Espiritual

Cuestión de tiempo

Cada año que comienza me embarga la misma sensación de libertad, de nuevas oportunidades, de hojas en blanco que llenar…….

Cada año que comienza me embarga la misma sensación de libertad, de nuevas oportunidades, de hojas en blanco que llenar…. ¿te ocurre a tí también? Es como cuando éramos pequeños y deseábamos que comenzara el colegio para poder estrenar la cartera, los lápices, los cuadernos… ¿recuerdas aquel olor a “nuevo”?

Acabamos de estrenar un compendio de 365 días, y como todos los años, solemos hacernos una idea de cómo deseamos que éste sea. Algunos hacemos un listado mental de nuevas metas, sueños que alcanzar…. Perder peso; ganar salud; pasar algo más de tiempo con nuestra familia; comenzar, ¡y completar!, el año bíblico (¡este año sí ¿eh?!), etc. Deseos estupendos, metas maravillosas, que casi siempre abandonamos a mitad de año (o antes). Tal vez, porque creemos que tenemos mucho tiempo, y si no lo hacemos ahora… ya lo haremos en otro momento.

Es curioso, pero el don más importante, y el que peor manejamos, es el tiempo. Todo el dinero, toda la salud, todo el amor del mundo, no valen de nada sin tiempo. El tiempo es la medida de nuestra vida. Cuando el tiempo se nos acabe, se nos terminaron las oportunidades.

Dos días de vida

Vamos a hacer un ejercicio práctico. Anota en un papel tu lista de prioridades (qué es lo más importante para ti) y al lado tu lista de cosas a las que les dedicas mas tiempo.

Ahora piensa… si solamente te quedaran dos días de vida, ¿A qué dedicarías más tiempo? ¿Qué cambiarías en el listado de prioridades de tu vida? ¿Cómo sería tu relación con tus seres queridos? ¿Qué harías que no has hecho? ¿Qué dejarías de hacer? ¿Y cómo sería tu relación con aquellos que te hicieron daño? ¿Con los que tú dañaste, seguramente sin querer? ¿Con Dios? Creo que tú también sabes que si eso ocurriera, todo cambiaría de golpe. Seguramente, por primera vez en nuestra vida, colocaríamos correctamente nuestra lista de prioridades ¿verdad?

Tiempo… tan importante como relativo

Tenemos tiempo para todo lo que consideramos importante, y no lo tenemos para todo lo que nos resulta secundario. El problema radica precisamente en ese orden de prioridades que establecemos.

Tengo una mala, y una buena noticia para ti. La mala es que puedes morir en cualquier momento. Ahora mismo, tal vez. La buena es que, si has aceptado a Cristo, tienes vida eterna. Ahora… ¿Cuál es el orden de tu lista de prioridades definitiva?

El tiempo más importante

Como cristianos, sabemos que lo más importante es nuestro tiempo con Jesús, sin embargo no solemos situar ese tiempo como prioridad. Pero necesitamos que sea una prioridad absoluta en nuestra vida, y dedicarle tiempo de calidad, porque entre otras cosas:

  • Nos transforma

    • Solamente a través de la oración, el estudio de la Biblia y del carácter perfecto de Jesús es que el Espíritu Santo puede trabajar para cambiar nuestro carácter y transformarnos a Su imagen (santificación). Somos salvos por la fe, es un regalo inmerecido y no podemos hacer nada para ganarlo, solamente aceptarlo, pero ese regalo cambia nuestra vida (conversión).
    • Cuanto más se va asemejando nuestro carácter al de Cristo, más amables, empáticos, bondadosos, prontos a perdonar, etc. somos, y por tanto, más felices seremos (a pesar de los problemas) y más felices hacemos a quienes nos rodean. Nosotros también podemos experimentar el gozo que sentía Pablo en Cristo, aún en las tribulaciones.
    • Aprenderemos a querernos más y mejor; y a querer, de verdad, a los demás. No con el amor con el que nosotros amamos, sino con el Amor con el que amaba Jesús. Un amor que solamente podemos tener, y dar, cuando estamos conectados a Él.
  • Tendremos más gozo y esperanza

    • Tendremos más esperanza, y menos ansiedad, por lo que nos deparará este año. Por tanto, de la mano de Jesús, confiados en Él, enfrentaremos mejor las dificultades que, seguro, aparecerán.
    • Seremos más fuertes y resistiremos mejor los reveses y las pérdidas. De la mano de Jesús no hay nada que pueda vencernos. Aún en el suelo, nos levantaremos de nuevo asidos de Su poderosa mano.
    • Cuando nos llegue el momento de pasar al descanso, nuestra vida estará en paz y lo haremos con tranquilidad. Sabremos que Cristo cuidará de quienes amamos, que les hemos dejado el mayor tesoro que tenemos (el ejemplo de una relación personal con Jesús) y que volveremos a abrazarnos de nuevo. Será tan solo cuestión de tiempo.
  • Podremos salir airosos de las tentaciones

