Espiritual

Cómo aprenden los niños sobre las finanzas

El dinero es un excelente siervo, pero un terrible amo. Los cristianos sabemos que no es más rico quien más tiene, sino quien más da.

El dinero es un excelente siervo, pero un terrible amo. Los cristianos sabemos que no es más rico quien más tiene, sino quien más da.

Una madre intentaba enseñar a sus dos hijos acerca de Jesús y la historia de la Pascua. Cuando llegó a la parte que hablaba de Pilatos y lo que hizo con Jesús, su hijo de seis años, Noah, se enfadó y le preguntó: «Mamá, ¿crees que «Pilato» hizo lo correcto?» Su madre dijo: «No. Creo que Dios usó la muerte de Jesús en la cruz, pero «Pilato» debería haber defendido a Jesús». Noah dijo: «Estoy de acuerdo. Hubiera cogido a Jesús y hubiera corrido con él a un avión y hubiera despegado rápidamente». Su hermano de ocho años, Ryan, dijo: «Noah, no había aviones en el tiempo bíblico». Noah dijo: «Pero mamá dijo que era un ‘Pilato’. ¿Estabas escuchando?» Esa es una de las mejores preguntas sobre la Biblia. ¿Con qué frecuencia Dios debe querer decir: «¿Estabas escuchando?»?

La Biblia contiene miles de versículos sobre asuntos económicos

Esto es cierto en muchas facetas de nuestras vidas: la forma en que hablamos, la forma en que tratamos a otras personas, la forma en que olvidamos la humildad y la forma en que lidiamos con la ira. Pero en ningún lugar es más cierto que cuando se trata de nuestras vidas financieras. De 30 parábolas, 19 se encuentran en un contexto económico. Casi dos tercios de ellas. La moneda perdida; la parábola de los talentos; la parábola del rico y muchas más. La Biblia tiene miles de versículos sobre asuntos financieros.

¿Cómo le va a la gente, en nuestros días y nuestra cultura, cuando se trata de vivir con sabiduría financiera desde la perspectiva de Dios? Sugeriría que no demasiado bien. Recuerdo que cuando llegué a Menlo (California, EEUU), hace mucho tiempo, alguien me dijo: «Sé que a los predicadores no os gusta hablar de dinero». Eso me pareció extraño. En nuestra antigua iglesia, el pastor principal era un tipo llamado Bill Hybels. Bill era un buen ahorrador, y los recursos desperdiciados (especialmente en la iglesia) le ofendían mucho.

La cinta adhesiva y los 10 mandamientos sobre gestión del dinero

En Willow, en la plataforma, usábamos cinta adhesiva para marcar dónde se suponía que la gente debía levantarse durante el servicio. Bill discutía incluso sobre si estábamos reutilizando o no la cinta adhesiva el tiempo suficiente, asegurándose de que cada centavo se estirase todo lo posible en esa iglesia. Le encantaba hablar sobre la Biblia y el dinero, y fue brillante en eso. Le encantaba. Recuerdo una vez que hizo un sermón llamado “Los 10 mandamientos financieros”. No lo he olvidado. Voy a cambiar varios de los mandamientos, pero quiero usar esa estructura para este mensaje, y revisar juntos los 10 mandamientos para una vida financiera inteligente.

Algunos podríais hablar sobre «una administración financiera inteligente», pero he estado involucrado en la vida y en el ministerio de la iglesia el tiempo suficiente como para saber que, incluso las personas brillantes para ganar dinero, no siempre pueden manejarlo de forma que honre a Dios. Vamos a reflexionar, a través de estos 10 mandamientos financieros, y preguntarnos si estamos dispuestos a vivir una vida financieramente sabia a la luz de la Biblia.

10 Mandamientos financieros

1.    Recordarás quién es el dueño

En el Salmo 24: 1, el salmista dice: «La tierra es del Señor, y todo lo que hay en ella, el mundo y todos los que viven en él». ¿Quien es el propietario? No nos podemos confundir acerca de esto.

