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Como cristianos, nuestras palabras y actos deben conducir personas a Dios con amor. Podríamos llamarlo «evangelismo a través del cariño, la simpatía y el buen testimonio».

Sería oportuno hacer una evaluación de cómo vivimos nuestro cristianismo, para enfrentar el 2024 con más espíritu de evangelismo. Después de todo, Jesucristo nos dijo que debemos ser sus testigos (Hechos 1:8). En este sentido, la primera iglesia – la iglesia de Hechos – tiene mucho para enseñarnos. Sobre esta congregación se dice que contaban con el «favor con todo el pueblo» (Hechos 2:47).

Probablemente, la iglesia disfrutaba del favor de la comunidad por alabar a Dios y demostrar generosidad.[1] Esos cristianos vivían una vida de alabanzas a Dios y, como resultado, eran elogiados por el pueblo. Ellos demuestran el poder del evangelio y la presencia del Espíritu en su vida. De ese modo, se mostraban como testigos vivos en favor de Jesucristo. ¿Y qué ocurrió?

Como resultado directo de esto, la iglesia misionera se puso en acción, ya que al notar la conducta de los convertidos, las personas hablaban en favor de la iglesia y fueron atraídas a Cristo.[2] Esto puede llamarse «evangelismo a través de la simpatía y el buen testimonio». Esa postura es un poderoso testimonio al verdadero cristianismo. Se hace evidente que, para cumplir la misión, no es necesario que seamos teólogos brillantes, pero debemos ser cristianos bíblicos.[3]

¿Por qué el cristiano necesita dar testimonio?

Contar con la simpatía del pueblo es totalmente favorable para el testimonio y, como consecuencia, para el cumplimiento de la misión. Hay diversos motivos por los cuales una persona debe dar testimonio de Jesús y la salvación. Si tomamos las orientaciones de la escritora Elena G. White, se puede afirmar que, en primer lugar, «el cristiano, que no ejercite las facultades que Dios le dio, no solo dejará de crecer en Cristo, sino que perderá la fuerza que tenía».[4]

En segundo lugar, somos participantes de la naturaleza divina, y por eso debemos dar testimonio, compartiendo las bendiciones con los semejantes.[5]

En tercer lugar, Cristo vino para servir y, al ser nuestro ejemplo, es correcto seguir su ejemplo, pues «Tal fue el gran objeto de su vida. Todo lo demás fue secundario y accesorio. Fue su comida y bebida, hacer la voluntad de Dios y acabar su obra».[6]

Por estas razones, los creyentes verdaderamente convertidos harán cuanto puedan para que su paso por el mundo lo mejore. Este espíritu es el fruto seguro del alma verdaderamente convertida. Tan pronto como uno acude a Cristo, nace en el corazón un vivo deseo de hacer saber a otros cuán precioso amigo encontró en el Señor Jesús. La verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón.[7]

¿Cuáles son los beneficios del buen testimonio?

Aunque el testimonio cristiano sea un deber de cada hijo de Dios, es importante notar que el trabajo misionero produce profundos cambios en quien lleva a cabo el testimonio; el trabajo misionero desinteresado en favor de los demás le trae muchos beneficios al misionero:[8]

  • Profundidad de su carácter
  • Estabilidad del carácter
  • Amabilidad cristiana
  • Le trae paz
  • Trae felicidad
  • Sus aspiraciones son las más elevadas
  • No hay lugar para la pereza
  • No hay lugar para el egoísmo en su vida
  • Crecen las gracias cristianas y los dones
  • Se hará fuerte para trabajar para Dios
  • Tendrá una percepción espiritual más clara
  • Tendrá una fe que crece
  • Tendrá un poder cada vez mayor en la oración

Si el buen testimonio, además de bendecir a las personas a nuestro alrededor, produce resultados impactantes en nuestra vida, entonces es sabio tomar esa decisión: «¡Quiero ser un testigo eficiente del amor de Dios!».

En realidad, Dios podría elegir ángeles, y no personas, para que den testimonio de él; pero, ¿por qué no lo hizo?

Dios podría haber encomendado a los ángeles del cielo el mensaje del Evangelio y todo el ministerio de amor. Podría haber empleado otros medios para llevar a cabo su propósito. Pero en su amor infinito quiso hacernos colaboradores con Él, con Cristo y con los ángeles, para que compartiésemos la bendición, el gozo y la elevación espiritual que resultan de este abnegado ministerio.[9]

Este 2024, sé cooperador de Dios en la salvación de personas. Esparce, en discurso y acciones, el amor infinito del Padre.

Autor: Adolfo Suárez, teólogo y educador, es el decano del Seminario Teológico Adventista Latinoamericano (SALT) y director del Espíritu de Profecía de la DSA. Máster y Doctor en Ciencias Religiosas, con posdoctorado en Teología, es autor de varios libros y miembro de la Sociedad Teológica Adventista y de la Sociedad de Literatura Bíblica.
Imagen: Shutterstock

NOTA breve de la editora: Jesús nos dejó muy claro qué es lo que espera de nosotros en Juan 13:34-35 «Os doy un mandamiento nuevo: Amaos unos a otros; como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Vuestro amor mutuo será el distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos».

Publicación original: ¡Sé un testigo de amor!

Referencias:

[1] Nichols, Francis D., editor. Comentário Bíblico Adventista do Sétimo Dia, volume 6. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2014, p. 140.
[2] Kistemaker, S. (2016). Atos. (É. Mullis & N. B. da Silva, Trads.) (2a edição, Vol. 1, p. 153). São Paulo, SP: Editora Cultura Cristã.
[3] Gangel, K. O. (1998). Acts (Vol. 5, p. 34). Broadman & Holman Publishers.
[4] Elena G. White. El camino a Cristo, p. 80.
[5] Idem, p. 79.
[6] Idem, p. 78.
[7] Ibidem.
[8] Idem, p. 79, 80.
[9] Ibidem, p. 79.
Revista Adventista de España