Sociedad

Escuchando a los ateos

Nunca debí decirle al taxista que iba a una convención de ateos. “Así que se sentarán por ahí diciendo que…

Nunca debí decirle al taxista que iba a una convención de ateos. “Así que se sentarán por ahí diciendo que no hay nada por allí arriba, para nada», dijo con acento de Oriente Medio mientras contaba con los dedos las cuentas de su rosario.“¡Esta gente está loca!”

“Es algo más que eso…”, comencé a responder.

“Estas personas quieren que dos hombres se casen entre sí, pero no pueden tener hijos, lo que prueba que están equivocados. Estos @#$% deberían ser fusilados”, espetó mientras conducía muy enfadado, haciendo que el crucifijo que colgaba del retrovisor se moviese de un lado a otro. ¿Acaso recordaba que el Hombre que estuvo en ella nunca forzó a nadie a obedecer, y que fue asesinado por la intolerancia religiosa? Me mantuve en silencio. Algunas creencias son más como prejuicios, fuera del alcance de la razón. ¿Es esto lo que tienen que soportar los ateos? Si usted hubiese sido criado o educado por un creyente como este, el ateísmo le habría podido parecer atractivo y con apertura de mente.

Una vez dentro, los comediantes comenzaron a bombardear masivamente la religión. “A cualquiera que haya perdido un hijo, dejadme que le diga: Dios te ama, así que va a quemar tu bebé en el infierno para siempre y es todo por tu culpa. No le pediste a un sacerdote pedófilo que lo tuviera en brazos mientras vertía un poco de agua sobre su cabeza para lavar el pecado original de su ancestro Adán, de quien dice oficialmente la iglesia que nunca existió en realidad.” Hay muecas, risotadas ensordecedoras y aplausos por parte de las 4.000 personas que abarrotan el lugar, el doble del año anterior. Sin embargo, él está atacando el Dios inventado por la iglesia medieval, no al Dios de la Biblia.

Fuera del edificio, manifestantes musulmanes estaban canturreando consignas diciendo que Christopher Hitchens, el escritor ateo que falleció tiempo atrás «se quemará en el infierno para siempre”. Un grupo de cristianos llevaba pancartas sobre el infierno eterno de los ateos, homosexuales y “chismosos contra la iglesia”. Les pregunté educadamente si un castigo eterno por un crimen finito era justo, y algunos incluso se pararon a pensar en ello. Al menos estaban enfatizando que Jesús murió porque ama a los ateos y desea salvarlos. Dentro, el infierno salió a colación con frecuencia. Un científico me dijo: “Dios es el Saddam Hussein cósmico, pero peor, porque al menos el dictador te dejaba en paz cuando estás muerto. Dios te controla por siempre.” La corriente principal del cristianismo tiene que redescubrir las enseñanzas de la Biblia sobre el infierno, o las iglesias continuarán produciendo ateos.

Me di cuenta de las camisetas: “La ciencia te lleva a la luna. La religión te lleva dentro de edificios”; “Olvídate de Jesús. Las estrellas murieron para que tú pudieses nacer”; “Sonríe, no existe el infierno”; “Dios no es mi droga preferida”.

La conferencia se llamaba “Una celebración de la razón”. Merece la pena celebrar la razón, y quiero una fe razonable, no ciega. Pero ¿de dónde obtuvimos la razón? ¿Acaso la mera materia se convirtió en consciente por sí sola? ¿Acaso el cerebro humano, con facilidad el objeto más complejo que conocemos, se form´ó con químicos solo por azar? ¿O puede que sea más probable que nuestra razón provenga de otra Mente? Estoy produciendo un vídeo sobre este tema en la serie «Big Questions».