Hace algún tiempo leí algo en una revista llamada Reader’s Digest: Un viajero, entre vuelos, en un aeropuerto, fue a un comercio y compró un pequeño paquete de galletas. Se sentó y comenzó a leer un periódico. Poco a poco, se dio cuenta de un ruido susurrante detrás de su papel. Se quedó estupefacto al ver a un hombre bien vestido sirviéndose sus galletas. No queriendo montar una escena, se inclinó y tomó una galleta. Pasaron uno o dos minutos, y luego llegaron más susurros. Se estaba sirviendo otra de sus galletas, así que cogió otra. Esto continuó hasta que llegaron a la última galleta, que el hombre partió en dos. Tomó la mitad, se comió la otra mitad y se fue. Estaba furioso. De pronto se anunció su vuelo, y este hombre abrió su bolsa con objeto de coger su billete. Para su sorpresa y vergüenza, allí encontró su paquete de galletas sin abrir. No solo no se había estado comiendo sus galletas, ¡se había estado comiendo las galletas del otro!

Un hombre de nuestra iglesia, que ha estado muy involucrado en negocios filantrópicos en el área de la Bahía de San Francisco durante mucho tiempo, dijo que el lugar donde vivimos es el área per capita más alta del mundo. Investigué un poco sobre eso. La Oficina del Censo de los EE. UU. evaluó 280 áreas metropolitanas (supongo que el área de la Bahía de San Francisco se clasificó según el ingreso per cápita de esas 280 áreas metropolitanas).

Riqueza egoísta

Ahora bien, el Centro Nacional de Estadísticas Caritativas del Instituto Urbano clasificó a 365 regiones en cuanto a sus donaciones caritativas. Ahora, dado que somos el número uno en ganar dinero, es de esperar que seamos el número uno en dar dinero ¿no?. ¿Alguien quiere adivinar dónde nos clasificamos entre las 365 regiones en lo relativo a donaciones caritativas? Estamos en el puesto 310.

Algo más. Un estudio relacionado con The Roper Center y Harvard descubrió que las familias en Dakota del Sur dan el 75 por ciento más de los ingresos de su hogar que las familias de San Francisco. Pregúntale a la persona promedio del área de la Bahía de San Francisco: «¿Tenemos algo que aprender de las personas de Dakota del Sur?» Probablemente dirían que no. Pero, de hecho, hay algo que aprender: cómo ser generosos.

Los escritores bíblicos hablaron de esto hace mucho tiempo. En Deuteronomio, Dios le dice al pueblo de Israel: «Puedes decirte a ti mismo: ‘Mi poder y la fuerza de mis manos han producido esta riqueza para mí’. Pero recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da la capacidad de producir riqueza … Recuerda al Señor tu Dios, porque él es el único «. (Dt 8:17-18)

Vivimos en un lugar donde todos pensamos que podemos sobrevivir con nuestro propio poder y la fuerza de nuestras manos, nuestra creatividad, nuestro cerebro.

2.    Agradecerás tu trabajo

Esta es una paráfrasis del mensaje de Colosenses 3: 22-24: “Y no solo hagas lo mínimo. Haz tu mejor esfuerzo. Trabaja desde el corazón por tu verdadero Maestro, por Dios. Seguro de que recibirás el pago completo cuando llegues a tu herencia. Ten siempre en cuenta que el último Maestro al que sirves es a Cristo. El servidor huraño que hace un trabajo de mala calidad será considerado responsable. Siendo un seguidor de Jesús, [cristiano] no realices nunca un mal trabajo.

¿Alguien aquí alguna vez se queja del trabajo? Mi hermana estuvo en Haití hace pocas semanas. Como muchos saben, el nivel de desempleo en Haití es de alrededor del 80 por ciento. Ella habló no solo de la devastación física, los problemas económicos, la pobreza y el hambre, sino también sobre la incapacitación absoluta del espíritu humano, cuando las personas no tienen nada que hacer más que sentarse, día tras día.