    • Aprenderemos a confiar totalmente, y a depender, cada minuto de Dios. Solamente así podemos enfrentar las tentaciones y salir airosos. Jesús pudo pecar, de hecho fue tentado en todo, pero no cayó porque estaba continuamente asido de la mano de Dios. Tal era su relación, que lo que mató a Jesús no fue la cruz, ni los latigazos… le mató el peso de nuestros pecados que le hizo sentir, por primera vez en su vida, lejos de Dios. El Padre estaba ahí, a su lado, pero Jesús no podía sentirlo. La angustia de la separación fue lo que acabó con su vida. Lucas, como buen galeno dejaría constancia de que por el costado de Cristo (tras su muerte fue lanceado por un guardia para cerciorarse de su muerte) brotó sangre y agua. Hoy sabemos que el suero de la sangre brota separado en un sufrimiento extremo. ¿y tu y yo? ¿sufrimos cuando nos separamos de Dios? Necesitamos pasar mucho más tiempo conectados a Él, necesitamos aprender a vivir en constante dependencia del Señor.

Salvación en tres tiempos

La Biblia presenta la salvación en tres tiempos: pasado, presente y futuro. Lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz, en el pasado, fue entregarnos la justificación, que nos libera de la pena del pecado. Jesús, en el presente, está haciendo la obra de santificación, que nos libera del poder del pecado. Y lo que Jesús hará por nosotros en el futuro se llama glorificación, cuando finalmente seamos libres de la presencia del pecado. No es posible glorificación sin santificación, ni  santificación sin justificación. La buena noticia es que todo eso, lo hace Cristo en nosotros. Solamente tenemos que aceptar Su regalo y ponernos en Sus manos. Filipenses 2:13 dice “pues Dios es quien hace nacer en vosotros los buenos deseos y quien os ayuda a llevarlos a cabo, según su buena voluntad“.

Tiempo para nosotros y para los otros

El crecimiento no es automático, ni en lo físico, ni en lo espiritual. Ambos requieren alimento y ejercicio. Esto significa que debemos mantener nuestra comunión con Cristo, por medio de la oración y de la lectura de la Biblia para alimentarnos (Juan 6:56), y darlo a otros para necesitar más, y mejor, alimento espiritual. Necesitamos ejercitar nuestra fe, siendo testimonios de Cristo a los demás (Lucas 8:38-39). Este es el camino para el crecimiento espiritual.

Todo el tiempo

Al final, el tiempo es una quimera para el ser humano. No “tenemos” tiempo. No tenemos nada. El tiempo no es nuestro, es de Dios. Es por eso, que si tenemos a Dios, tenemos todo el tiempo, y si no tenemos a Dios, perderemos todo el tiempo. Porque el tiempo es la medida de la vida, y la vida es del Creador.

Este año, podemos desear muchas cosas materiales, etc. pero lo realmente valioso es aquello que no se puede comprar, y el tiempo es lo más valioso que existe (preguntémosle a una persona con cáncer terminal). Cuando trabajamos estamos vendiendo nuestro tiempo a cambio de dinero; Al quedar con alguien estamos regalándole lo más importante que tenemos: nuestro tiempo. El tiempo no se puede recuperar. Sin embargo, el tiempo se puede multiplicar, en Dios, por la eternidad.

El único item de mi lista

Por eso, este año mi mayor deseo, el único item de mi lista, es dedicar tiempo para conocer más y mejor a Jesús, para compartirlo y para vivirlo. Tiempo de calidad, tiempo suficiente para que nuestra relación crezca y su carácter se revele en mi. Todo mi tiempo, para estar conectada a Él mientras trabajo, cuando viajo, mientras friego los platos… Escucharemos música juntos (la que sé que a los dos nos gusta); leeremos juntos (esos libros que me acercan más a Él, no tengo mucho tiempo para perder); pasearé de Su mano y todo; vendrá conmigo a todos los lugares a los que vaya (de modo que no iré donde no se vaya a sentir cómodo), etc. Mi único deseo para este año es que Jesús esté presente en cada segundo de mi vida este año.

Y es que, como en el “buscaminas”, el tiempo pasado con Jesús es el único tiempo que impactará positivamente en todos los demás aspectos de mi vida… y me dará la eternidad.

“El tiempo es la cosa más valiosa que una persona puede gastar” (Theophrastus)
“Un hombre que se permite malgastar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida” (Charles Darwin)
“Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí” (William Shakespeare)
“El tiempo es a la vez el más valioso y el más perecedero de nuestros recursos” (John Randolph)
“Siempre dicen que el tiempo cambia las cosas, pero en realidad las tiene que cambiar uno mismo” (Andy Warhol)
“Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario” (Arthur Schopenhauer)

Esther Azón. Lic. Teología y comunicadora. Productora TV, guionista y redactora web en HopeMedia. Editora de la Revista Adventista de España. 

Foto: Jiyeon Park en Unsplash

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