueda limpiarlos, y evitar así que “huelas mal”.
    • Al igual que a Marta, Jesús te dice a ti que, si crees en Él, verás milagros en tu vida.
  • Jesús oró.
    • Una vez retirada la piedra, Jesús le dio gracias a su Padre porque siempre lo escuchaba.
    • Le dio gracias por el milagro que iba a realizar, como si ya estuviese realizado.
    • Cree en Jesús tan completamente como si ya hubiese hecho lo que le has pedido.
  • “¡Lázaro, ven fuera!”
    • A la voz de “¡Lázaro, ven fuera!”, se produjo un profundo y expectante silencio. Se podían oír los pasos quedos de Lázaro avanzando lentamente, hasta que su figura fue claramente visible a la luz del día. ¡Lázaro estaba vivo!
    • Al igual que había pedido que quitasen la piedra, pidió ahora que liberasen a Lázaro de las vendas que impedían sus movimientos.
    • Aquí estaba Lázaro. Sin signos de enfermedad, fuerte y saludable.
    • Cree firmemente que, cuando Jesús vuelva por segunda vez, los muertos oirán la voz de Jesús (como la oyó Lázaro) y volverán a la vida. Serán transformados junto a los que estemos vivos, y nos iremos con Jesús a vivir por la eternidad.
  • El gozo de la resurrección.
    • Todos corrieron a abrazar a Lázaro, y estaban muy alegres de reencontrarse con él.
    • Esta historia es un ejemplo de la gran alegría que tendremos cuando Jesús regrese, al reencontraremos con nuestros seres queridos que resucitarán.
    • Da gracias a Dios porque, igual que Lázaro y Jesús resucitaron, resucitarán todos los que han vivido creyendo en Dios y han aceptado a Jesús como su Salvador.

Resumen: Jesús nos da una nueva vida hoy y por la eternidad.

Actividades

Historia para reflexionar

La sorpresa del médico

Por Kay Heinstand

Adiós, Brenda, te veremos más tarde – se despidieron las chichas.

– ¿No son buenas chicas? – preguntó Brenda a su madre.

– Sí, querida, son muy amables. ¿Disfrutaste del paseo después de la iglesia?

– Muchísimo, mamá. Pero ahora tengo hambre.

– ¿Y qué es de Eloísa, la chica nueva? ¿Fue hoy a la iglesia contigo?

Brenda se hizo la distraída.

– Brenda, no finjas que has olvidado la conversación que tuvimos el otro día. ¿No le pediste a Eloísa que fuera a la iglesia con vosotras.?

– Tú no dijiste que teníamos que pedírselo… Y además, yo no quería hacerlo, y tampoco las otras chicas. Las cuatro nos llevamos muy bien y no queremos a nadie más. Eloísa no nos gusta. No es guapa, no sonríe y parece egoísta y presumida.

La mamá le habló bondadosamente.

– Tal vez no tenga nada por lo que estar feliz o alegre. Al fin y al cabo, a vosotras os corresponde mostraros amigables con ella en primer lugar, porque ella es nueva aquí.

– ¡Oh, mamá!, tú no lo entiendes.

– Creo que lo entiendo muy bien. Oí decir que la familia de Eloísa no pertenece a ninguna iglesia, de modo que ella no asiste a ninguna. Está bastante sola. Me parece que sería bonito que le pidiérais que os acompañe.

Brenda saltó:

– No creo que ella sea tan buena como para ir a nuestra iglesia.

Entonces la madre realmente se mostró seria y horrorizada.

– Brenda Jiménez, ¿quién eres tú para juzgar a Eloísa o a cualquier otra persona y decidir si es «tan buena» o no para ir a nuestra iglesia? Si ella fuera una chica mala, con más razón debieras ayudarla.

Brenda no respondió. En realidad, no pudo hacerlo. Comprendió que no debía haber dicho lo que dijo acerca de la niña nueva.

– Siéntate, Brenda – dijo firmemente la madre -. Por un momento vaciló y luego dijo pensativa – ¿Conoces al Dr. Zucal?

Brenda la miró asombrada.

– ¿Nuestro Dr. Zucal? Por supuesto que lo conozco. Lo he conocido durante toda mi vida.

La madre esperó hasta que Brenda se sentara y luego dijo:

– Una vez él me contó algo que le había ocurrido.

A Brenda se le despertó la curiosidad.

– ¿Qué fue, mamá?

– El Dr. Zucal me contó la siguiente historia, que voy a repetir en sus propias palabras:

«Un día que me encontraba caminando junto al muelle – dijo el doctor – vi que se había reunido un grupo grande de personas. Me apresuré a ir y ver lo que pasaba. Me enteré de que un muchacho se había caído al agua y que alguien lo había sacado. Un hombre estaba inclinado sobre él dándole respiración artificial. Otro hombre me dijo que había estado trabajando por el muchacho hacía un buen rato sin que diera la menor señal de vida. Me habían preguntado si habían hecho todo lo que podían hacer para salvarle la vida. Les pregunté lo que habían hecho, y les dije que creía que era todo lo que podía hacerse.

Entonces un sentimiento repentino me impulsó a hacer mi parte. Me agaché, di vuelta al muchacho y miré su rostro inconsciente. ¡Pero si ese muchacho era mi propio hijo que estaba allí como muerto! Ud. puede estar segura – afirmó el doctor – de que yo no seguí pensando que se habían agotado las posibilidades.

Me quité la chaqueta, me incliné sobre el muchacho, le hice la respiración artificial. Y mientras lo hacía rogaba a Dios que me lo devolviera. Trabajé y oré por el resto de la tarde y, justamente a la puesta del sol, noté en él un débil aliento que me reveló que viviría. Ese día aprendí mi lección. Nunca más veré a otro niño morir ahogado sin quitarme la chaqueta y hacer todo lo que se pueda para salvarlo».

Brenda guardó silencio por un momento. Luego exclamó:

– ¡Ese debe haber sido Lorenzo!

– No olvides el significado de la historia del Dr. Zucal, Brenda – dijo la madre -. Todos debemos trabajar para salvar a otros de una vida de pecado, tanto como lo haríamos tratando de salvar a nuestra propia familia.

Brenda bajó los ojos y no pudo mirar a su madre a la cara.

– Mamá, creo que ahora entiendo. Me siento muy avergonzada de mí misma. Trataré de no comportarme nunca más como lo hice. Esta misma noche iré a casa de Eloísa, a verla… y te prometo que las cosas serán diferentes en el futuro.

Cuando levantó la cabeza, la promesa se reflejó en los ojos de Brenda, asegurándole a su madre que, de ahí en adelante, las cosas serían enteramente diferentes.

Resumen, y selección de materiales, de Eunice Laveda, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Eunice Laveda es responsable, junto con su esposo, Sergio Fustero, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es

Foto: Photo by Fernanda Marin on Unsplash

 

Tags from the story