Espiritual

Desempolvemos la ley y el testimonio 

En medio de la oscuridad de este mundo, la Biblia trae luz y esperanza a la vida, nos ayuda a llevar a otros a Cristo y aligera nuestro camino al cielo.

En medio de la oscuridad de este mundo, la Biblia trae luz y esperanza a la vida, nos ayuda a llevar a otros a Cristo y aligera nuestro camino al cielo.

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El pueblo de Dios rara vez ha tenido una buena relación con sus profetas. En efecto, los que han sido llamados al ministerio profético a menudo han sido reacios a aceptar el llamado, conscientes de que la gente por lo general rechazaría el mensajero junto con el mensaje. Por ello, dar la palabra profética de Dios siempre ha sido una empresa costosa para los profetas. Jesús señaló que los cristianos serían maltratados «Así también persiguieron a los profetas que los precedieron» (Mat. 5:12, NVI). Y Esteban cuestionó al Sanedrín diciendo: «¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados?» (Hech. 7:52, NVI).

Esta es la clase de mala recepción que enfrentaron los profetas. La animosidad hacia la palabra profética, sin embargo, no fue el único rechazo que los profetas han soportado en manos del pueblo de Dios. La violenta oposición durante la vida de un profeta resultó en una indiferencia creciente, que terminó con mensajes proféticos que cayeron en el olvido, del cual a menudo no lograron escapar. Y por lo general, debido a que el pueblo descuidó la palabra profética, le siguieron la apostasía y la ruina.

Un reavivamiento auténtico

En las peores épocas de apostasía o catástrofes nacionales, Dios rescató el mensaje profético del olvido para generar un reavivamiento. Por ello, durante la restauración del templo de Dios en los días de Josías, Hilcías le dijo al cronista Safán: «He hallado el libro de la Ley en la casa de Jehová» (2 Crón. 34:15). Parece una ficción el hecho de que el mensaje profético de Dios hubiera estado juntando polvo en un rincón abandonado del templo.

Al escuchar lo que decía el rollo profético, Josías reconoció: «Grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no han guardado la palabra de Jehová haciendo conforme a todo lo que está escrito en este libro» (vers. 21). Y el resto es historia. Josías convocó a todo el pueblo para que escuchara la Palabra; el rey y el pueblo renovaron su compromiso con Dios y celebraron la que fue acaso la Pascua más memorable, dado que «ningún rey de Israel celebró la Pascua tal como la que celebró el rey Josías, los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban presentes, junto con los habitantes de Jerusalén» (2 Crón. 35:18).

Algo similar sucedió en tiempos de Nehemías, cuando Esdras leyó la Ley delante del pueblo. En el mismo día del año (el primer día del séptimo mes, acaso para repetir la experiencia de Josías), «el sacerdote Esdras trajo la Ley delante de la congregación […]. Desde el alba hasta el mediodía, leyó en el libro […]; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley» (Neh. 8:2, 3). Tres semanas después, el reavivamiento continuó: «Se reunieron los hijos de Israel para ayunar […]. Leyeron el libro de la Ley de Jehová, su Dios, la cuarta parte del día, y durante otra cuarta parte del día confesaron sus pecados y adoraron a Jehová, su Dios» (Neh. 9:1-3).

A ese reavivamiento le siguió una reforma: Ellos «se reunieron con sus hermanos y sus principales, para declarar y jurar que andarían en la Ley de Dios […] y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos […] [del] Señor» (Neh. 10:29). Prometieron no mezclarse con las naciones paganas, guardar el sábado según el mandamiento, ayudar a otros, sostener el templo y sus servicios y devolver los diezmos y las ofrendas (vers. 30-39).

Todo esto sucede cuando desempolvamos la Palabra profética y ponemos en práctica la voluntad de Dios para nuestra vida.

