Espiritual

El hogar, la primera escuela

La educación comienza en el hogar En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está…

La educación comienza en el hogar

En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decisivo para el bien o para el mal. Son, en muchos aspectos, silenciosas y graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcante para la verdad y la justicia. Si no se instruye correctamente al niño en el hogar, Satanás lo educará por instrumentos elegidos por él. ¡Cuán importante es, pues, la escuela del hogar!—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 83. CN 17.1

La colocación del fundamento sólido

Sobre los padres recae la obligación de dar instrucción física, mental y espiritual. Debe ser el objeto de todo padre, asegurar para su hijo un carácter bien equilibrado, simétrico. Esa es una obra de no pequeña magnitud e importancia, una obra que requiere ferviente meditación y oración no menos que esfuerzo paciente y perseverante. Hay que echar un fundamento correcto, levantar un armazón fuerte y firme, y luego, día tras día, adelantar la obra de edificar, pulir y perfeccionar.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 83. CN 17.2

La educación es un derecho del niño

Padres, recordad que vuestro hogar es una escuela en la cual vuestros hijos han de ser preparados para las moradas de arriba. Podéis negarles cualquier cosa antes que la educación que deberían recibir en sus primeros años. No les permitáis manifestar su enojo. Enseñadles a ser bondadosos y pacientes. Enseñadles a ser considerados con otros. Así los prepararéis para un ministerio superior en las cosas de la religión.—Manuscrito 102, 1903. CN 18.1

El hogar debería ser una escuela preparatoria donde los niños y los jóvenes se capaciten para el servicio del Maestro, el cual los ha de preparar para unirse con la escuela superior en el reino de Dios.—Manuscrito 7, 1899. CN 18.2

No es un asunto de segunda importancia

La educación que se imparte en el hogar no debe considerarse como un asunto de importancia secundaria. Ocupa el primer lugar en toda verdadera educación. Los padres y las madres han recibido la responsabilidad de moldear las mentes de sus hijos.—The Review and Herald, 6 de junio de 1899. CN 18.3

Cuán alarmante es el aforismo que dice: “Árbol que crece torcido, su tronco nunca endereza”. Debe aplicarse a la formación de nuestros hijos. Padres, ¿recordaréis que la educación de vuestros hijos, desde sus años más tiernos, os ha sido confiada como una empresa sagrada? Estos árboles tiernos han de formarse con cariño, a fin de que puedan trasplantarse en el huerto del Señor. Por ningún motivo debe descuidarse la educación en el hogar. Los que la descuidan, están descuidando un deber religioso.—Manuscrito 84, 1897. CN 18.4

El gran alcance en la educación del hogar

La educación del hogar significa mucho. Es una cuestión de vasto alcance. Abrahán fue llamado el padre de los fieles. Entre las cosas que lo convirtieron en un notable ejemplo de piedad se encuentra la estricta consideración que daba a los mandamientos de Dios en su hogar. Cultivaba la religión de la familia. El que ve la educación impartida en cada hogar, y que mide la influencia de esta educación, dijo: “Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio”.—Carta 9, 1904. CN 18.5

Los hebreos enseñaban a sus hijos

Dios mandó a los hebreos que enseñasen sus requerimientos a sus hijos y que los familiarizasen con todo su proceder para con su pueblo. El hogar y la escuela eran uno. En lugar de labios extraños, los amantes corazones del padre y de la madre tenían que dar instrucción a sus hijos. Los pensamientos de Dios estaban asociados con todos los acontecimientos de la vida diaria en el hogar. Las obras poderosas de Dios en la liberación de su pueblo eran repetidas con elocuencia y reverente temor. Las grandes verdades de la providencia de Dios y de la vida futura eran grabadas en las mentes juveniles, y así éstas llegaban a familiarizarse con todo lo que fuese verdadero, bueno y bello. CN 19.1

El empleo de figuras y símbolos

Mediante el empleo de figuras y símbolos, las lecciones dadas eran ilustradas y grabadas así en la memoria más firmemente. Por medio de ese conjunto de imágenes animadas, el niño era, casi desde los primeros años, iniciado en los misterios, la sabiduría y las esperanzas de sus padres y encauzado en una manera de pensar, sentir y prever que alcanzaba más allá de lo visible y transitorio: hasta lo invisible y eterno.—La Educación Cristiana, 260. CN 19.2

Habilita para la escuela formal

La obra de los padres precede a la del maestro. Tienen una escuela en el hogar: el primer grado. Si tratan de aprender cuidadosamente cuál es su deber y de cumplirlo con oración, prepararán a sus hijos para entrar en el segundo grado, para recibir instrucciones del maestro.—The Review and Herald, 13 de junio de 1882. CN 19.3

Modela el carácter

El hogar puede ser una escuela donde el carácter de los niños se modele a la semejanza de un palacio.—Manuscrito 136, 1898. CN 20.1

La educación en el hogar de Nazaret

Jesús recibió su educación en el hogar. Su madre fue su primer maestro humano. De los labios de ella, y de los escritos de los profetas, aprendió las cosas del cielo. Vivió en un hogar de aldeanos y con fidelidad y buen ánimo llevó su parte de las cargas de la casa. El que había sido el comandante del cielo, consintió en ser un siervo voluntario, un hijo amante y obediente. Aprendió un oficio, y con sus propias manos trabajó en la carpintería con José.—El Ministerio de Curación, 310, 311.

Ellen G. White. Todos los textos pertenecen a su libro: La Conducción del niño. Capítulo 1. 

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