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Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá”. (Mateo 7: 7, 8)

Nos encontramos al inicio del año y ante nosotros un acontecimiento que, por su trascendencia no puede pasar desapercibido: la XX Asamblea General de la UAE. Por este motivo he querido dirigir mi mensaje a todos los que habéis sido escogidos en las iglesias como delegados para el encuentro asambleario.

Como delegado es importante tener: mente abierta, confianza plena y espíritu de unidad. La razón es clara, debemos estar abiertos a todas las posibilidades, porque debemos tener confianza ya que el Señor está a la cabeza. Estas tres cualidades marcarán en cada uno de nosotros la actitud que Dios necesita para que todo salga de acuerdo a sus planes. Por el contrario una mente cerrada, desconfianza y espíritu partidista, es la mayor garantía de que la asamblea sea un rotundo fracaso.

MENTE ABIERTA, CONFIANZA PLENA Y ESPÍRITU DE UNIDAD

¿Por qué estas tres cualidades deben ser los acompañantes de cada delegado de la Asamblea? Hay tres razones:

  1. La gran verdad: Dios dirige la iglesia.

Piensa por un momento en el pueblo de Israel. Antes de empecinarse en pedir un rey como los demás pueblos, ellos tenían una teocracia. ¿En qué consistía? En que Dios era el que dirigía, mandaba, protegía, sustentaba e indicaba cuándo avanzar y cuándo reposar. Israel tenía el mejor sistema que podamos imaginar. Su Rey tenía la ventaja de saberlo todo y de no equivocarse nunca; aportaba lo que su pueblo necesitaba así que nadie tenía ninguna necesidad. Salían y llegaban, planificaban y alcanzaban. ¡Increíblemente fantástico! ¿Puede haber algo mejor? ¡No!, pero el hombre es así, no importa que tenga lo mejor, por razones que todos sabemos, escoge aquello que le dará problemas. Eso fue lo que le ocurrió a Israel, su mala decisión los sumió en problemas y necesidades.

Es bueno preguntarse ¿cuál es el sistema de gobierno que tiene nuestra iglesia? Si piensas que es el presidencialismo te equivocas; nuestro sistema es el teocrático. Todavía seguimos creyendo que Dios es el que dirige, el que quita y pone reyes. Piensa un momento, ¿cuánto tiempo crees que duraría la iglesia si estuviese dirigida por hombres? Consideremos la iglesia adventista en España, hemos pasado por momentos muy difíciles, por situaciones francamente amenazantes para su supervivencia pero aquí estamos. ¿Dónde está el secreto? La respuesta está en Dios. Dios nos acompaña y gracias a su compañía arregla nuestras equivocaciones, nos sostiene en las caídas y nos fortalece en las debilidades. Gracias a eso, y mucho más, seguimos donde estamos. Dios cuida de cada uno de nosotros pero también se ocupa de que su iglesia tenga los líderes adecuados para enfrentar las vicisitudes que traerá el presente y el futuro. ¡Qué bueno es Dios que no nos deja en la incertidumbre sino que siempre provee para nuestras necesidades!

  1. Nuestros límites.

La condición del hombre desde que entró el pecado siempre ha sido igual. Creemos saber, pero nuestros limites nos impiden darnos cuenta de la realidad. El motivo de esto es que nuestro saber depende de muchos filtros, dos de los cuales son nuestros gustos y nuestros deseos. Esto hace que cometamos muchos errores ya que esos filtros son malos consejeros.

La indicación de Jesús es muy oportuna: “Sin mi nada podéis hacer”. Su recomendación es clara, cuando el hombre actúa por sí mismo no llega a ninguna parte. Sin embargo cuando se une a Jesús todo cambia y sus realizaciones son increíbles.

Recordemos, por otra parte, que nosotros no tenemos la capacidad de saber qué es lo mejor ni qué es lo que conviene. Esto, como te puedes imaginar, limita mucho el trabajo de una asamblea porque al no saber qué ocurrirá y cuáles serán los desafíos en los próximos cinco años ¿cómo saber qué personas serán las adecuadas para liderar nuestra iglesia? Y sobre todo ¿cuáles serán las decisiones que hay que tomar para que todo vaya por el camino que Dios marca? Ante esta dificultad creo que lo mejor no es jugar a adivinar, lo más correcto es depender de Aquel que lo sabe todo y nunca se equivoca.

  1. Nuestra solución.

Trabajar con Dios no es difícil porque Dios dirige en la libertad, es decir, respeta nuestra personalidad dándonos el tiempo necesario para que veamos, entendamos y decidamos. Lo único que nos pide es pureza de corazón y limpieza de intenciones, lo demás corre de su cuenta.

¿Cómo dirige Dios una asamblea? Solo sabemos que Dios lo hace, pero el cómo lo hace… es un misterio. Recuerda que Él es capaz de llevarnos por sus caminos sin que nosotros nos demos cuenta. ¡Increíble! Permite que sucedan cosas que nosotros no entendemos pero esas cosas nos dan luz para avanzar por el camino adecuado. Siempre que dependamos de Dios, de una forma u otra, terminaremos cumpliendo sus propósitos. Me gusta esa expresión que se menciona de vez en cuando: “Dios escribe recto con renglones torcidos”. Esta es más o menos la experiencia que venimos viviendo en la iglesia desde su origen.

CONCLUSIÓN

Teniendo en cuenta lo dicho sería bueno resaltar algunos puntos fundamentales que nos ayudarán en nuestro trabajo como delegados.

  • Primero. Tomar conciencia de la necesidad de creer que Dios debe ser el protagonista de la asamblea. Dios puede usar a los delegados para que estos escojan al equipo adecuado que lidere a su iglesia.

  • Segundo. Una invitación a la oración: “Pedid y se os dará”, dijo Jesús. Pidamos, pues, al Señor que nos ayude a no ser obstáculos para sus planes. Debemos confiar en que lo importante, lo que más nos preocupa, lo puede hacer Dios.

  • Tercero. Dar nuestra opinión sobre quién serían los mejores líderes no es malo, creo, que es natural para aquellos que aman la iglesia. Lo que debemos evitar es que la opinión se convierta en política. ¿Cómo se hace esto? Compartir lo que pensamos es correcto, pero hacer que los demás piensen como yo pienso, ya no lo es, a esto se le llama política.

  • Cuarto. La actitud de cada delegado debe ser de confianza. Dios actuará primero en la comisión de nombramientos y después en la Asamblea para que hagan la mejor elección. No se trata de que sean los mejores, o los más inteligentes se trata de que sean los más adecuados, y eso sólo Dios lo sabe.

  • Quinto. Dios busca a personas con las que Él pueda trabajar: docilidad, sencillez, humildad y consagración son las cualidades que Dios necesita en los líderes de su iglesia.

Ojalá que todos, con espíritu confiado, podamos elevar nuestras oraciones desde este momento con el fin de que Dios nos ayude a todos en la administración de la Asamblea. Nada de política, nada de ideas preconcebidas, nada de presiones. Expresemos nuestro sentir y dejemos abiertos nuestra mente y nuestro corazón para que el Señor tenga la última palabra. Quizás nos sorprenda el resultado, pero recuerda, Dios sabe más que nosotros.

Que Dios nos ayude a todos en este momento tan importante. AMÉN

Revista Adventista de España