Desempolvemos los profetas

Según la Encuesta Global de Miembros de Iglesia 2018, el cuarenta y ocho por ciento de los adventistas estudia la Biblia todos los días.[1]  Aunque podemos ver esta estadística como algo más bien positivo o negativo, según con quien hablemos, está claro que como iglesia, hay lugar para mejoras en lo que respecta a nuestros hábitos de estudio de la Biblia. En medio de la oscuridad de este mundo, la Biblia puede dar luz y esperanza a la vida, ayudarnos a llevar a otros a Cristo y aligerar nuestro camino al cielo: «Ahora confiamos aún más en el mensaje que proclamaron los profetas. Ustedes deben prestar mucha atención a lo que ellos escribieron, porque sus palabras son como una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que el Día amanezca y Cristo, la Estrella de la Mañana, brille en el corazón de ustedes» (2 Ped. 1:19, NTV).[2]

La tendencia natural es apoyarnos en nuestra propia inteligencia, fortaleza o sabiduría, olvidando que nuestro corazón es engañoso (Jer. 17:9). Por ello, nuestra única salvaguarda es confiar en la palabra profética: «Crean en el Señor su Dios y podrán permanecer firmes. Créanles a sus profetas y tendrán éxito» (2 Crón. 20:20, NTV). Sí, las Escrituras pueden reavivarnos el alma, hacernos sabios, dar gozo al corazón y darnos la actitud correcta frente a la vida: «Las enseñanzas del Señor son perfectas, reavivan el alma. Los decretos del Señor son confiables, hacen sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos; traen alegría al corazón. Los mandatos del Señor son claros; dan buena percepción para vivir» (Sal. 19:7, 8, NTV).

Tres principios del Shemá

Puede ser que muy pocos estemos exentos de un pasado familiar disfuncional. Podemos rastrear el origen de interacciones interpersonales no saludables hasta un antepasado que escogió apartarse del consejo divino. Es algo que genera dolor y sufrimiento, aun cuando el amor de Dios es un paliativo que brinda sanidad y perdón a nuestra vida. Pero nadie necesita perpetuar esos patrones negativos heredados. Todos podemos ser transformados en carácter y, a lo largo de la vida, cambiar la tendencia de toda una genealogía, si decidimos liberarnos de esas actitudes negativas y patrones conductuales para vivir por fe a la luz de la palabra profética.

Vivir por fe significa hacer la voluntad de Dios sin dudar su dirección, aun si no comprendemos sus propósitos en el pasado y no podemos discernir el camino que se extiende delante de nosotros. ¿Cómo se logra esto? «Para vivir en la luz [debemos] ir allí donde brilla la luz».[3]  La clave es permitirnos «[vivir] plenamente de acuerdo con ella y [transmitirla] a otros que se encuentran en tinieblas».[4]

Cuando mi esposa y yo decidimos comenzar nuestra familia, buscamos obedecer el mandato del Shemá en la vida diaria:

«Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es. Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas» (Deut. 6:4-9).

Este texto adopta tres principios para hacer que la luz de la palabra profética brille en nuestra vida.

  • En primer lugar, habla de prioridades. Dios debería ocupar el primer lugar en nuestro corazón (vers. 5).
  • En segundo lugar, nos anima a pasar tiempo con la Palabra de Dios. Deberíamos leerla y hablar de ella de la mañana a la noche (vers. 6, 7).
  • En tercer lugar, habla de influencias. La Palabra de Dios siempre tiene que estar a mano y ser la principal influencia que ingrese a nuestra mente mediante las avenidas del alma (vers. 8, 9).

Por ello, si dedicamos tiempo suficiente a las influencias correctas de la Palabra de Dios, tendremos nuestras prioridades en el orden correcto, y Dios reinará en nuestra vida y nuestros hogares.

Conducción segura para nuestro tiempo

Como adventistas tenemos un privilegio doble: no solo tenemos la Biblia (que es nuestra norma de fe y práctica) sino también la manifestación moderna del don profético en el testimonio de Elena White. ¿Por qué es un privilegio? Porque casi dos mil años después de la conclusión del texto bíblico, tenemos orientación divina sobre cómo aplicar las Escrituras a nuestro contexto moderno y la misión en el tiempo del fin.