¿Con qué frecuencia nos arrodillamos y agradecemos a Dios por la oportunidad de trabajar, trabajar, contribuir y ganar? No es parte de nuestra cultura. ¿Alguna vez has notado que no hay un restaurante llamado «GDL — Gracias a Dios es lunes»? Nosotros no hacemos eso. Una de las grandes contribuciones que la Biblia hizo al mundo antiguo fue la idea de que todo trabajo humano es un honor que conlleva una gran dignidad.

Proverbios 22:29 dice: «¿Ves a alguien experto en su trabajo? Son mas valiosos que los reyes». Si somos seguidores de Jesús, la Biblia dice: «Recuerda, cuando trabajas, ya sea que recibas un cheque de pago o no, sea lo que sea que estés haciendo, debes hacerlo con una gran actitud, y diligencia, y moralidad.» Los seguidores de Jesús deberían ser grandes trabajadores, trabajando con una gran actitud. Honrar a Dios, es fundamental para la sabiduría financiera.

3.    No te endeudarás

Proverbios 22: 7 dice: «Los pobres siempre son gobernados por los ricos, así que no pidas prestado y te pongas bajo su poder». Vivimos en un tiempo en que las personas están amenazadas por las deudas. Recuerdo cuando Bill habló de la deuda. Un tipo se le acercó después del servicio y le dijo que se había excedido un poco con su tarjeta de crédito. Tenía una deuda de 7500 dólares y dijo: «Eso se acaba hoy. Voy a averiguar el pago mensual mínimo y comenzar a pagarlo hasta que lo finalice».

Haz un poco de matemáticas por un momento. Con una tasa de interés del 18 por ciento (y puede llegar hasta el 25 por ciento) y un pago mínimo de aproximadamente 150 dólares al mes, ¿cuánto tiempo le tomará a ese tipo pagar una deuda de 7500 dólares si ingresa lo mínimo cada mes? ? ¿Y cuánto dinero le terminará costando? Si intenta pagar una deuda de 7500 con un 18 por ciento de interés con un pago mínimo de 150dólares, le costará un poco más de 30 años pagarla. Y lo peor es que por una deuda de  7500 dólares, terminará pagando 23000 dólares.

Las deudas te privan de libertad

Las deudas exprimen la libertad y la paz de las personas como ninguna otra cosa en el mundo. Estamos en el área de la bahía. Estamos en Silicon Valley. Se supone que somos personas, además de ricas, inteligentes. Pero la deuda, a veces, se apodera de personas realmente brillantes. La Biblia tiene mucho que decir al respecto. Fuera de cualquier hipoteca prudente y de cualquier préstamo comercial prudente, la sabiduría general de la Biblia dictamina que la deuda debe venir con una advertencia: «Esto puede ser peligroso para su salud financiera, emocional y espiritual «.

En Deuteronomio 24: 6, Moisés dice: «No tomes un par de piedras de molino, ni siquiera la superior, como garantía de una deuda, porque eso sería tomar el sustento de una persona como seguridad». Ahora, ninguno de vosotros habéis tomado una piedra de molino como garantía, y os sentís muy bien al obedecer la Biblia. La idea es que si alguien tiene que moler el grano para ganarse la vida y renunciar a su piedra de molino para pedir dinero prestado, han perdido su capacidad para obtener sus ingresos.

La Biblia básicamente dice: «No crees, a través de la deuda, una economía en la que puedas poner en peligro tu capacidad de mantenerte a ti mismo«. Acabará contigo.

Un consejo personal: si tienes problemas de deudas, toma la decisión de detener hoy ese engranaje. Ora pidiendo la ayuda de Dios para resolver esa situación con sabiduría.

4.    Enseñarás a tus hijos sobre el dinero

El Salmo 34 dice: «Ven, hija mía, y escucha atentamente. Te enseñaré obediencia al Señor». Aquí está la realidad: todos aprendemos sobre el dinero con nuestros padres. Sería fascinante si tuviéramos tiempo de preguntar a todos: ¿Qué aprendiste? ¿A ser impulsivo? ¿Estar preocupado? ¿Ser generoso? ¿A ahorrar? ¿A hacer alarde? Cuando nuestros hijos eran pequeños, les instruímos en el sistema de sobres. Cuando les dábamos una ayuda, la ponían en sobres etiquetados como «Dar», «Guardar», «Regalos», «Gastar», etc.