Un número de ex-adventistas me saludan, incluyendo dos ex-profesores y un ex-pastor. Algunos son conversos, otros simplemente están echando un vistazo. Me tropiezo con una madre y su hijo, ambos adventistas. Él es estudiante de ciencias quien pidió al pastor poder asistir para echar una mano con algunas preguntas que le estaban planteando en la universidad. El pastor nunca vino, así que el joven asumió que el cristianismo no tiene respuestas. He oído esta historia muchas veces: el muchacho brillante va a la universidad y nadie ha desarrollado el lado intelectual de su fe, que permanece al nivel de escuela primaria, y crecen más que ella. Su madre está en la convención de ateos, a pesar de las preocupaciones de algunos amigos de la iglesia, para escuchar las preguntas, y poder trabajar con su hijo sobre las respuestas. Siento un profundo amor por ambos, y les di un libro de John Lennox, un profesor de matemáticas cristiano de Oxford, titulado: El enterrador de Dios: ¿Ha enterrado la ciencia a Dios?»

Encuentro a algunos ateos con sinceros deseos de diálogo, mientras que otros hacen comentarios facilones y atacan con argumentos de paja humanos, actuando como fundamentalistas intolerantes —pero he oído a unos cuantos cristianos hacer lo mismo. ¿Acaso hay alguien aún escuchando sinceramente? Necesitamos un diálogo respetuoso, no una guerra tribal.  Los ateos tienen razón e  intuición, la capacidad de amar, algún conocimiento innato de lo correcto y lo incorrecto, un sentido de propósito —porque son creados a la imagen de Dios, lo reconozcan o no. Algunos jamás han oído una buena razón para creer, y han rechazado todo dogma ilógico de la iglesia. Algunos han sufrido abusos por parte de cristianos. Muchos han sido influenciados por científicos que actúan como si toda la evidencia disponible fuese unidireccional, y quienes encubren grandes brechas en el registro naturalista de cómo hemos llegado hasta aquí.

Sólo conozco un camino para alcanzarlos: el diálogo amistoso.

Pedro (1 Pedro 3:15-16) dice a los cristianos que hay que hacer tres cosas: Una, “Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor” (NVI). Esto es, reconocer nuestra propia necesidad de un Salvador y de una transformación espiritual. Esto evita toda presunción.

Dos, “Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (NVI). Una razón (apología en griego) significa una defensa razonada, un caso lógico para algo. Así que, no es suficiente con decir, “me siento bien con la fe”. Podemos necesitar arrepentirnos de vagancia mental y pensar más profundamente sobre por qué creemos. Me siento animado al ver a algunos adventistas leyendo apologistas cristianos como John Lennox, Lee Strobel, William Lane Craig, Ravi Zaccharias, John Dickson o Alister McGrath. (Pueden encontrarse charlas suyas en YouTube.) La mayoría de veces cuando hablo con algún ateo, me doy cuenta de mi ignorancia sobre otro nuevo tema, y me voy a casa a investigar en profundidad.

Tres, “Pero háganlo con gentileza y respeto” (NVI). Necesito respetar a las personas que han orado y sienten no haber recibido respuesta, que se sienten atrapados en una bola enorme de lodo precipitándose al espacio, sin guía alguna, sin dirección y desprotegidos, intentando encontrar por sí mismos sentido y propósito y vivir sus vidas lo mejor que pueden. Necesito respetar su inteligencia a la hora de presentarles el cristianismo. Si un Padre amante les está llamando de vuelta a casa, ¿cómo podría representarlo de forma arrogante? Necesito tomar una vía diferente a la del taxista. Así que me escabullo hacia la sala de oración del centro de convenciones —y no parecía en desuso— y pedí amor y lógica mientras me entrevistaba con ateos famosos. Pido a Dios que me de capacidad para realmente escucharles, y poder hacer vídeos para mi iglesia y de este modo, pueda comenzar a dar respuestas las verdaderas preguntas hechas por este creciente segmento en los países occidentales. Dios desea responder sus preguntas como hizo con el dubitativo Tomás, y alegrar sus razonamientos, su individualidad y su compañía. Para siempre.

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