Como familia nos hemos beneficiado de leer y aplicar los escritos de Elena White a nuestra vida. Mensajes para los jóvenes y Cartas a jóvenes enamorados nos animó a orar con inteligencia por un matrimonio basado en el temor de Dios. Conducción del niño, La educación, y El hogar cristiano siguen siendo una fuente de orientación sólida entre tantas teorías humanas sobre la crianza que andan dando vueltas por ahí. Asimismo, damos crédito pleno a sus consejos centenarios sobre alimentación y salud para disfrutar de un estilo de vida saludable.

Sumergirnos en El camino a Cristo y El Deseado de todas las gentes ha sido una de las experiencias devocionales cristocéntricas más gratificantes de nuestra experiencia espiritual; mientras que Mente, carácter y personalidad nos llevó a buscar el fortalecimiento de nuestro dominio propio y a mantener nuestros hábitos de pensamiento a raya para agradar a Dios.

Las aplicaciones homiléticas y las interpretaciones bíblicas de Elena White han moldeado y dado sustancia a nuestros sermones, mientras que su particular enfoque teológico sigue sorprendiéndonos por su profundidad, recordando también que a lo largo de los años, ha mantenido unida a nuestra denominación bajo los ataques del enemigo.

Desafíos para el futuro

Aunque continuamos la lucha de seguir la segura orientación profética de la Biblia y los escritos de Elena White, toda una generación está lista y aguarda ser conquistada. El bajo índice de lectura de las nuevas generaciones, sumado a la competencia feroz de los teléfonos inteligentes y otras pantallas, destacan lo severo del desafío.

En los umbrales, de la eternidad, sin embargo, en un mundo arrastrado por todo tipo de vientos de ideas y doctrinas, tenemos el ancla segura de la palabra profética, y las coordenadas precisas para llegar a un puerto seguro. Permitamos que su luz brille en nuestra senda y en la de los demás, hasta que aparezca el Lucero de la Mañana.

Sugerencias de oración

  1. Ore al Señor por su propia actitud hacia su Ley y su disposición de obedecer.
  2. Alabe a Dios, al estilo de los salmos de David, pidiendo la Ley que él trae a nuestra senda con su orientación y sus órdenes.
  3. Pida a Dios en oración que brinde su luz para que brille sobre el mundo y sus penurias, en especial mediante la palabra profética de la Biblia y los escritos de Elena White.

Autores: Marcos y Claudia Blanco. Han trabajado en el ministerio de las publicaciones adventistas durante casi veinte años. Marcos es pastor y gerente de redacción de la Asociación Casa Editora Sudamericana (ACES), mientras que Claudia es traductora independiente y ama de casa. Ambos son ávidos lectores de los escritos de Elena White, y han traducido y editado varios de sus libros al español. Los Blanco tiene dos hijos: Gabriel, de 15 años, y Julieta, de 13. Viven en Buenos Aires, Argentina.

NOTAS

[1] Véase «Reaching the World: How Did We Do?». Informe parcial sobre los hallazgos claves de la Encuesta Global a los Miembros de Iglesia 2018, www.adventistresearch.org/sites/default/files/files/AC2018%20-%20Global%20Church%20Member%20Survey%20Data%20Report.pdf.
[2] Las referencias bíblicas que dicen NTV han sido extraídas de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados
[3] Elena White, Testimonios para la iglesia (Doral, Fl.: Asoc. Publicadora Interamericana, 2007), t. 4, p. 108.
[4] Ibíd., t. 2, p. 122.

ESPECIAL NIÑOS: Desempolvemos la ley y el testimonio

Gema para memorizar: «Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Ped. 2:9).

El valor de Cristal

Cristal* era sumamente brillante. En efecto, a juzgar por sus calificaciones, era la más brillante de la clase.

Cierto día, la niña se sobresaltó por lo que le dijo su maestro, el señor Campbell: «Tú estás demasiado acostumbrada a las buenas calificaciones –le dijo con dureza–. De ahora en más, voy a hacer todo lo que pueda para solucionar este “problema”».

Cristal quedó atónita. No entendía por qué el señor Campbell la trataba de esa manera. Ella era una de los pocos cristianos en esa escuela pública, y se preguntaba si su fe tenía la culpa de semejante actitud de su maestro.