Pensé que estaba funcionando hasta que un día que yo tenía una tirita en el brazo, mi hija, que en ese momento tenía aproximadamente seis años, me preguntó: «¿Por qué tienes esa tirita?» Le expliqué que me había hecho un examen médico ese día para obtener un seguro de vida. Ella preguntó: «¿Qué es eso?» Le expliqué: «Bueno, papá te quiere mucho, y ama tanto a la familia, que si algo le sucediera a papá (que no va a pasar, pero si ocurriera), os proporcionaría 250000 dorares». Sus ojos se abrieron mucho. Ella tiene un corazón tierno, y pensé que estaría preocupada. Me miró y dijo: «¿Para cada uno?» Ahí me di cuenta de que quizás no había enfocado bien el asunto.

Vivimos en un mundo que hace que los padres puedan dedicar muy poco tiempo y dedicación a sus hijos, y que lo compensen todo con dinero. Pero, el mejor regalo financiero que podemos dar a nuestros hijos no es el dinero. Es el amor al tipo de trabajo correcto. Es esa confianza interna que sé que muchos de vosotros tenéis. Para cualquier cosa que la vida me depare, tendré la capacidad de manejar los desafíos y ser generoso.

Si le damos a nuestros hijos demasiado dinero estaremos matando esa capacidad. Padres, estáis modelando la vida financiera de vuestros hijos. Podéis modelar el abuso de la tarjeta de crédito, la deuda crónica, el descuido del diezmo, el descuido de dar y las compras recreativas, o podéis modelar la sabiduría, la simplicidad, la humildad y la generosidad. Y todos vamos a influir en uno u  otro modelo.

5.    Tendrás un plan

Pablo escribe sobre esto a la iglesia en Corinto: «El primer día de cada semana, cada uno de ustedes debería reservar una suma de dinero de acuerdo con sus ingresos, ahorrándolo» (1 Cor. 16: 2). Para prepararme para este mensaje, le pregunté a varias personas que son sabias en esta área acerca de la sabiduría financiera. Un hombre me dijo que su primer recuerdo del dinero le vino de cuando tenía tres años. Fue en medio de la Gran Depresión de EEUU. Sus padres le dijeron que le darían una asignación semanal y que recibiría un centavo por cada año que tuviera. De modo que, cuando cumplió tres años, recibió tres centavos semanales. Le pidieron que se llevara un centavo con él a la iglesia para dárselo a Dios; un centavo para ahorrar; y luego tendría un centavo para gastar a su gusto. Hoy es una de las personas más sabias y generosas que conozco. ¡Y todo comenzó cuando tenía tres años! Comenzó con un plan. Es mejor tener un plan primero y dinero después que al revés.

El plan 10-10-80

El plan del que suelo hablar (aunque no lo creé yo) es el plan 10-10-80. Si no tienes un plan, te recomiendo este. Es simple: toma el primer 10 por ciento de lo que Dios te envíe directamente desde arriba y dáselo a la obra de Dios. El primer año que Nancy y yo nos casamos, iba a la escuela con una beca que surgió de la generosidad de una familia de esta iglesia. No lo supe por muchos años. Iba a la escuela con esa beca. Nancy trabajaba como empleada doméstica. No teníamos nada, pero tomamos el 10 por ciento de esa pequeño nada, y eso nos dejaba con el 90 por ciento. Dijimos: «Vamos a dárselo a Dios». Desde el comienzo de nuestro matrimonio lo practicamos. Nunca nos desviamos de ese hábito.

Luego dijimos: «Pondremos un 10 por ciento en ahorros». La Biblia tiene mucho que decir sobre esto. Proverbios 21:20 dice: «En la casa de los sabios hay tiendas de comida y aceite selectos, pero un hombre necio devora todo lo que tiene». Esa es la sabiduría de la Biblia sobre las finanzas. Recientemente hablé con otra persona que tiene unos 60 años, y estaba literalmente llorando. De alguna manera llegó a esta edad, pero nunca desarrolló la práctica de ahorrar regularmente, y se sentía tonto y avergonzado. Aún estás a tiempo, solo da un primer paso. Si tiene que comenzar con menos del 10 por ciento para llegar hasta allí, hazlo.

