Salud

A propósito de la epidemia de coronavirus

“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada”. (Salmos 91 : 9-10)

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“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada”. (Salmos 91 : 9-10)

El pasado jueves 30 de enero 2020 la OMS declaraba en su sede de Ginebra (Suiza) la emergencia internacional por el nuevo coronavirus de Wuhan. A esa fecha había 9.500 casos confirmados y 213 fallecidos en el 19 países del mundo, además de China; cifras estas relativamente bajas, pero en rápido ascenso.

Se trata de la sexta vez en la historia que la OMS declara una emergencia internacional, todas ellas a causa de virus procedentes de animales. Las emergencias internacionales de mayor repercusión han sido la de la gripe A en 2009, la del Zika en 2016 y la del Ébola en 2019.

Una declaración de emergencia sanitaria internacional implica la restricción en el movimiento de personas, el posible cierre de fronteras y la adopción de todo tipo de medidas de prevención, lo que conlleva importantes consecuencias sociales y económicas.

Desde el punto de vista de la salud pública, nos encontramos ante una epidemia, es decir, un aumento inesperado e inusual en el número de nuevos casos nuevos de una enfermedad. Pero más aún, puesto que esos casos se están produciendo en regiones geográficas de varios continentes, se trata de una pandemia, es decir, de una epidemia mundial.

El virus causante de esta epidemia es un coronavirus, llamado así porque en su superficie tiene unas puntas en forma de corona. Técnicamente se identifica a este virus como 2019-nCoV, acróstico de “nuevo coronavirus del 2019”.

Se conocen 39 especies de coronavirus, la mayor parte de los cuales tiene su reservorio natural en animales como los murciélagos, los camellos y las serpientes. Los coronavirus, como todos los virus, tienen la capacidad de penetrar dentro de las células animales y destruirlas. El ARN (ácido ribonucléico) que forma el código genético del virus se recombina con el de la célula, multiplicándose en su interior y causando su destrucción. Los coronavirus atacan principalmente las células de las vías respiratorias.

La hipótesis más probable es que hace unos dos años este coronavirus, que procede de los murciélagos, pasó a las serpientes al ingerir murciélagos. En las serpientes el coronavirus sufrió una mutación, que como casi todas las mutaciones es para mal, y empezó a sintetizar una proteína que le hace especialmente contagioso para los humanos, y entre los humanos. De las serpientes pasó a los humanos, que en el mercado de la ciudad de Wuhan, así como en otras partes de China, se consumen como una exquisitez.

El epicentro de esta epidemia por el nuevo coronavirus es el mercado de marisco y pescado de Wuhan (China), pero el virus no procede del pescado ni del marisco, sino de las serpientes que se venden y consumen en ese mercado.

Algunas reflexiones

Muchas enseñanzas podemos sacar los cristianos de esta epidemia de coronavirus, pero destaco estas tres:

  1. Epidemias modernas: Jesús predijo que en los últimos tiempos habrían epidemias (“pestilencias” o “pestes” dice en Mateo 24: 7). Y es cierto que epidemias ha habido siempre a lo largo de la historia. Sin embargo ahora, en estos tiempos, no debería haberlas; de hecho, no se esperaba que las hubiera. Nunca antes la humanidad ha dispuesto de tantos antibióticos, tantas vacunas, tantos desinfectantes, tanta higiene, como los hay ahora. El valor de la profecía de Jesús reside en que ahora que no cabía esperar que hubiera epidemias, las hay. Esta es una señal de los tiempos, una más que nos confirma que estamos en el tiempo del fin predicho por nuestro Salvador; tiempo de arrepentimiento y de consagración, esperando su pronta venida.
  2. Animales enfermos: Todas las criaturas sufren la maldición del pecado, y están sujetas a enfermedades. “Toda la Creación gime a una… esperando la adopción…” (Romanos 8: 22-23). Pero son los animales los que más sufren de enfermedades, muchas de las cuales se denominan como zoonosis, porque se transmiten a los humanos. La mayor parte de las enfermedades de los animales están causadas o potenciadas por la maldad humana, por la forma de criar y de explotar a esas criaturas; y también, por usar la carne de los animales como alimento, especialmente de animales declarados impuros en la Biblia como las serpientes o los murciélagos. La mensajera del Señor para este último tiempo declara:

“Tenemos todas las evidencias de que la carne de los animales es peligrosa, porque las enfermedades están generalizándose rápidamente; y esto se debe a que la maldición pesa en forma más intensa a consecuencia de los hábitos y crímenes del hombre.” Mensajes selectos tomo 2 p. 328.

