Menos “Thanksgiving” y más “Acción de Gracias”, o porqué te va a gustar tanto el 15 de diciembre de este año. 

Hace unos años tuvimos la oportunidad de celebrar Thanksgiving en Estados Unidos. Lo de las películas era tal cual: enormes pavos en los frigoríficos de los supermercados, salsas de arándanos, calabazas de todos los colores y formas, purés de patata recién preparados o instantáneos.

Descubrimos que es una fiesta que le cuesta la vida a 46 millones de estas aves de corral; que dispara la cantidad de viajeros a cifras impresionantes; implica una ingesta de unas 4500 calorías (aún tengo indigestión de Tofu Turkey) y que anticipa la locura del Black Friday.

Menos relaciones vs. mayor consumismo

Thanksgiving se ha convertido en el símbolo del exceso y representa a la sociedad del primer mundo que apenas se detiene a pensar que más de 800 millones de personas pasan hambre. Las familias americanas cada vez tienen menos componentes y los pavos son, curiosamente, de mayor tamaño. Una proporción que habla de reducción de relaciones y ampliación de consumismo.

Pero no pasa solo con esa fiesta. La Navidad mira menos al inocente infante de Belén para enfocarse en un obeso Santa Claus, o en un huraño y villano Grinch. Las reuniones familiares están más por los mariscos, espumosos y azúcares que por los diálogos (no hablo de careos entre cuñados) y vínculos existenciales. La Semana Santa tiene más de postureo que de espiritualidad. Para muchos es menos importante el Domingo de Ramos que el domingo que juega Ramos, aunque en ambos se vista de blanco y se carguen cruces. En el mundo judío, Purim tiene menos de Esther que de Carnaval, y las suertes se confunden entre disfraz y disfraz. Aunque de forma más tímida, en el islam, las noches del Ramadán se olvidan del ayuno para vestirse de dátiles, harira, harcha, mlawi y bahrir. Poco a poco, los eventos sociales se prestan más al continente que al contenido.

Nuestros propios días de “Acción de Gracias”

Es tiempo, por tanto, de generar nuestros momentos de encuentro. Hitos que nos permitan, como iglesia, fortalecer nuestras relaciones, profundizar nuestras conversaciones, vivificar nuestras existencias. Así surge la idea de nuestros días de “Acción de Gracias”. No, no hablamos de Thanksgiving sino de “Acción de Gracias” (¿Ziua Recunostintei?); del nuestro, del español (o rumano), del que queremos convertir en un verdadero encuentro espiritual. Serán dos al año y esperamos que se conviertan en fiesta y no solo en festín, en celebración y no solo espectáculo, en vivencia y no solo emoción. Días que anticipen lo cotidiano de la Nueva Tierra.

“Acción de gracias”, este año, será el próximo 15 de diciembre

Hicimos una prueba piloto en junio de este año y, bueno, hay que seguir trabajando en ello. Podemos mejorarlo porque sabemos hacerlo mejor. La próxima fecha será el día 15 de diciembre de este año. Ya me lo imagino: Coros practicando para alabar al Señor entre amenes y aleluyas; jóvenes y adultos entregándose a Cristo porque saben que es el principio de una historia de amor; bebés presentados ante la iglesia con el anhelo de que crezcan en comunidad y cariño; expresiones de gratitud por medio de ofrendas y pactos. Vamos, un momento para encontrarse y celebrar. Y nos hace falta porque el Reino de Dios ya ha llegado y tenemos que vivirlo. Tenemos que anticipar, aunque sea de tanto en tanto, lo que un día será cotidiano. Hemos de practicar los valores y prácticas de lo que se constituye en nuestra esperanza.

La Biblia, llena de gratitud

En la Biblia se registran multitud de referencias a la acción de gracias. Las hallamos en el Levítico, junto al sistema sacrificial y de ofrendas (Lv 7:12-13; 22:29). Siempre como agradecimiento a la generosidad divina. Los salmistas identifican dicho reconocimiento con la alabanza (Sal 69:30; 95:2; 100:1, etc.) En la época de Nehemías, la dedicación del muro se celebró con alabanzas y agradecimientos de la multitud del pueblo (Neh 12:27). Pablo entendía que la salvación de Cristo debiera devenir en la más inmensa gratitud (2 Cor 4:15). Tal hábito, además, compensa las conversaciones indebidas o groseras (Ef 5:4) y nos permite percibir todo lo bueno de lo que nos proporciona el Señor (1 Tim 4:4). Y es que no hay que ser muy perspicaz para percibir la inmensa liberalidad de Dios. Al comprender este hecho, solo hay una respuesta: agradecimiento de todo corazón.

Ya lo ves, nuestra fiesta ya se practicaba muchos siglos antes que el Thanksgiving. No parece tan mala idea retomar esa práctica, ¿no lo crees?

Vamos preparándonos para “Acción de Gracias”

Dicho lo dicho. Te convoco a que te pongas en contacto con el Señor, que reviséis juntos los últimos meses y decidas cómo deseas manifestar tu agradecimiento. Te gusta cantar, canta; recitar poesías, recita; dar testimonio, testifica; hacer un pacto con Jesús, bautizate; ofrendar, ofrenda; cocinar, cocina. Sea lo que sea que hagas, hazlo para glorificar a Dios. Y, preséntate el sábado 15 de diciembre en tu iglesia con el corazón lleno de alegría porque es la clave para que le guste al Señor. Vamos a vivir una fiesta muy superior a Thanksgiving, a Navidad, a Semana Santa o cualquier otra festividad designificada. Vamos a disfrutar de un día donde, corazón con corazón, nos reuniremos como pueblo y, entre sonrisa y sonrisa, sabremos que estamos anticipando lo que será eterno.

Este año, menos Thanksgiving y más Acción de Gracias.

Victor Armenteros. Responsable de los departamentos de Gestión de la Vida Cristiana y Educación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

Foto: Priscilla Du Preez en Unsplash

 

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