Eso nos deja el 80 por ciento restante. Para la mayoría de nosotros, ese 80 por ciento es mucho más de lo que necesitamos. Pídele a Dios que te guíe en cómo lo vas a manejar todo. No pienses, el 10 por ciento va a Dios, ahorro otro 10 por ciento y luego el 80 por ciento restante es todo mío. En cambio, piensa, quiero que Dios me guíe en todo, porque en realidad todo es Suyo.

6.    Dirás: «¡Bastante!»

Proverbios 30:15 dice: «La sanguijuela tiene dos hijas. ‘¡Dame! ¡Dame!’.» El deseo crónico de más te absorberá la alegría y la gratitud. Es muy destructivo. La Biblia lo compara con una sanguijuela. Cuando era niño, mi tía tenía un pequeño lugar en Turtle Lake, Wisconsin, donde íbamos a nadar. Y las sanguijuelas se nos pegaban a la piel. Solíamos llamarlas «chupasangres». Los niños pequeños tenían miedo, porque cuando eso sucedía la abuela tenía que golpearlas con una toalla.

Probablemente nunca hayas visto una sanguijuela. Quiero que sepas cómo es. Una sanguijuela se adhiere a ti y te chupa la sangre. La Biblia usa la imagen de la sanguijuela. Te absorberá la alegría, la gratitud y la plenitud.

Vivimos en una cultura que se basa en esto. Está construida sobre, «Más, más, más». Hablamos de estilos de vida: «¿Cuál es tu estilo de vida? ¿Cuál es tu tasa de consumo? Cuánta ropa, cuánto dinero, qué tamaño de la casa». Pero la mayoría de la gente nunca pregunta qué sería  bastante. Vivimos en Villasanguijuela.

Tengo suficiente

Ya que buscamos vivir a la manera de Jesús, cada momento conscientes de la presencia de Dios, y rendirnos a Su voluntad, ¿qué pasaría si hiciéramos algo contracultural? ¿Y si hoy tuviéramos «bastante»? ¿Qué pasaría si este fin de semana fuera un fin de semana «bastante»? ¿Qué pasaría si dijeras: «A partir de hoy, declaro que, ‘tengo suficiente'». No buscaré elevar mi nivel de consumo. No intentaré seguir el ritmo de mis vecinos. Declararé a mis vecinos como los ganadores. Los felicitaré. Donde estoy ahora, este nivel de consumo es bastante. De ahora en adelante, si Dios aumenta mis ingresos, trataré de aumentar mis donaciones y no mis adquisiciones «.

Si nosotros como comunidad eclesiástica declarásemos seriamente «Bastante» y dijéramos: «Vamos a limitar nuestros estilos de vida, tenemos suficiente con lo que tenemos», sería estupendo. Pero este ha de ser un trato entre tú y Dios. No hay otra fórmula. En algún momento, cada verdadero seguidor de Jesús dirá: «Bastante».

7.    Encontrarás una forma alternativa de llevar las cuentas

¿Con qué frecuencia te acercas a alguien y le dices: «¿Cuánto dinero ganas?» No es buena idea ¿verdad?. Le contamos a la gente todo tipo de cosas sobre nosotros mismos; Hablamos de nuestros cuerpos, nuestra salud, problemas personales, problemas matrimoniales, pero casi nunca de nuestros salarios ¿Por qué?

Por supuesto, decimos: «Es personal». Pero ¿por qué es personal? Porque vivimos en una época en que la realidad principal de nuestra cultura es la económica. El dinero no es solo un medio neutral de intercambio. El dinero, en nuestros días, es nuestra principal expresión de valor. Equivocada, y lamentablemente, lo atribuimos a los tipos de trabajo y, por extensión, al valor de las personas que realizan el trabajo, por lo que se convierte en una declaración de valor. Por eso es personal. ¡Es terrible! (y absurdo, si lo piensas bien). Hay que ser muy necio y superficial para catalogar a las personas por su dinero y no por quienes ellas realmente son. 

