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¿Es el alma inmortal? Si bien la Biblia nos enseña que los muertos nada saben (Ecl. 9:5, 6), hay quienes citan algunos pasajes bíblicos con el fin de probar la inmortalidad del alma. Analizaremos tres de ellos.

¿Fue el ladrón al cielo en el momento de morir? 

En Lucas 23:43, algunas versiones bíblicas siguen una traducción semejante a la Reina-Valera (1995): “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Aunque en esta lectura pareciera que Jesús le está prometiendo al ladrón que iría al Paraíso ese mismo día, lo cierto es que aquí hay un problema de traducción. En los manuscritos griegos no existe la palabra “que”, como tampoco los signos de puntuación, que se empezaron a usar a partir de la Edad Media. Eso quiere decir que, si se elimina el término “que” y se coloca la coma en el lugar correcto, después de “hoy”, se tiene el verdadero sentido de la oración: “De cierto te digo hoy, estarás conmigo en el paraíso” (Reina-Valera 2000). ¡Jesús no le estaba prometiendo al ladrón que ese día iría al Paraíso, sino que en ese día le hacía la promesa de que en un futuro estaría con él en el Paraíso!

El ladrón mismo no esperaba ir en ese mismo día al cielo. Su petición fue: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (vers. 42). Él confiaba en que iría al cielo cuando Jesús viniera por segunda vez. Además, Jesús no estuvo en el cielo ese día, porque tres días más tarde le dijo a María: “¡Suéltame!, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17). El ladrón arrepentido descansa en la tumba hasta la segunda venida de Jesús.

«Ausentes del cuerpo y presentes al Señor»

Algunos afirman que en 2 Corintios 5:3 al 8 el apóstol Pablo expresa su deseo de abandonar el cuerpo al momento de morir e ir al cielo, a la presencia del Señor; pero este no es el sentido del texto. En términos figurativos, Pablo habla del cuerpo actual (“vestidos” [vers. 3]); de la muerte (“desnudos” [vers. 3]); y del cuerpo glorificado que recibirán los salvos (“revestidos” [vers. 4]). Así expresa su deseo de ser transformado sin ver la muerte: “Pues no quisiéramos ser desnudados (morir), sino revestidos (transformados), para que lo mortal sea absorbido por la vida” (vers. 4).

Por lo tanto, mientras “estamos en el cuerpo (cuerpo actual), estamos ausentes del Señor”, pero “queremos estar ausentes del cuerpo (ser transformados sin morir para dejar este cuerpo pecaminoso) y presentes al Señor (vivir con él después de la transformación)” (vers. 4, 8). Aquí Pablo anhela la transformación de su cuerpo, sin indicar el momento en que “lo mortal” sería “absorbido por la vida”. Sin embargo, la iglesia de Corinto ya lo sabía, pues en 1 Corintios 15:51 al 53 él mismo les había explicado que eso sucedería en la segunda venida de Jesús.

«Partir y estar con Cristo»

En Filipenses 1:21 al 23, Pablo afirma que desea “partir y estar con Cristo”. Pero esto no significa que él esperaba ir al cielo inmediatamente después de morir, sino que expresa su deseo de dejar esta vida problemática y poder estar con Cristo, sin mencionar el momento exacto cuando aquello ocurrirá. Y, aunque Pablo no explica todos los detalles en Filipenses, por 1 Tesalonicenses 4:15 al 17 sabemos que los salvos “estaremos siempre con el Señor”, cuando Cristo vuelva por segunda vez y los muertos resuciten. Y, debido a que la muerte es un sueño (Juan 11:11-14; 1 Cor. 15:18, 20, 1; 1 Tes. 4:13, 15), un estado de inconsciencia en el que no hay percepción de tiempo, Pablo sabe que desde bajar a la tumba hasta resucitar parecerá como que habrá pasado tan solo un instante, y entonces su primera visión será la de Cristo que lo llama a la vida (2 Tim. 4:8). Por esa razón, para Pablo “morir es ganancia” (Fil. 1:21). Esto significa poner fin una vida de luchas y penalidades, para levantarse y estar por siempre con el Señor.

Autor: Cristhian Álvarez Zaldúa, doctor en Teología y profesor de Teología Sistemática en la Universidad Adventista de Bolivia.

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PUBLICACIÓN ORIGINAL: Es el alma inmortal

 

 

Revista Adventista de España