Los que usan carne desatienden todas las advertencias que Dios ha dado concerniente a esta cuestión. No tienen evidencia de que andan en sendas seguras. No tienen la menor excusa por comer carne de animales muertos. La maldición de Dios descansa sobre la creación animal.” – Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 458.

  1. Salid de las ciudades: Este es uno de los consejos del Cielo para esta época especial de la historia, previa al fin del tiempo. La propagación de las epidemias y los contagios son mucho más probables en las ciudades, en las que se producen aglomeraciones de personas. La contaminación química y moral también son mucho mayores en las ciudades que en el campo. Como en los días antes del diluvio, los hijos de Dios buscaron refugio en los lugares apartados, fuera de las ciudades, así también nos advirtió Jesús en el capítulo 17 de Lucas que tendría que ocurrir en este último tiempo.

En medio de la angustia de gentes que se está viviendo, invoquemos la promesa para los que buscan refugio en el Señor y siguen sus caminos: “Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada”. (Salmos 91 : 9-10)

Autor: Dr. Jorge D. Pamplona Roger, responsable del departamento de salud de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. Imagen: Wikipedia. Coronavirus vistos al microscopio electrónico. Cada uno mide unos 125 nm de diámetro (1 nm o nanómetro es la millonésima parte de un milímetro), por lo que en un milímetro cabrían 8.000 virus uno al lado del otro. 

Preguntas y respuestas

¿Cómo se transmite el coronavirus?

De animales a personas, por contacto directo o ingestión de la carne del animal. Entre humanos, por vía aérea, transportado por las gotitas de saliva que se emiten al toser o al hablar.

¿Cuáles son los síntomas más importantes de la infección por coronavirus?

Fiebre, tos y dificultad para respirar. En los casos graves, neumonía, insuficiencia respiratoria aguda e insuficiencia renal, pudiendo llevar a la muerte.

¿Existe algún medicamento para combatir este virus?

No se conoce hasta la fecha ningún medicamento capaz de prevenir o de tratar las infecciones por coronavirus. Los antibióticos no resultan efectivos contra el virus, y solamente están indicados para tratar las infecciones bacterianas secundarias. El único tratamiento consiste en medidas de apoyo y en el alivio de los síntomas. Hasta hoy no existe ninguna vacuna.

¿Cómo puede evitarse el contagio?

  • Evitando el contacto con animales, especialmente los declarados impuros en Levítico 11.
  • Evitando las aglomeraciones de gente. Si no es posible, usar una mascarilla facial bien ajustada.
  • Manteniendo una distancia mínima de 1 metro entre personas, para evitar las gotitas de saliva que se expulsan normalmente al hablar o toser.
  • Lavándose las manos con frecuencia, especialmente después de estar en lugares públicos o de tocar personas u objetos potencialmente contaminados.

¿Pueden los animales domésticos transmitir este virus?

Hasta el momento no existe evidencia de que perros, gatos u otras mascotas hayan transmitido este virus a los humanos, pero no resulta imposible. Siempre es recomendable lavar bien las manos con jabón después de tener contacto con los animales, pues también pueden transmitir otros muchos gérmenes como las bacterias Escherichia coli y las salmonelas, o el parásito toxoplasma.

¿Qué otras epidemias han causado los coronavirus en humanos?

– El SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en el 2002, en china, transmitido por la civeta (nombre científico Paradoxurus hermaphroditus, musang en tagalo), un mamífero carnívoro propio del Sudeste asiático.

– El MERS (Middle East Respiratory syndrome) en Oriente Medio en el 2012, causado por un coronavirus procedente de los camellos dromedarios (Camelus dromedarius).

– El resfriado común puede estar causado por ciertos tipos de coronavirus no muy agresivos. Otros virus causantes del resfriado son los rinovirus, los adenovirus y los enterovirus.

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