Pasaron las semanas, y el señor Campbell siguió haciéndole la vida imposible. Un día, en la clase hablaron de cómo surgió la vida. La mayoría de sus compañeros parecía creer en la evolución. Uno dijo que creía en la creación, pero que los seis días mencionados en la Biblia en realidad tenían que haber sido millones de años. Finalmente, le llegó el turno a Cristal.

—Creo lo que dice la Biblia de la creación –dijo la niña–. Dice: «En seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay».

—¡Espera! –la interrumpió con rudeza el señor Campbell–. ¿Nos estás diciendo que en realidad crees en esa estupidez?

—Sí –replicó Cristal–. Si Dios es quien dice ser, ¿por qué no puede haber creado el mundo en seis días? ¿Por qué habría de necesitar millones de años? Solo porque no podamos entender esa clase de poder, eso no significa que no exista.

—¡Estás hablando necedades! –le dijo el señor Campbell con tono burlón–. ¿Y los dinosaurios? ¿Qué pasó con los dinosaurios?

Cuando Cristal le explicó que creía en el diluvio de Noé, el señor Campbell gesticuló y se rio. «¿Realmente crees en eso? Cuán estúpido se puede ser»

Un sentimiento maligno pareció llenar al señor Campbell. Salió al pasillo. Al ver a un par de docentes y algunos estudiantes, gritó: «¡Tienen que venir aquí y escuchar lo que cree Cristal!» Pronto el salón se llenó de docentes y estudiantes que se comenzaron a burlar de la niña.

A pesar de todos los problemas que seguía causando el señor Campbell, las calificaciones de Cristal eran las mejores. Eso significaba que tenía que dar el discurso al final del año escolar.

Cierto día el rector la llamó y le dijo:

—Cristal, yo sé que eres cristiana, pero no puedes orar como parte de tu discurso. Eso está prohibido por ley.

Cristal sabía que eso no era verdad.

—No, señor Sheffield, la ley dice que puedo orar siempre y cuando los directivos de la escuela no me digan qué decir.

El rector se dio cuenta de que la discusión estaba perdida.

Cuando llegó el día del discurso, Cristal caminó hasta el estrado, inclinó la cabeza y oró. Después de decir «amén», dio un poderoso discurso.

Más tarde, Cristal recibió las felicitaciones de su familia, amigos y compañeros. ¡Cuán agradecida se sintió de que el Dios que la creó le ayudó también a mantenerse firme de parte de él!

*Los nombres han sido cambiados. Esta historia ha sido adaptada de Richard G. Edison, «Krystal’s Clear Conviction», Guide, 11 de marzo de 2006.

Para pensar

  • ¿Has escuchado hablar alguna vez de Elena White? Si es así, ¿qué opinión tienes de ella?
  • Si sabes algo sobre la obra de Elena White, ¿qué palabras te vienen a la mente cuando piensas en ella?
  • Comparte y analiza tu respuesta en el culto familiar o en la Escuela Sabática.
  • ¿Qué situaciones de la vida y en el mundo crees que se verían beneficiadas con la sabiduría divina?
  • ¿Dónde puedes hallar si Elena White escribió algo sobre esos tipos de situaciones?

Manos a la obra

Ve a caminar por el parque, el bosque u otro ámbito natural. Enumera al menos cinco cosas que ves, que te hacen difícil creer en la evolución.

En las semanas siguientes, escribe algunos problemas que estás teniendo en tu vida. Si necesitas, pide ayuda de un amigo o adulto de confianza. Fíjate si puedes encontrar ayuda para algunos de esos problemas en los escritos de Elena White. Tu pastor o maestro de Escuela Sabática también podrán ayudarte. Si tienes acceso a Internet, puedes fijarte allí.

Lee o mira un video sobre los dinosaurios. ¿Tiene sentido lo que lees o ves con lo que dicen la Biblia y Elena White?

Autor de las Lecturas de niños: Randy Fishell. Fue editor de la revista Guide.