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«Ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas, porque el viento era contrario. Pero a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar». Mateo 14: 24-25 (RVR1995)

«Los que llegan a ser nuevas personas en Cristo Jesús producen los frutos de su Espíritu: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza”. (Gálatas 5: 22, 23). Los seguidores de Jesús ya no actúan como antes, sino que por la fe siguen las pisadas de Jesús, reflejan su carácter y se purifican a sí mismos como Él es puro». Ellen G. White en El Camino a Cristo

Algunos tips:

  • Los jóvenes claman a Dios con angustia. Como creyentes, parece que ven menos a Dios en las fuerzas benéficas de la naturaleza que riega sus tierras, que en aquellas que los hieren.
  • Jesús quiere que aprendan a vivir en un mundo que sufre.
  • Aunque el maestro enseña que Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5: 45), a los discípulos les cuesta asimilar la idea de un Creador imparcial.
  • Los humanos necesitamos vivir algo que quede grabado en la memoria.
  • Jesús no les pierde de vista. La oración no lo aísla de la realidad. Desde la orilla, el maestro sigue la tragedia de sus amigos, que luchan en medio de tinieblas.
  • El maestro tiende la mano al náufrago y lo saca a flote.
  • Ha comprobado que cuando uno pierde de vista a Jesús puede ser el fin.
  • El error de Pedro no está en tener miedo, porque el miedo es inevitable, sino el haber olvidado que con una fe tan pequeña y en un entorno tan grave, el peligro lo hace muy vulnerable. Su error fue perder de vista a Jesús, mirar en otra dirección en un momento en el que su supervivencia dependía de su comunión con el maestro. El grave error de Pedro fue pensar que podía seguir avanzando indefinidamente sin ayuda divina, por sus propios medios.
  • Únicamente comprendiendo nuestra propia debilidad y mirando fijamente a Jesús, podemos estar seguros.” Ellen G. White, El Deseado de todas las gentes, p. 345.
  • Jesús advierte: —Mientras dure esta vida tendréis que atravesar tormentas, pero no temáis. Yo estoy con vosotros en la tempestad: no para evitarla, sino para daros fe y valor para superarla. Estoy con vosotros en el barco, pero no para remar en vuestro lugar. Estoy con vosotros en la travesía, pero no para evitaros naufragios, sino para ayudaros a superarlos y daros la paz en el alma. Para aseguraros que la barca llegará a la orilla, quizá sin parte del cargamento, quizá incluso sin mástil ni velas, pero sin haber perdido a ninguno de los que viajan conmigo. Cuando la tempestad amenace, pensad en mí y orad: «Señor, sálvame». Dejadme el timón de vuestra barca, que yo me ocuparé del resto. Estoy con vosotros aun cuando me creáis ausente o dormido.

Desafío personal:

  • En este momento, ¿qué representa una tormenta para ti? ¿Puedes percibir la presencia de Dios en medio de tu tormenta? Aprovecha esta tormenta para tener a Dios presente. Habla con Dios en oración acerca de cómo te sientes: enfadado, decepcionado, asustado, confiado, en paz… Puede ser una oración en silencio, en voz alta, con un amigo o con un familiar, mientras haces ejercicio, por escrito, en una poesía, a través de una pintura… Memoriza alguna de estas promesas bíblicas: Romanos 8: 38-39; Juan 17: 15; Filipenses 4: 11-13; Filipenses 4: 6-7; Mateo 28: 20b.

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Revista Adventista de España