Espiritual

El cheque arrugado y el farolillo de papel

El cheque arrugado Hace mucho tiempo, en una empresa, una limpiadora tiró a la basura, por accidente, un cheque arrugado…

El cheque arrugado

El cheque arrugado

Hace mucho tiempo, en una empresa, una limpiadora tiró a la basura, por accidente, un cheque arrugado de más de 800.000 euros al que confundió con un trozo de papel inservible. Posteriormente la trituradora de papeles hizo diligentemente su trabajo reduciendo el papel a finísimas tiras.

Cuando a la mañana siguiente el director se percató de lo que la limpiadora había hecho, se disgustó muchísimo. Necesitaba ese cheque. El hecho de que estuviera arrugado, no mermaba ni un ápice su valor. Sin embargo, en lugar de desesperarse, tomó una decisión: recompondría los pedacitos de papel hasta volver a formar el cheque.

El farolillo de papel

Mientras tanto, en la otra punta del mundo, una niña pobre soñaba con hacer un farolillo de papel que se elevara por el cielo nocturno, en la fiesta de aquella noche. Sus padres habían muerto y su hermano se ocupaba de ella. Aquella noche llegó cansado de trabajar y le entregó un bocadillo para que comiera. El corazón de la niña se inundó de alegría al ver el envoltorio: ¡papel! y aunque estaba arrugado y sucio de grasa del bocadillo, la niña corrió a fabricar su propio farolillo. 

Nuestro valor está en Dios

Estas historias me recuerdan lo valiosos que somos para Dios. Somos trozos de papel arrugado por el pecado, pero nuestro valor es el que Dios nos puso al crearnos y te garantizo que es muy superior a ochocientos mil euros. El Señor estampó su firma, la imagen de Su Amor en nosotros, y por sucia y despintada que esté, sigue ahí.

Cuando la humanidad ,en el principio, traicionó al Señor, Satanás se encargó de destruir la imagen de Dios en nosotros, y hacerla pedacitos. Y no fue precisamente un error, lo hizo a propósito para dañar a Dios.

Sin embargo, el Todopoderoso no podía consentir que tu fueses exterminado. Eres demasiado valioso para Él, de modo que elaboró un plan, el Plan de Salvación, que te restaurará completamente, y mientras tanto, pacientemente, está pegando todos tus trocitos rotos, si le permites hacerlo. 

Si Dios es el Bien (con mayúscula),  el Amor, la Felicidad, y la Vida, la consecuencia de la separación del ser humano de Dios es el mal, el odio, el sufrimiento y la muerte, pero Jesús murió en tu lugar para que tu puedas escoger de nuevo a Dios. Por eso, gracias a Jesús, el Espíritu Santo puede recomponer tus pedazos.

La destrucción definitiva no es un castigo, es la consecuencia inevitable de rechazar la Vida, que es Dios. Fuera de Él no hay nada…

Autoestima

Pero la historia del cheque arrugado no solamente debe recordarte tu valor para Dios, también es un buen ejemplo para hablar de autoestima. En demasiadas ocasiones tu mismo te autodestruyes (queriendo o sin querer, a través de perspectivas o decisiones equivocadas) en pedacitos, tan pequeños, que crees que luego nadie podrá recomponer. Tu voz interior te dice que no vales, que no puedes… que eres un inservible trocito de papel arrugado, porque todo lo haces mal. Siempre acabas haciendo lo que no debes. No vales para nada… No escuches esa voz, porque es la del enemigo de Dios.

Tu no puedes recomponerte a ti mismo, es cierto, pero Dios si puede. Él tiene el mejor pegamento del mundo: Su Amor. Y cuando aceptas a Jesús, pones tu voluntad en Sus manos, Le pides perdón y permites que el Espíritu Santo te transforme por dentro, Dios obra el milagro de la restauración.

La próxima vez que el enemigo te señale lo pequeño que eres, señala al cielo y dile lo grande que es tu Dios. Puedes ser papel arrugado, carente de valor, pero ese papel, en las manos de Dios puede convertirse en un farolillo que ilumine la noche de otras personas con la luz de Su Amor. 

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51:10).

Esther Azón. Lic. Teología y comunicadora. Productora TV, guionista y redactora web en HopeMedia. Editora de la Revista Adventista de España. 

Foto: Leon Contreras en Unsplash

 

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