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Para el sábado 7 de octubre de 2017

Esta lección está basada en 2ª de Crónicas 20:1-30 y “Profetas y Reyes”, capítulo 15.

  • Se presenta un problema para el pueblo de Judá.
    • Los amonitas y los moabitas juntan un gran ejército para hacer guerra contra Josafat.
    • Josafat tenía un ejército poderoso, pero no confió en sus propias fuerzas.
  • Preparándose para resolver el problema.
    • En primer lugar, Josafat busco a Dios a solas en oración.
    • Reunió a todo el pueblo alrededor del templo.
    • Oró delante de todo el pueblo para pedir la ayuda divina.
    • Jahaziel dio un mensaje de ánimo de parte de Dios.
    • Josafat alabó a Dios por la victoria (antes de haber vencido).
  • Enfrentando el problema.
    • El día de la batalla, los cantores guiaban al ejército con himnos de alabanza.
    • Los amonitas y moabitas se mataron entre sí y no hizo falta que Judá pelease.
  • Final del problema. 
    • Volvieron al templo para agradecer de nuevo a Dios por la victoria.
    • Desde entonces, Judá tuvo un periodo de paz. Ningún pueblo se atrevió a pelear más con ellos.

Resumen: Confiemos que, en tiempos de crisis, podemos quedarnos quietos y Dios nos dará la victoria. Estemos seguros de que Dios tiene el control sobre nuestras luchas. Sigamos las instrucciones de Dios y alabémoslo porque Él ya ha ganado la victoria por nosotros.

Historia: La caja de bizcochos sobre el mostrador

Nora y Susi eran amigas y a menudo jugaban juntas después de las clases. Un día la mamá les pidió que fuesen al almacén, pues quería azúcar. En el almacén Nora y Susi vieron que un amigo del dueño sacaba de una caja un bizcocho y se lo comía delante del mismo dueño, mientras charlaba alegremente, sin que el dueño le diese la menor importancia.

Camino a la casa, Nora le dijo a Susi que ellas podían hacer lo mismo, ya que el Sr. Guzmán, el dueño, ni siquiera le daba importancia. Susi pensó que eso era malo.

– Supongo que no será nada malo si lo hacemos cuando él está ahí y nos ve. De otra manera estaríamos robando, ¿no lo crees así? -preguntó Nora.

– No sé qué decirte -contestó Susi.

Tres días después tuvieron que ir al almacén. En el camino Nora le dijo a su amiguita que el Sr. Guzmán tenía que ir al depósito a buscar el aceite y que entonces podrían sacar algunos bizcochos. Susi se negó, pero, cuando vio aquellas delicias dentro de la caja, no dijo que no. Así que cada vez que iban al almacén, Susi aceptaba los bizcochos que le pasaba Nora. Sin embargo, Susi no se sentía contenta y por la noche pedía perdón a Dios por su falta. Pero cuando iba otra vez al almacén su voluntad se debilitaba y volvía a comer los bizcochos de la caja.

Un día el dependiente las vio. Cuando las chicas se dieron cuenta de eso salieron corriendo del almacén. Desde ese día Susi no volvió a tomar un solo bizcocho del mostrador, pero no enmendó su falta anterior y se sentía triste como nunca antes.

Esa noche Susi oyó una conversación entre su papá y su mamá.

– ¿Sabes que he tenido muy malos informes en cuanto a Nora? Parece que ha estado robando aquí y allá por el pueblo.

– Sí, alguien me contó lo mismo hoy -respondió la mamá-. Me parece que sería mejor no dejar jugar a Susi con ella.

– Susi sintió un gran temor de que la gente pudiera pensar lo mismo de ella. Se dirigió al borde de su cama, se arrodilló y pidió perdón a Jesús por el mal que había cometido y le prometió no volver a robar nunca más. Después se dirigió a su hucha y sacó lo poco que tenía. Con el dinero en la mano se dirigió al almacén del Sr. Guzmán, quien estaba solo, y le dijo:

– “Sr. Guzmán, lamento mucho haberle cogido el otro día algunos bizcochos y espero que con esto alcance para pagárselos”.

El Sr. Guzmán se lo agradeció con una sonrisa. Susi volvió corriendo a casa sintiéndose muy contenta de haber arreglado las cuentas con el Sr. Guzmán y de haber hecho lo correcto.

 

Ilustración

La luz fue creada con un propósito especial, y la Biblia nos dice quién la creó, cuándo y por qué. (Génesis. 1: 1-5.)

Más tarde Dios creó al hombre y a la mujer. Entre las muchas bendiciones, les dio ojos para ver la luz, y también el poder de ser luces para otros.

Las luces no tienen todas la misma fuerza. La luz que da una velita de cumpleaños es muy bonita en una tarta de cumpleaños, pero fuera de eso tiene poco valor.

Nuestros abuelos usaban lámparas de keroseno. Iluminaban regularmente su casa. Muchas veces humeaba de principio a fin. Y si alguien se olvidaba de limpiar el vidrio, pronto el humo ensuciaba tanto la lámpara que esparcía poca luz.

Todos conocemos la lámpara de mesilla, pero no iluminará nada si no apretamos el interruptor.

¿Quién dijo: “Yo soy la luz del mundo?” Jesús. La luz de las enseñanzas de Jesús, relatadas en la Palabra de Dios (la Biblia) disipó las tinieblas del pecado, Jesús promete que todos los que le sigan “no andarán en tinieblas”.

Entonces un día Jesús dijo a sus seguidores: “Vosotros sois la luz del mundo”. ¿Qué quería decir Jesús con esto? Que nosotros estamos encargados de reflejar la luz de Jesús para otros. Debemos vivir cada día con Dios para que el Espíritu Santo nos cambie y nuestro carácter sea cada día más parecido al de Jesús. Entonces los demás podrán ver a Jesús a través nuestro y podremos llevarles a Él. 

No seamos luces que se apagan con cualquier soplo del viento, como la velita de cumpleaños. No brillemos tan tímidamente que otros no puedan ver la luz, como la de keroseno. Brillemos como el Sol.

Extraído de: “El auxiliar de la escuela sabática”  Abril de 1968

 

Resumen, y selección de materiales, de Eunice Laveda, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día en Castellón. Responsable, junto con su esposo Sergio Fustero, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es 

Foto: Aaron Burden en Unsplash

Revista Adventista de España