Si ganas más que yo, es posible que no pienses mucho en mí. Si gano menos que tú, podría sentir la tentación de envidiarte o compararme contigo. Pero en realidad esto se extrapola en cómo nos definimos y sentimos acerca de nosotros mismos. Santiago dice que la iglesia debe ser una cultura alternativa. Cristo propone otra forma de medir a las personas que no es el dinero, sino el amor. El más rico no es quien más tiene, sino el que menos necesita y más da a los demás. Santiago dice: «Mis hermanos [y hermanas], no mostréis favoritismo … ¿No ha elegido Dios a los pobres a los ojos del mundo para que sean ricos en fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman? Pero, has insultado a los pobres «.

8.    Mirarás a tu alrededor

Proverbios 19:17 dice: «El que da a los pobres se lo presta al Señor». Creo que Jesús había pensado mucho en esa declaración de la Biblia cuando dijo: «Lo que sea que hiciste por … me lo hiciste a mí».

Pamela llevó carteles sobre el fin de semana de compasión, que íbamos a tener en la iglesia, a todos los negocios de la zona. Lo hizo durante las últimas semanas, y repartió docenas de ellos (en casi todos los negocios). Cuando les preguntaba: «¿Puedo colocar este cartel?», a pesar de que éramos de una iglesia, decían que sí. Alguien le preguntó: «¿Tengo que ser miembro de tu iglesia para ayudar, o cualquiera puede hacerlo?» ¿Cuál es la respuesta correcta a esa pregunta? ¡Cualquiera puede! La Biblia tiene mucho que decir sobre el corazón de Dios hacia los pobres.

9.    Buscarás consejo sabio

En el mensaje de la Biblia, Proverbios 11:14 dice: «Sin una buena dirección, las personas pierden el rumbo. Mientras más sabios consejos sigas, mayores serán tus posibilidades». La realidad es que es mucho más probable que haga cosas tontas si lo hago todo por mi cuenta. Busca sabiduría financiera. Tengo un muy buen amigo que conoce cada detalle de mi vida financiera, y estoy muy contento. Lo que gasto, lo que doy, lo que gano. La forma en que Nancy y yo hemos manejado nuestro dinero ha sido mucho más honrosa para Dios de lo que hubiera sido si lo hubiéramos hecho de manera aislada. Tienes que conocer a alguien realmente bueno para hacer eso. No te acerques a un extraño y comiences a hablar con ese nivel de detalle, sino busca un consejero especializado.

10. Esperarás tu auditoría final.

En Lucas 12:48, Jesús dijo: «A todos los que se les ha dado mucho, se les exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá mucho más». El consejo financiero más importante que jamás escucharás no sale por televisión ni puedes encontrarlo en los libros. Es este: vas a morir. Digamos todos juntos en voz alta. «Voy a morir.» No es un pensamiento muy alegre, pero si muy útil. No nos llevaremos nada de lo que tenemos. Nada nos pertenece realmente, todo es prestado.

Me he sentado con mucha gente en su lecho de muerte. Nunca he oído a nadie desear haber tenido más dinero. Nunca me he sentado con alguien en su lecho de muerte y le escuché decir: «Estoy tan contento por la cantidad de mi cuenta corriente». En ese momento, lo que importa está realmente claro. Es amar a Dios y estar en paz con los demás. Le pides a Jesús que sea perdonador, sanador y líder, de toda tu vida. Ló único importante cuando ves el final de tu vida es amar a las personas que te rodean y usar todo lo que eres, y todo lo que tienes, para bendecirlos.

No tienes que esperar hasta que estés en tu lecho de muerte para amar más y mejor. Puedes hacerlo ahora.

Autor: John Ottberg. Orador y pastor en Menlo Park, California. Enviado por Víctor Armenteros, responsable de los Departamentos de Educación y Gestión Cristiana de la Vida. Adaptado por Esther Azón. Editora de la Revista Adventista.
Imagen: Photo by Alexander Mils on Unsplash